La leyenda putrefacta del rock, el odio personificado y quizás la figura más vanagloriada dentro del submundo del punk. No hacen falta presentaciones para el legendario y malogrado GG Allin que, casi 30 años después de morir, sigue copando los rankings generalistas que tratan de indagar en la locura dentro de la música contemporánea.

La historia de Kevin Michael Allin (nacido como Jesus Christ Allin -sí, su nombre real era “Jesucristo”-) fue de las más chungas y mitificadas dentro del rock. El estadounidense nacido un 29 de agosto de 1956 en Nuevo Hampshire fue la expresión total del mal gusto, misantropía y anarquismo. GG Allin no conoció el punto medio, y desde mediados-finales de los años ’80 dio muestra de ello en sus obscenas presentaciones en vivo en las que rompió los límites en innumerables ocasiones.

Allin se hizo conocido por cantar desnudo (o semidesnudo), sucio, borracho y drogado, pero su verdadero efecto viral llegó cuando, a mediados de los ’80, empezó a orinar y defecar sobre el escenario o cerca de su público ingiriendo posteriormente sus deposiciones o embadurnándose en ellas, si es que no se le daba por arrojarlas a sus fans, a los que también solía provocar para pelearse sin motivo o directamente los golpeaba sin miramientos ni explicaciones.

GG Allin

GG Allin en uno de sus conciertos. (Foto: Frank Mullen/WireImage)

Todo aquel que hizo acto de presencia en alguno de los conciertos del cantante y su banda sabía que se enfrentaba, como mínimo, a pasar un mal rato observando la forma en la que se golpeaba la cabeza hasta acabar cubierto por su propia sangre, siendo esto algo prácticamente cotidiano y con lo que pocas personas se sorprendían si conocían su modus operandi.

Probablemente muchos de los que iban a sus directos buscaban este tipo de performances, porque grupos mejores que The Murder Junkies -uno de sus tantos proyectos y el más conocido- había a puñados por Estados Unidos en aquella época. Eso sí, ninguno de ellos practicaba el autobautizado como “scum punk” (“punk escoria”).

Entre las peripecias de GG también constaban prácticas sexuales abusivas, masoquistas y torturas, una de las cuales lo llevaría a la cárcel por abusos hacia Ann Arbor, una chica que supuestamente accedió a tener relaciones con él y a la cual sometió a diversas vejaciones que incluyeron cortes y quemaduras. Se habló incluso de que Allin, que por aquel entonces contaba con algo más de 30 años, llegó a beber la sangre de la joven.

Allin fue detenido poco después del transcurso de los hechos, los cuales en un principio negó alegando que la chica se comprometió a tener sexo con él. Pese a la negativa inicial, acabó admitiendo lo sucedido matizando que la víctima también hizo lo mismo con el propio GG Allin y que en las declaraciones de la chica había “inconsistencias notables”, lo cual resultó ser cierto según las propias autoridades, que se refirieron a GG como una persona colaborativa e incluso tranquila.

Después de esto, Allin ingresó en prisión cumpliendo una pena que fue desde el 25 de diciembre de 1989 hasta el 26 de marzo de 1991. En este periodo, forjó todavía más sus principios y escribió ‘The GG Allin Manifesto’, donde se describió a sí mismo como una especie de salvador anarcoindividualista del rock and roll.

Póster del documental ‘The Allins’ (2017). De izq. a der.: Merle Allin (hermano del cantante), Arleta Gunther (madre) y GG Allin. (Foto: Ron Harvey)

La autopromesa de suicidarse sobre los escenarios en 1990 fue abortada debido a su encarcelamiento, pero su estilo de vida kamikaze se reactivó al instante cuando fue puesto en libertad. En su último concierto celebrado en Nueva York el 27 de junio de 1993, al cual llegó drogado y desnudo tras pasear de esa guisa por la ciudad, dejó inconsciente a un fotógrafo, provocó heridas a varios fans al golpearlos con el micrófono, defecó en el suelo, se frotó el cuerpo con su propia mierda (que también acabó en la cara de una mujer) y se realizó varios cortes rompiendo una puerta de cristal contra la que él mismo se precipitó voluntariamente.

Las presentaciones de GG Allin y su banda acababan a menudo con redadas policiales o visitas al hospital debido a fracturas, septicemias u otros incidentes de consideración. Era tal la magnitud y presencia en sus enfermizos espectáculos, que sus compañeros de banda (entre ellos su hermano mayor y bajista Merle Allin y el batería nudista Donald “Dino Sex” Sachs -famoso por meterse sus baquetas por el culo-) pasaban casi desapercibidos ante tal circo. Entre los colaboradores de GG en directo o en estudio, también hubo personas de renombre como Dee Dee Ramone (Ramones) o J Mascis (Dinosaur Jr.), que no tardaron en percatarse que era mejor dejar de lado a semejante figura.

El mismo mes y año en el que Allin dio ese último “gran” espectáculo también se dejó ver por el programa de TV The Jane Whitney Show, dando una entrevista absurda e infame donde insultó a la presentadora y audiencia y volvió a declarar que se suicidaría en vivo y que mataría o incitaría a la autolesión a sus seguidores. En este encuentro también afirmó que se acostó con adolescentes, violó a hombres y mujeres y que llegó a tener relaciones con animales, aunque todo esto se desconoce si fue real ya que nunca hubo pruebas consistentes al respecto.

Su final llegó con una sobredosis de heroína accidental al día siguiente del concierto en Nueva York y no cogió desprevenido a nadie. En su velatorio y probablemente último show de cuerpo presente, sus amigos y familia se mostraron bastante despreocupados yendo de visita como quien baja al bar a pasar el rato con el cuerpo del cantante semidesnudo y todavía lleno de excrementos, restos de alcohol y sangre (su hermano Merle pidió expresamente que no fuese maquillado ni aseado) dentro de un féretro abierto.

GG Allin

Cuerpo sin vida de GG Allin en su propio velatorio.

La última imagen conocida de GG Allin fue la de su cuerpo sin vida rodeado de fotos, periódicos, una botella de whisky Jim Beam, un micrófono y un walkman que reproducía su propio disco ‘The Suicide Sessions’ (1989) a través de unos cascos de diadema colocados en su cabeza. Todas estas imágenes hasta cierto punto cómicas son oficiales y se pueden ver en el documental ‘Hated: GG Allin And The Murder Junkies’ (1993), en el que se narra su vida y últimas horas sin ningún tipo de censura y se mitifica su enajenada y cuestionable aportación a la música.

Como si de una oda a esa canción que reza que “el show debe continuar” se tratase, la tumba de GG Allin tuvo más visitas de las deseadas para la madre del fallecido artista y tuvo que ser retirada debido a frecuentes asaltos y robos en los que las personas que acudían en acto de peregrinaje a su sepultura orinaban, defecaban y/o pintaban algo sobre su lápida. Quizás ese sea el tipo de tributo que él quería teniendo en cuenta su currículum.

Jaime Tomé