Hay entrevistas que son una montaña rusa. Otras son aburridos ejercicios de autopromoción. Y otras te adentran en los secretos del negocio de la música con inusitada facilidad.

A menudo, el interlocutor quiere hablar porque no tiene nada que perder. Aquellos como Sherpa, que bordean los setenta años y ya están de vuelta de todo, se vacían y se quedan a gusto sin importarles perder seguidores o despertar enemistades. Ya les da igual. Y en el caso de nuestro protagonista, el notorio Carlos Vázquez Moreno, más conocido como “Tibu”, después de salir de pasar cuatro años en la cárcel no le queda mucho que perder. En su momento fue tremendamente poderoso: fue manager de Mägo de Oz en la cumbre de su carrera así como de El Canto del Loco (uno de sus mayores éxitos y, al final, la horma de su zapato), José Mercé, Hombres G y muchos más.

También se ocupó de Las Ketchup en plena fiebre por el “Aserejé”. Hasta que un buen día, una querella por apropiación indebida lanzada por El Canto del Loco hizo saltar todo por los aires. La acusación de robo, que le llevó a pasar 50 meses en la prisión de Soto del Real, le supuso un estigma. Pero “Tibu” guardaba muchos secretos y la mayoría de ellos en el despacho de un notario. Las suciedades de sus artistas, la basura que tenía que sacar por ellos, quedan reflejadas en un libro que no deja indiferente y que terminó siendo editado no sin polémica.

“Memorias de un manager”, editado por Malpaso Editorial, supone un revelador relato de los entresijos de la industria musical en España a manos de una persona que tan pronto ha sido el bajista de los heavies Banzai como que ha negociado con alcaldes puteros en la España rural los cachés de artistas de renombre mayúsculo en nuestro país. Sergi Ramos escucha el relato de un tipo con mucha cera que repartir al que la cárcel no ha ablandado en absoluto. Más bien al contrario.

Tú empezaste en el heavy metal con Banzai. ¿Te imaginabas que un día acabarías representando a Las Ketchup o José Mercé? ¿Qué le diría el Tibu de hoy en día al Tibu de Banzai?

Que le eche un par de huevos. El Tibu de hoy en día no difiere mucho del Tibu de Banzai. Sigue siendo fan de la música, no exclusivamente del heavy metal. La música es música, sea jazz, heavy, o clásica. Todo es válido. El heavy, más allá de la doctrina -que conozco bien y me parece muy bien- no deja de ser música y se interpreta de una determinada manera. Como el blues, el pop o el reggaeton, al cual no le tengo el mínimo respeto, pero bueno. Cuando hay más de dos notas musicales juntas, es música. Soy la misma persona, con la misma ilusión. Banzai, para mí, fue una causalidad como lo fue ser manager. Lo importante, creo, es la ilusión, la pasión y creer en ti mismo.

¿Qué grandes cambios ves en la industria del rock en España desde aquellos ochenta un poco más casposos -especialmente dentro del heavy- a lo que te encontraste 25 o 30 años después como manager de otros grupos? ¿Crees que sigue habiendo caspa o hemos superado esa parte?

De alguna manera, la actitud de los heavies ha sido siempre bastante direccionada por ellos mismos al rollo underground casposillo. Siento, y lo digo con toda la sinceridad del mundo, que determinados prescriptores de opinión del heavy han adoctrinado y han hecho mucho daño al heavy metal. Especialmente esa actitud de que lo que no es heavy es mierda. Te hablo de locutores de radio muy famosos. Que si llevas el pelo más corto que Angus Young eres un moñas. Que si no te tiras pedos, eres un moñas. Que si te duchas más de lo normal, eres otro moñas. Ese adoctrinamiento se lo deberían aplicar ellos mismos. No comulgan con lo que predican.

Los mismos que hicieron ese adoctrinamiento, muchas veces, siguen siendo quienes intentan dignificar la  imagen del heavy como expresión contracultural.

Pero es un poco demasiado tarde. Yo los conozco muy bien a todos, por suerte o por desgracia. Con Banzai y con otras formaciones en las que toqué el bajo tuve que pasar por el aro del ‘¿qué pasa colega?. Quizá a Banzai no nos encasillaron tanto en el rollo del coleguita y el petita porque jugamos en las ligas del heavy más americano y festivo. No éramos tan de estar en las catacumbas, de quejarnos y de darnos golpes en el pecho diciendo que nadie nos entiende. Eso me parece una gilipollez. 

Esos grandes popes que se definen como prescriptores de opinión del heavy han hecho mucho daño -no a la música, sino a la percepción de la misma. Esa gente censuraba. Lo que no es heavy, no mola. Ahora se dan cuenta de que se les suman los años, les apetece vivir bien y que les mola tener una casa y un coche cojonudo. Todo eso que han predicado se les ha vuelto en contra. 

