Wendy O. Williams, autoapodada como “ninfómana marginal y exhibicionista terminal”, fue y es considerada como una de las figuras más destacables del shock rock, etiqueta creada con el objetivo de meter en el mismo saco a aquellos músicos que aprovechaban el ponerse encima de un escenario para sacar su vena más teatral y extrema utilizando la provocación como un elemento más y usualmente recurriendo a maquillaje, máscaras, juegos de luces y fuego o prendas de ropa para llamar más la atención del espectador.

En el rock siempre ha habido una preocupante predominancia de hombres a lo largo de su historia, lo cual se plasma en que el porcentaje de violencia, extravagancia y locura también se centre en la figura masculina. No es ninguna sorpresa que el sexo masculino esté más vinculado a los actos más repugnantes y crueles de la humanidad y, como se ha ido plasmado en esta sección, ha habido hasta ahora una mayoría aplastante de hombres que han violado, asesinado, agredido o hecho cosas imperdonables. No se puede negar que, por naturaleza, el sexo masculino es más impulsivo e incluso menos racional que el femenino.

En este reportaje se ha dicho desde un primer momento que se trataría de abarcar figuras musicales de todo tipo intentando no entrar en valoraciones que no competen sobre qué es más grave o juzgable, aun a sabiendas de que caiga de cajón que un asesinato, agresión, tortura o violación es infinitamente peor que cortarse o golpearse sobre un escenario sin poner en riesgo al resto de personas. En ese caso, la responsabilidad es de la propia persona.

Es imposible poner a una persona de las mencionadas en anteriores entregas de “Rockambolescos” al nivel de Wendy O. Williams, pero es cierto que esta mítica y malograda cantante ha tenido más de un altercado durante su paso por los escenarios. Su actitud se basó en gran medida en alimentar al personaje que ella misma creó, pero en su carrera también se dio cabida a excentricidades y locuras fruto de impulsos y de, quizás, querer sobrepasar algunos límites.

Plasmatics

Plasmatics. De izq. a der.: Richie Stotts (guitarrista), Wendy O. Williams (vocalista), Wes Beech (guitarrista) y Jean Beauvoir (bajista).

Wendy Orlean Williams, nombre de nacimiento, llegó al mundo un 28 de mayo de 1948 en Webster (Nueva York) y fue conocida por ser la frontwoman de Plasmatics, banda con la que grabó casi una decena de trabajos -entre EP’s y LP’s- desde finales de los 70’s hasta 1987, año en el que salió ‘Maggots: The Record’, la última referencia de los Plasmatics que sirvió a su vez como un paso más de su carrera en solitario bajo el nombre de WOW (siglas de su nombre artístico).

Aunque hablamos de épocas diferentes y la cosa ha cambiado mucho, Wendy supuso una revolución para el empoderamiento de la mujer dentro del rock e incluso heavy metal. Su vida fue bastante frenética en los primeros años de su adolescencia y juventud, y la promiscuidad y excesos de los que ella “pecó” solían asociarse al prototipo de macho rockero dominante. La cantante, según varios medios, era frecuentemente arrestada o sancionada por banalidades como practicar el nudismo en un momento donde un cuerpo desnudo era considerado como algo escandaloso para las autoridades (aun pasa, sí, no nos vamos a engañar).

La todavía adolescente Wendy de la década de los 60’s-70’s empezó a buscarse la vida con 16 años, momento en el que se marchó de casa haciendo autostop para empezar vendiendo bikinis de crochet, ejerciendo de socorrista, sirviendo copas, de cocinera de comida macrobiótica o dando clases de vela para ganar algo de dinero. Durante esos momentos, la joven también comenzó también a cometer pequeños delitos relacionados con robos en tiendas.

Wendy O Williams

Wendy O. Williams cortando una guitarra con una motosierra en un directo de Plasmatics.

