Se fue cantando. Primero se disculpó diciendo que según su contrato, no debe cantar en esta gira como speaker porque un enorme pie a lo Monthy Python bajaría del escenario y le aplastaría pero no se pudo contener y terminó interpretando un fragmento de “Revelations”, una selección del “Piece of Mind” de Iron Maiden cuya melodía vocal se adapta bien a una interpretación a capella.

Pero antes de eso, que fue la guinda, pudimos disfrutar de dos horas y cuarto de un Bruce Dickinson absolutamente desatado sobre el escenario en su papel de monologuista. Aunque inicialmente el planteamiento de estos shows, bautizados como “A Conversation with Bruce Dickinson”, tenían como base la lectura de fragmentos de su libro “What Does This Button Do?”, la realidad es que no hubo nada de eso. Dickinson fue escogiendo diversas anécdotas, respetando un eje cronológico aproximado, para ilustrar diferentes momentos de su infancia, su educación, su desarrollo musical y sus polifacética vida adulta donde compagina ser el vocalista de una de las bandas de heavy metal más influyentes de la historia con ser piloto de aviones, autor de libros y, entre otras muchas cosas, monologuista.

Bruce Dickinson Madrid 2018

Tiembla Berto Romero

Ante unas 600 personas que no terminaron de llenar el Teatro Rialto de la Gran Vía madrileña, Dickinson demostró que como sexagenario tiene la misma energía que como treintañero. Con un lenguaje corporal y una oratoria exquisitas, Bruce Dickinson mantuvo la atención del público de manera continua durante dos horas y cuarto de espectáculo – interrumpido por un breve receso de quince minutos. El aplauso fue general a su salida al escenario, cuando Bruce le explicó al público lo que sería el desarrollo aproximado del evento.

El tono fue jocoso desde el principio. “Vamos a tener una conversación y espero que tengáis preguntas para mí” dijo. “No hace falta que os las aguantéis. Me las escribís en unas tarjetas, las pongo en orden en el camerino y os cuento. Siempre hay al menos seis personas entre el público que me piden que tenga hijos con ellos y cosas raras por el estilo. Otros me piden que tenga hijos con sus mascotas y mierda rara por el estilo. Pero por ahora empecemos esto: ¿quién soy yo? ¿Quién pensáis que soy yo?”.

Una foto de Dickinson de adolescente apareció en la pantalla del escenario y, con eso, el vocalista intentó comenzar a hablar, ante las risas del público. Dickinson avistó a alguien en el público y le espetó “ah, tú eres el cabronazo que querías que me follase a su oveja. Bueno, pues no me voy a follar a tu oveja, me voy a follar a SU oveja”. Carcajadas generalizadas. Huelga decir que, por debajo de un nivel First Certificate de inglés, aquello era complicado de seguir. Probablemente es uno de los motivos por los cuales el teatro no se terminó de llenar. Y, por suerte, nadie planteó que hubiese traducción porque una traducción habría roto por completo la fluidez del monólogo.

Pasando por Iron Maiden de puntillas

Una vez Dickinson pasó durante media hora por su infancia y la influencia que tuvieron sus estrictos educadores en su futuro, Dickinson pasó a hablar de sus inicios en la música, repasando su primera banda de instituto, el descubrimiento de la marihuana y su entrada en Samson. “Cometimos todos los errores que se pueden cometer en el negocio de la música en el espacio de dieciocho meses”, dijo entre risas. Tuvo palabras graciosas para hablar de Thunderstick, el misterioso batería de la banda, que nunca emitía ninguna palabra en público, y sobre las primeras giras de la banda y la siempre divertida opción de drogar a tu tour manager budista para que llegue antes a los sitios con la furgoneta.

A la que apareció la primera foto de Iron Maiden en pantalla, en su formación de “The Number of the Beast”, el público estalló en aplausos y gritos. Era evidente que esa audiencia no estaba conformada por empresarios ni por emprendedores, sino por fans de Iron Maiden – aunque un pequeño grupo de pilotos de aviación seguidores del vocalista se hizo notar entre el público cuando llegó el turno de hacer preguntas a Dickinson.

Iron Maiden

Dickinson no entró en ningún detalle desconocido sobre su paso por Iron Maiden. Se limitó a hablar de historias largamente conocidas como la de su herida en la cabeza durante el show en Rock in Rio y cómo el manager Rod Smallwood le sugirió que se apretase la herida porque la sangre “quedaba bien ante las cámaras de televisión”. Claro, todo ello aderezado con un sentido del auto desprecio y la teatralidad a la hora de explicarlo que hasta la historia más manida era divertida si venía de la boca de quien la vivió.

