Sexo, drogas y rock and roll siempre han ido de la mano. Desde sus inicios, no era raro encontrar a personas consumiendo drogas de todo tipo en conciertos, bares de música y ambientes similares.

Era bastante fácil de conseguir para muchos músicos que tenían mucha fama y dinero. Muchos de ellos se alejaron a día de hoy de estos malos hábitos, mientras que muchos otros, desgraciadamente, perdieron hasta la vida.

Una de las drogas más dañinas es la heroína. En sus inicios, esta sustancia se comerciaba como medicamento, pues es un opioide con propiedades analgésicas que, por ejemplo, se recetaba como remedio para la tos. Debido a lo fácil que era conseguirla y la gran euforia que provocaba, se acabó convirtiendo en una droga para uso recreativo que causa una gran dependencia. Entre los años setenta y los años ochenta, su uso se disparó muy rápido. Llegando así no sólo a las altas esferas de la sociedad sino también a los rincones más empobrecidos.

Raro es encontrar un grupo medianamente exitoso en los años ochenta o noventa que no tuviese contacto con la heroína, y para la posteridad quedan algunos testimonios verdaderamente escalofriantes de aquellos que tuvieron mejor suerte.

La resurrección de Nikki Sixx

Mötley Crüe es una banda ligada a los excesos. Así lo cuentan sin tapujos en su escandaloso libro autobiográfico ‘Los Trapos Sucios’, donde se incluyen todo tipo de historias sobre este icónico grupo. En la década de los ochenta alcanzaron una gran popularidad debido a sus trabajos, como ‘Shout At The Devil’ (1983) o ‘Girls, Girls, Girls’ (1987). De la mano de este éxito llegaron también la fama, el dinero, las mujeres y las drogas. Estas dos últimas, en exceso. Podrían destacarse muchas historias relacionadas con ello, pero la más chocante la protagoniza el bajista Nikki Sixx.

Exactamente el 23 diciembre 1987, los Mötley volvían a Estados Unidos de un problemático viaje por Japón. Nikki hizo sus planes rápidamente: llamó a su camello para encargar varias drogas, entre ellas heroína y cocaína, y se dirigió a un hotel donde se albergaban los miembros de Guns N’ Roses y también estaban por allí algunos componentes de Megadeth. El susodicho camello trajo algo especial para la ocasión: una heroína persa que tuvo que inyectarle él mismo a Nikki, pues en ese momento estaba ya tan desfasado que no podía hacerlo por sí solo. La sustancia rápidamente explotó en su cuerpo y eso fue la gota que colmó el vaso. Había abusado de la heroína de tal forma que esta sobredosis le causó muerte clínica.

El conductor de la limusina que lo había llevado hasta allí, vio salir por la ventana a un tío que echó a correr al grito de “¡Acabo de matar a Nikki Sixx!”. Montones de fans se intentaban asomar mientras la ambulancia se lo llevaba, tapado con una sábana. Pero afortunadamente para él, se topó con un sanitario que decidió insistir e insistir en salvarle la vida. Que, por cierto, lo reconoció y era fan de la banda. Es entonces cuando, como en aquella escena de Pulp Fiction, éste le clava no una sino dos inyecciones de adenalina directamente en el corazón. Y funcionó, su corazón volvió a latir. Y con las agujas todavía clavadas se despertó Nikki, quien afirma que el rato anterior había salido de su propio cuerpo y como si alguien lo estuviese agarrando.

Tras estar hospitalizado, el propio Sixx se marchó del centro por su propio pie. En el aparcamiento, encontró a un par de chicas llorando desconsoladamente. “¿Qué os pasa?”, les preguntó. Atónitas, las chicas que lloraban su muerte lo llevaron hasta su casa. La noticia corrió rápidamente de boca en boca: Nikki Sixx había muerto. A pesar de toda esta experiencia, parece ser que el susto no había sido suficiente para él, o más bien tenía tal adicción que no razonaba sobre ello. Pues al llegar a su casa hizo dos cosas. La primera, grabar en su contestador el mensaje “Hola, soy Nikki. No estoy en casa porque estoy muerto”. Acto seguido, se dirigió al baño… a meterse heroína de nuevo.