Debemos analizar que el programa de rock más importante que se hace ahora mismo se hace en una emisora que es de la iglesia. Si tan auténtico eres, tronco, móntate una emisora independiente. Tú y los que colaboran contigo. Seguís con vuestro rollo pero sin recibir un sueldo de la iglesia todos los meses. No me parece fuerte que reciban un sueldo, me parece fuerte que lo critiquen. 

“Siento que determinados prescriptores de opinión del heavy español han adoctrinado y han hecho mucho daño al heavy metal”

¿Qué caracteriza a un buen manager? Leyendo tu libro, me queda bastante claro que un buen manager es aquel que está dispuesto a ser quien saca la basura al contenedor para que su artista no se tenga que manchar. 

Yo creo que esa es una de las funciones. Tu tapas la basura, la echas en el contenedor y que nadie se entere. Y si alguien se entera, atribuyes la culpa a tí mismo. El manager debe guardar el secreto de confesión. Si quieres ser un buen manager esa es una de las primeras cosas que tienes que tener claras.

En mi caso, soy un manager muy atípico porque primero soy músico y luego mánager. Eso me hace valorar el trabajo del artista desde una óptica que no es únicamente la del negocio. Claro que ese es el objetivo final. Si no haces de tu artista un buen negocio, eres un manager de mierda. Tienes que rentabilizar y monetizar al máximo las cosas, de acuerdo con el artista. Si elaboras un plan y estrategia, lo que tienes que hacer es cumplirlo. 

Yo he sido militar en mi época y de ahí aprendí que lo importante es el objetivo. Que lo demás se llamaban ‘daños colaterales’. Tienes que trabajar para tu artista, ponerte una venda en los ojos y que el artista salga adelante. Tienes que dar codazos, tienes que saber decir que no a muchas cosas y decir que sí a otras pactando determinadas cuestiones. 

Por ejemplo, no está mal sonar en cadenas como 40 Principales. Grandes grupos del heavy español como Obús, Banzai o Barón Rojo han sonado mucho en esas cadenas, cuando se pusieron de moda o hicieron canciones lo suficientemente comerciales como para sonar en esas emisoras. Todo se pacta y se negocia. Si una cadena quiere que a cambio de hacerte un número ellos te exigen un show gratis en un concierto que monta la radio en Valencia pues lo pactas y lo negocias. Forma parte de las reglas del juego.

Hay un factor importantísimo, que se ha perdido un poco, que es el trabajo no siempre amistoso entre el manager y la discográfica. Hoy en día las discográficas han dejado de tener el sentido que tenían, porque Spotify y Youtube los ha barrido. Su soporte ha dejado de tener el sentido que tuvo. La promoción también ha dejado de funcionar con el sota, caballo y rey que usábamos antes. Tu presentabas tu disco a una emisora y si te decía que no, te ibas a la siguiente en importancia. Luego te currabas las televisiones, la prensa, etc… Ahora la prensa es digital, la radio no la escuchan los jóvenes porque escuchan podcasts, etc… Y las televisiones no tienen programas musicales, salvo los concursitos que están muy manipulados por lo que queda de las discográficas, que no quieren bajarse del carro. Pero es un carro que ya no tiene asientos y va a lo loco en la manera en que está conceptuado.

En tu experiencia como artista y mánager ¿es el heavy metal un buen negocio en España? Si bien es cierto que gente como Las Ketchup puede hacer mucho dinero en poco tiempo, el heavy metal goza de una continuidad muy sostenida en el tiempo. ¿Qué pesa más a la larga?

En cualquier estilo de música, si te planteas las cosas a largo plazo y a lo grande, y si tu artista tiene capacidad y canciones para hacerse popular…entonces es un buen negocio. Uno de mis mejores negocios en mi historia como manager fue Mago de Oz. Ellos transgredieron lo que es el nicho de los heavies y se hicieron populares. Fue un negocio brutal. Llenábamos la plaza de toros de Las Ventas, llenábamos estadios en México, Sudamérica se rindió a sus pies, vendimos una imagen, vendimos muchas camisetas…y detrás de todo ello había un martillo pilón, que era yo y ellos que hacían unas canciones terriblemente comerciales. 

En España tenemos la manía de tachar lo comercial como algo malo. Lo comercial es bueno. ¿Quién me puede decir que ‘Honky Tonk Women’ de los Stones no es comercial? Pues claro que es comercial. 

Los Suaves ¿fueron un buen negocio? Sí, a su manera. Especialmente si pensamos que llenaban treinta años en la carretera y seguíamos  llenando La Riviera. Cada artista tiene su momento y un manager tampoco se debe volver loco. Nunca habría planteado una plaza de toros de Las Ventas con ellos, porque no la habrían llenado y habría sido una hostia, pero La Riviera es exactamente igual de digna que Las Ventas, especialmente si llevas tantos años. Medina Azahara también fue un maravilloso negocio. Todo, si lo haces con cabeza, es un buen negocio. 

