La vida del músico Edwin Borsheim fue una montaña rusa de excesos. El californiano nacido en Noruega dejó un sangriento legado lleno de prácticas extremas que incluían automutilaciones y torturas donde el artista se clavaba tornillos, grapas o trozos de madera en su pene y otras partes del cuerpo, tal y como consta en varios de los vídeos y fotografías de Kettle Cadaver, su banda principal hasta su muerte en 2017.

La historia de Edwin Borsheim Gallagher es complicada tanto por lo turbia que resulta como por la poca información que hay alrededor de su figura y actitud casi anacoreta. Este músico nacido en Noruega en enero de 1977 y emigrado a California (EEUU) fue batería de la banda de black metal Pernicious y vocalista de The Hexed y Kettle Cadaver, este último grupo activo hasta su muerte en 2017 y con el que se hizo más o menos conocido en el underground californiano.

Kettle Cadaver fusionaba el horror punk (subgénero muy relacionado también con Eva O, exesposa de Borsheim e integrante de la conocida banda Christian Death) con el black metal sin dejar atrás el heavy metal y el rock and roll más crudo y sucio además de puntuales flirteos con otros estilos.

Con solamente un LP de estudio, tres singles, un par de DVDs y alguna colaboración puntual en discos recopilatorios en su haber, el material de esta formación estrenado casi en su totalidad a través de la discográfica Horror Rock Records, desde donde también se lanzó material de Pernicious, fue escaso a pesar de sus más de 20 años de actividad.

Kettle Cadaver

Kettle Cadaver en uno de sus directos

Los pocos datos que constan en diversas páginas web sobre Edwin son peliagudos y oscuros, tanto que no sería raro que en un futuro no muy lejano este señor se hiciese mundialmente conocido por sus hazañas. Encima de los escenarios era habitual que se autolesionase cortando su propia piel y carne, pusiese coronas de alambre de púas en la cabeza muchas veces fijadas con grapas a su boca de maneras casi imposibles o clavase en su pene tornillos, pedazos de madera o agujas en medio de sus shows. Todo esto sin contar las diversas fracturas de huesos que se citan en algunos comentarios presentes en varias de sus redes sociales y declaraciones de terceros.

Y no todo se quedá aquí, ya que alguno de los asistentes a sus rocambolescos espectáculos también ha afirmado que llegó a despedazar animales muertos mientras cantaba, lanzar la cabeza de una vaca y cristales rotos a su público y que incluso tuvo relaciones con el cadáver de un coyote (esta información no está del todo contrastada), pudiendo ser esta una de las razones por las que uno de sus conciertos solamente duró 26 segundos, tal y como se puede leer en un breve escrito de un tal John L. Cook (supuesto policía de Temecula) en la contraportada del DVD ‘A Taste Of Blood’ de Kettle Cadaver.

Las actitudes de Borsheim podrían deberse, además de al abuso del alcohol y drogas -que empezó a consumir bastante tarde, pocos años antes de morir-, a los antecedentes de enfermedades mentales por parte de Laila, su madre, y también de su padre (maltrataba a Laila y acabó suicidándose) junto a un aparente narcisismo y ganas de sobresalir que se convirtieron en obsesión.

En palabras de algunos de sus fans, amigos y cercanos, se dice que su forma de ser y de expresarse llegó a compararse a la de figuras como la de GG Allin (del que, por cierto, tenía una foto en su retrete en forma de peculiar homenaje) aunque, sin embargo, era una persona que ayudó a explotar el arte de mucha gente de su alrededor que lo recuerda con muy buenas palabras.

Edwin Borsheim

Edwin Borsheim rodeado de armas caseras y otros artilugios

En 2016 salió a la luz un documental llamado ‘Dead Hands Dig Deep’ y dirigido por el joven Jai Love en el que el Borsheim relató su vida en California y habló de sus historias llenas de excesos además de sus divagaciones suicidas (se habla de que frecuentemente también incitaba a sus fans a quitarse la vida).

La grabación del reportaje fue laboriosa debido a que Edwin vivía únicamente acompañado de sus perros guardianes y no disponía de teléfono ni correo electrónico. Inicialmente rechazó participar en la filmación y se mostró violento con el equipo, pero acabó accediendo hasta llegar a tener una relación afectiva a posteriori bastante formal con las personas implicadas.

Un dato curioso y a la vez aterrador en base a la grabación de ‘Dead Hands Dig Deep’ fue que el propio protagonista declaró que tenía intención de matar a todo el personal involucrado en un crimen que bautizaría como “Kettle Cadaver 3”, algo creíble teniendo en cuenta que en su casa contaba con armas caseras, algunas aparentemente fabricadas para torturar, además de imágenes violentas y otros estrambóticos artilugios para realizar prácticas sadomasoquitas y de varios objetos para hacer Backyard Wrestling, una variante extrema de la lucha libre que suele organizarse en entornos de bajo presupuesto dentro de jardines o patios de casas de la que Edwin era seguidor y practicante .

El triste desenlace de este artista que hizo de su existencia una performance propia de una película de terror con ambietación al más puro estilo Mad Max llegó con su suicidio un 20 de junio de 2017. Se desconocen las causas y circunstancias exactas de su decisión, pero se habla de que podría haberse ahorcado en su domicilio.

¿Era Edwin un mero actor y artista de lo grotesco o una persona con serios problemas a la que no se le tendió la mano en su momento? Quizás con el tiempo se arroje más luz al respecto y se descubra o desmienta toda esta historia.

Jaime Tomé