Esta experiencia tan extrema finalmente inspiró la conocida canción “Kickstart My Heart”, perteneciente al álbum ‘Dr. Feelgood’ de 1989. Se convirtió en uno de los himnos de la banda, sin duda. No todos los días te clavan dos inyecciones de adrenalina en el corazón y puedes escribir una canción sobre ello.

El éxito de este libro, aunque probablemente no fuese la intención de éste, hizo que en cierta manera se romantizase el uso de las drogas porque estas historias son contadas desde un punto de vista anecdótico. Si bien es cierto que puede resultar curioso o entretenido leer las locuras de uno de los grupos más grandes de metal ochentero, no es ningún ejemplo a seguir ni mucho menos. Pero no fue hasta muchos años después de todas esas historias que Nikki Sixx decidió frenar y romper con sus adicciones. Tuvo una suerte inimaginable que muchos otros músicos de la época no tuvieron. Actualmente, celebra con orgullo el hecho de llevar ya 19 años completamente sobrio.

Megadeth y la cara oscura del éxito

Megadeth es otra de las grandes bandas cuya carrera estuvo ligada a las drogas, desde el alcohol y marihuana hasta heroína. En la propia autobiografía de Dave Mustaine se habla sobre estas adicciones. En su nuevo libro ‘Rust In Peace: The Inside Story of the Megadeth Masterpiece’, hablan sobre ello desde una perspectiva que incluye a toda la banda, tanto a Dave Mustaine y David Ellefson como a otros ex-miembros.

Remontándose a épocas anteriores de su disco más exitoso, ‘Rust In Peace’ (1990), cuentan cómo la heroína y otras sustancias como la cocaína y el alcohol llegaron a afectar directamente en asuntos de la banda. El batería Gar Samuelson afirmaba que, si uno quería llegar a ser un gran músico, debía consumir heroína. Y así lo acabaron haciendo todos en Megadeth, pues él mismo fue quien introdujo a Mustaine y Ellefson en esta droga. Cuando iban de gira, en cada ciudad Gar salía a buscarla, y esto acababa significando que llegase tarde a los shows. Pero no se acabaron con su salida de la formación los problemas con las drogas ni mucho menos, sino que esto continuó siendo un problema en varios aspectos y durante más tiempo. Tampoco empezaron en esta época, sino que, como a muchas otras bandas de la escena que compartían, las drogas fueron sus aliadas desde el comienzo.

Con la llegada de Nick Menza y Marty Friedman a la banda comenzaba una nueva época. La más brillante de su carrera hasta entonces. Considerando el disco ‘Rust In Peace’ como su ópera magna por muchos y la formación Mustaine-Ellefson-Friedman-Menza como la más gloriosa, lo cierto es que tras esta cortina de éxito y virtuosismo había mucha oscuridad. El propio Ellefson define este álbum como “una obra maestra creada en la oscuridad de la heroína”. Aunque el propio Mustaine aclaró que esa frase parece darle más mérito a la euforia causada por las drogas, que en aquel momento estaban ya fuera de juego. Tras años e intentos fallidos de rehabilitación, llegó un punto en el que no era sostenible compaginar adicciones con la banda.

La solución que acabó siendo el problema

Aunque la heroína sea el problema principal de estos casos, la verdadera causa del problema se encuentra en la facilidad para conseguirla. No sólo de manera ilegal, sino incluso prescrita por médicos, que lleva ocurriendo desde principios del siglo pasado como tratamiento incluso para personas con otras adicciones. Hasta que el remedio fue peor que la enfermedad y causó una adicción mayor. A finales de la década de los noventa se alcanzó un récord bastante preocupante de muertes relacionadas con opiáceos, así como con la heroína directamente.  Hay muchos nombres conocidos en la historia del rock y del metal cuya muerte está relacionada con la heroína: Janis Joplin, Sid Vicious (Sex Pistols), Phil Lynott (Thin Lizzy), Dee Dee Ramone (Ramones), Bon Scott (AC/DC)… y la lista sigue. Quizá, si no fuese por esto, hoy en día se podría seguir disfrutando de sus directos.

También son unos cuantos quienes han coqueteado con esta droga pero corrieron mejor suerte, tal como Ozzy Osbourne (Black Sabbath, Ozzy), Anthony Kiedis (Red Hot Chili Peppers) o Izzy Stradlin (Guns N’ Roses), quien acabó en un coma de 96 horas tras tragarse lo que llevaba encima cuando el grupo entraba en Japón para hacer una gira.

Iria López