También aseguró no arrepentirse ni lo más mínimo de haberse ido de la banda en 1993 porque, de no haberlo hecho y de no haberse lanzado al vacío, jamás habría podido volver a la banda con nuevos conocimientos, con una licencia de piloto y con un montón de energía. “Mucha gente no lo entendió, pero hay ocasiones en la vida en las que debes jugártela. A veces tienes que salir de algo muy exitoso para experimentar de nuevo la vida real”, explicó. Una cita de Henry Miller terminó de lanzarle al vacío: “Todo crecimiento comienza con un salto no premeditado en la oscuridad sin tener ni idea de dónde vas a aterrizar”.

De todo un poco

Dickinson dedicó un tramo del monólogo a su pobre elección de pantalones y ropa de escenario a lo largo de los años, escogiendo cuatro fotos de momentos destacados como la gira de “Somewhere in Time” (“le dije a una modista que imaginase como si estuviesemos en el espacio exterior y unos aliens se convirtiesen en lagartos y tuviésemos que matarlos y quitarles la piel y hacer un traje con esa piel”, explicó entre risas), “The Book of Souls”, “Tattoed Millionaire” y “Fear of the Dark”. Explicó que en la foto de promoción de “Tattoed Millionaire”, EMI Music se gastó diez mil dólares en construir una pared de lavabo ficticia para hacer una sesión de fotos con Dickinson (“quizá por esas cosas fueron a la quiebra!”, espetó).

También explicó anécdotas sobre conocer a la Reina de Inglaterra gracias a Andy Taylor, administrador financiero de Iron Maiden y sobre su opinión de esta (“Todas esas décadas de conocimiento acumulado a la hora de tratar con gente de competencia dispar, como los políticos, tiene que servir para algo”, explicó, antes de explicar una graciosa anécdota entre un ex líder del grupo terrorista irlandés del IRA y la Reina en un programa televisivo).

También tuvo un recuerdo a todo el proceso de curación de su cáncer de garganta y de cómo lo vivió – dejándose un bigote tan horrible que tenía como finalidad asustar al cáncer y que se fuese de su cuerpo, en sus propias palabras. Su relato, inspirador, fue enfocado desde el cachondeo y pasó así de manera divertida por el que fue uno de sus momentos más duros en la vida.

Las preguntas más variadas

La segunda parte del evento fue la que Dickinson dedicó a responder las preguntas del público, que había sido recogidas en tarjetas durante el receso. “Le darías tu semen a alguien que quiere tu hijo?” fue la primera pregunta que escogió el músico, entre risas del público. A partir de ahí, Dickinson fue escogiendo algunas que iban desde el absurdo (“has visitado las Islas Canarias?”, preguntó alguien llamado David “sí que he estado, de hecho solía volar a las islas Canarias, aunque no a Tenerife Norte porque había un desvío” elaboró) hasta preguntas sobre aviones donde el vocalista se explayó un buen rato (“¿cual es la principal diferencia entre el Boeing 757 y el 747 para ti?”).

Bruce Dickinson

Su dieta personal también tuvo lugar entre las preguntas (reveló desayunar siempre gachas de avena y cenar siempre lo mismo después de los conciertos, con un montón de huevo hervido, broccoli, zanahorias y otras cosas muy aburridas, todas cocinadas al vapor – “de ese modo tengo siempre el mismo regimen, con mis vegetales, mis carbohidratos y mi proteína”). Dickinson también explicó que su principal manera de cuidarse es dormir mucho (“suelo pillar la cama a las tres de la mañana o las cuatro e intento dormir del tirón hasta mediodía”) y que suele poner cinta aislante a las cortinas de las habitaciones de hotel para que no le entre un montón de luz natural cuando necesita descansar, algo que comparten muchos otros músicos.

Tuvo tiempo para hablar de su experiencia tocando en Sarajevo en plena guerra y para hablar de su entrevista delirante a Ted Nugent cuando era el locutor de un programa de radio en la BBC. Tuvo palabras también sobre Ronnie James Dio, con quien reveló que había planteado hacer un disco, siendo Rob Halford el tercer vocalista del proyecto, “aunque finalmente nunca pudo ser”.

“Ronnie fumaba un montón de porros. No sé cómo cantaba, porque yo no fumo porros desde que estuve en Samson hace cuarenta años. Ronnie fumaba un montón y siempre había mucho hachís en el backstage. Fui a uno de sus shows en Holanda y tenía mucha hambre, así que cogí un trozo de pastel en el backstage”, explicó entre risas del público. “Nadie me había dicho nada, así que me comí el trozo y como me dio tanta hambre, me acabé comiendo media tarta ‘espacial’.

“No sabía que se podía alucinar con el cannabis, pero se puede”, dijo entre risas. “La gente se convirtió en una patata y sus dedos se convirtieron en zanahorias y me acosaban y yo huía…así que gracias Ronnie”. Y tras interpretar ese fragmento de “Revelations” que mencionaba al principio, Dickinson se fue del escenario corriendo mientras el público estallaba en aplausos. Qué gran artista.

Sergi Ramos