En esa etapa inicial en la que Wendy era, como la gran mayoría de los adolescentes, un acúmulo de inmadurez, incertidumbre y rebeldía y comenzó a flirtear con drogas psicodélicas como la mescalina o el LSD en un lapso temporal en el que también pasó por Europa para trabajar con una compañía de danza gitana (en su niñez ya había sido bailarina de claqué además de clarinetista). En este continente sufrió varias detenciones por utilizar dinero falso y diversos robos y, tras un tiempo, volvió a Nueva York.

Ya asentada otra vez en Estados Unidos, Wendy se topó con un anuncio de la revista Show Business que encontró tirado en el metro en el que el leyó que el artista experimental Rod Swenson buscaba bailarinas para sus espectáculos. Wendy respondió a dicha oferta y superó un casting bailando y cantando “Foxy Lady” de Jimi Hendrix y consiguiendo la aprobación de Rod, quien acabaría siendo también su pareja durante más de dos décadas y una de las personas que la introdujo en el espectáculo.

Wendy estuvo también durante una época dedicándose a dar shows en vivo de corte sexual y/o sadomasoquista en el papel de dominatrix y también debutó como actriz porno haciendo un cameo en la película de 1979 ‘Candy Goes To Hollywood’, en la cual participó en una escena ni más ni menos que lanzando pelotas de ping-pong por su vagina como si de un concurso de talentos se tratase.

El salto de la actuación a lo casi puramente musical llegó en 1977 con la creación de la banda de punk y metal Plasmatics, de la cual fue vocalista fundadora y ocasional saxofonista. Plasmatics fue un proyecto ideado tanto por Wendy como por Rod Swenson (que también hizo de mánager del grupo) en el que había cabida, además de para la música, para la parte más escénica y teatral de ésta en las presentaciones en vivo, terreno en el cual Wendy explotó todo su genio, talento y crudeza.

Wendy O Williams Plasmatics

Wendy O. Williams disparando una escopeta en un concierto de Plasmatics en el CBGB de Nueva York en 1979. A la derecha, Richie Stotts al bajo. (Foto: Allan Tannenbaum/Getty Images)

La puesta en escena de Plasmatics fue un sello de identidad y una especie de salvoconducto hacia la locura y la provocación. Wendy era la cara visible y principal ejecutante de cosas tan surrealistas como detonar armas de fuego reales (escopetas y pistolas) o motosierras con las que muchas veces destrozaba guitarras u otros instrumentos además de romper televisiones u otros aparatos a martillazos o detonar explosivos bajo una muy dudosa seguridad, sin contar que todo esto solía hacerlo desnuda o parcialmente desnuda y lo coronaba simulando que se masturbaba o que hacía felaciones con diferentes objetos.

Al margen de la excentricidad y contudencia de los músicos de esta banda sobre el escenario, también existía un lado claramente reivindicativo detrás de la polémica que se basaba en la lucha de algo contra lo que se continúa peleando décadas después: el papel de la mujer libre y la libertad de la misma para hacer lo que le de la gana sin tener que tropezarse con comentarios sexistas y machistas. Muchas de las performances y, para qué mentir, locuras de Wendy acababan con arrestos o multas cuando la cosa se iba de madre o cuando tocaba la fibra a algún cuerpo de seguridad y/o grupo fascista (su “Pig Is A Pig” es un ejemplo de composición punk antifascista) o conservador. Está claro que una cosa es luchar y visibilizar y otra muy diferente es pasarse de rosca convirtiendo todo en una violencia, hipersexualización y provocación a veces innecesaria (en esa época probablemente sí que era algo necesario, ya que las mujeres solamente eran consideradas madres, amas de casa y esclavas sumisas del sexo masculino).

Plasmatics estuvo vetada en Reino Unido en 1980 debido a su salvaje puesta en escena, a su actitud e ideario anarquista muchas veces empapado por un nihilismo existencial que generaba un rechazo todavía mayor hacia todo lo establecido. Hasta la discográfica con la que estaban, Capitol Records, se desentendió del grupo en 1982, mismo año en el que Wendy y Lemmy Kilmister de Motörhead (con quien colaboró más de una vez en concierto) lanzaron el EP compartido ‘Stand By Your Man’, editado por el sello inglés independiente Bronze.

