El disco homónimo de la banda de death metal de Tampa se publicó el 25 de junio de 1990. Considerado uno de los pilares del estilo, la banda estadounidense exploró en letras satánicas o blasfemas, además de centrar sus canciones en asesinos en serie como Charles Manson y Jim Jones y en películas de terror.

Considerado uno de los discos pilares del death metal a nivel mundial, el disco homónimo de la banda de Tampa, Florida dejó en aquellos años impresionado a más de un fanático del metal. Los hermanos Hoffman a las guitarras, Steve Asheim a la batería y el peculiar frontman Glen Benton al bajo y a las voces, conformaban por aquel entonces un grupo llamado AMON los cuales ya eran señalados como una de las bandas más sucias y oscuras del panorama death americano. La lucha por la corona fue dura. Se disputaban la hegemonía contra bandas como Cannibal Corpse, Obituary o Morbid Angel pero definitivamente la banda de Florida haría una jugada maestra. Cambiaron su antiguo nombre por Deicide por recomendación de la propia casa Roadrunner Records la cual ya había publicado un disco a King Diamond el año anterior y que contenía un tema llamado “Amon Belongs To Them”. Tras las gestiones comerciales Deicide publicarían en Junio de 1990 su obra maestra.

Con la producción de Scott Burns (Death, Cannibal Corpse, Sepultura…) y unas letras totalmente salvajes y ofensivas nació el que es considerado uno de los discos de death metal más vendidos de la historia. En concreto según el sistema Nielsen SoundScan en 2003, Deicide se clasificaron como el  segundo grupo de death con más discos vendidos de la historia. Temas como “Lunatic Of God’s Creation” o “Carnage In The Temple Of De Damned” hablan de Charles Manson y Jim Jones respectivamente, por lo que podemos imaginar que las letras no serán aptas para la iglesia de ningún pueblo.

Una de las cuestiones más controvertidas sobre la grabación de este disco fueron precisamente las voces de Glen, las cuales desde el primer instante impactan por el tono totalmente deformado y atroz que nos recuerda que este disco viene directamente desde las cocinas del infierno. El disco continúa con temas plagados de virtuosismo instrumental y unos cambios de tempo que por aquel entonces parecían imposibles. “Oblivius To Evil” o “Blaspherereion” son dos canciones a destacar pero la que realmente se lleva el gran premio a temazo del disco es sin duda “Dead By Dawn”. Se trata de una orgía instrumental sin límites con un Steve Asheim a la batería soberbio. Himno indiscutible de este estilo musical. Pese a que 30 años después la banda ya no sea lo que fue, su disco homónimo siempre será una auténtica obra maestra del death metal.

Sergio de la Torre