Tras varias idas y venidas legales producto de los problemas con los derechos de la banda y su nombre, los músicos continuaron con Wendy en su proyecto en solitario WOW para seguir haciendo música pese a separarse poco después, en 1988, tras la publicación del relativamente rompedor ‘Deffest! And Baddest!’, donde las influencias del rap en su sonido eran claras.

Aunque la provocación y el contenido sexual que Wendy arrojaba a su público era habitual y podría indicar que ella era así siempre, su vida personal no fue tan caótica como parecía en este aspecto. Era una vegetariana implicada también en los derechos de los animales desde aproximadamente los años 60’s, dejó de fumar y beber además de otras drogas y era una mujer que hacía deporte con asiduidad y cuidaba su alimentación. Llegó incluso a apoyar o hacer campañas en contra del azúcar añadido en los alimentos procesados.

A pesar de que a simple vista parecía convincente su supuesta seguridad y estabilidad a nivel sentimental (se mudó con su marido Rob a una casa geodésica en 1991, tras muchos años de la relación), sus problemas mentales empezaron a aflorar en los 90’s hasta el punto de que entró en un enorme estado depresivo que la llevó a intentar suicidarse en 1993 clavándose un cuchillo en el pecho y dañando su esternón y, por segunda vez, tras ingerir una sobredosis de efedrinas en 1997.

Wendy no consiguió acabar con su vida en sus primeros intentos e incluso se arrepintió y pidió ayuda a su marido y compañero vital Rob, pero finalmente logró suicidarse de un disparo en abril de 1998 después de dar un paseo por el bosque en el que estuvo dando de comer a ardillas salvajes. Wendy se tapó con una bolsa la cabeza para que la escena no fuese demasiado violenta y se pegó un tiro. Junto a su cuerpo dejó un testamento y una nota de amor hacia su marido además de una petición de que, en caso de sobrevivir, se le denegase el soporte vital.

En su carta de despedida se podía leer que tomó la decisión de desaparecer después de haberlo reflexionado mucho y apoyó a las personas que optan por esta vía defendiendo incluso el suicidio como “uno de los derechos fundamentales que cualquier persona libre debería tener”. También decía que, para ella, el mundo había dejado de tener sentido y que sus ideas suicidas eran firmes a pesar de que, claramente, necesitaba ayuda y su muerte podría haberse evitado.

De la vida de la talentosa y polémica reina del shock rock y heavy metal se podría reflexionar durante un largo rato, sobre todo en lo que concierne a la salud mental y a esa clara depresión que debería de haberse tenido en cuenta para evitar un final tan desgraciado. Sería injusto quedarse solamente con su lado más loco como suele pasar en estos casos aunque su actitud frenética, chocante y violenta también formó parte de su paso por el mundo.

Wendy tuvo la valentía e ingenio suficiente como para dejar un importantísimo legado tanto a nivel musical dentro del punk, metal e incluso hip-hop como en lo que respecta a lo más personal haciendo de su imagen, directa o indirectamente, la de una mujer empoderada influyente para otras mujeres a las que se les prohibía, censuraba o menospreciaba por llevar ciertas prendas de ropa, cortes de pelo, por enseñar su cuerpo o simplemente por hablar de sexo (participó también en un spot televisivo en 1985 para concienciar sobre las enfermedades de transmisión sexual). Su herencia ha sido incluso citada al hablar de artistas contemporáneas femeninas tan populares como Miley Cyrus o Lady Gaga.

No deberíamos hablar de locura en sí al decir algo de ella, sobre todo en contexto con todas las figuras masculinas y frívolas que han pasado por este reportaje y teniendo en cuenta sus problemas de salud mental, pero decir que utilizar armas, motosierras o explosivos en conciertos no es una imprudencia y algo muy peligroso e inseguro sería mentir y normalizar algo que no es inofensivo, salvo que todo esté estudiado al milímetro por profesionales para asegurar la integridad física de cualquiera.

Jaime Tomé