El tema de la autenticidad es un prejuicio. Defíneme la autenticidad. Si me dices que Rob Halford es muy auténtico, genial. Pero su grupo ¿no era acaso comercial? Iron Maiden ¿no son comerciales? Los que más. Y son muy heavies. ¿Y son buenos? Buenísimos. ¿Cuál es el problema?

“Uno de mis mejores negocios en mi historia como manager fue Mago de Oz. Ellos transgredieron lo que es el nicho de los heavies y se hicieron populares”

¿Qué banda ha sido la más complicada de gestionar para ti en cuanto a heavy metal?

Sin duda, Mägo de Oz. 

¿Por qué motivo?

Porque Mägo de Oz constaban de un jefe, que se llama Txus, y los demás eran la voz de su amo. Txus fue, para mí, absolutamente insoportable. Insoportable por los caprichos. Insoportable porque no era un músico. Para mí un músico debe tocar. Txus no era un batería y, lo que es peor, se jactaba de no serlo. Como músico no le puedo tener el más mínimo de los respetos. Como creador de una empresa muy popular que a mí me daba beneficios y que se llamaba Mägo de Oz, por supuesto. Y ese era su mérito. Pero era muy complicado de llevar a alguien con tanto ego y seis o siete sirvientes obedientes que formaban parte del grupo sin cuestionar lo que diga Txus. 

¿Hasta qué punto las polémicas constantes de Txus y Mägo de Oz beneficiaban o empeoraban la imagen de la banda?

Yo creo que la beneficiaban. El problema es que daban mucho por saco. Txus lo que quería es ser número 1 en Los 40 Principales y salir en el “Sálvame”. Eso era su máxima aspiración en la vida. Que le llamasen para ir a “Sálvame” y a “Pasapalabra”, que ya fue. Quería ser un personaje al que le hicieran fotos para el “Hola” y el “Diez Minutos”. Tuvo a su favor que las canciones fueron mucho más poderosas que él y que la bandas y su estética fueron mucho más poderosas que él. Por eso, la suerte de chorradas que se le ocurrían no fueron a mayores. Otro tema era la gente que trabajábamos con ellos, que aguantábamos cosas delirantes. 

Txus es una persona que se preocupa mucho más de la cláusula del catering en los camerinos que de la cláusula del equipo de sonido. A partir de ahí ya me contarás. Y de eso el público no se entera, porque yo me ocupo de que no se entere. 

Hace años se rumoreaba que Mägo de Oz tenía a sueldo a algún periodista especializado español. ¿Qué hay de cierto en ello?

No, no que yo tenga constancia. Como te diría yo…que en algún momento se enviase un jamón a un prescriptor de opinión de radio o prensa y no se opusiese y lo aceptase…pues bueno. O hacías un concierto gratis para una determinada emisora de radio. Pero sueldos no hubo. No les hacía falta. Sobrepasaron la necesidad de tener que hacer eso. 

Mägo de Oz es una banda que ha estado muy arriba pero de la que siempre se ha rumoreado que no han estado en una gran posición económica. A veces podían irse a Latinoamérica con unas cifras muy considerables y volver de allí sin nada. ¿Qué hay de cierto en ello? 

En los caprichos se va la pasta. Determinados caprichos son muy caros. Determinados hoteles son muy caros. Y si quieres llevar un barco encima de un escenario…es carísimo. Las cuentas no salen. Te puedes imaginar lo que cuesta enviar un barco para tu escenario en México. Y no es necesario.

Cuando un grupo tiene tantos hits y tantos seguidores no necesita confetti. Tengo claro que hay que llevar un montaje y ofrecer un espectáculo cojonudo, especialmente si te llamas Mägo de Oz y tienes una imagen. Pero si tus caprichos significan que vuelvas de una gira de la hostia en América y los números estén en rojo…pues quizá hay muchos vicios que hay que pagar por el camino. Ojo, que no lo critico. Estamos hablando de rock. Y luego caprichos como hoteles de cinco estrellas, cenas de la hostia y viajes en primera clase. Los números no engañan. Cuando haces las cuentas o salen o no salen. No hay más secreto.

Cuando los cogiste, los metiste en Warner y los sacaste de Locomotive. ¿Como convenciste a Warner de fichar a Mägo de Oz? Más allá de la dimensión de sus ventas, vaya.

A Warner les convencí porque… hicimos un show con Mägo de Oz en el Arena Monterrey de México, donde caben 20.000 personas. Estaba petado. Había más gente en la calle que dentro. Me llevé al que entonces era presidente de Warner Latino, que creo que lo sigue siendo. Iñigo Zabala. Me lo llevé allí, vio la movida que había con Mägo de Oz y las posibilidades que ya estábamos explotando sin tener una multinacional detrás. 

Con Locomotive las cosas llegaban a donde llegaban. Había un problema de distribución, de promoción, etc. En una multinacional esos problemas no están. Por otro lado había un cariño que Goyo de Locomotive les dio que ellos no supieron apreciar. Pero bueno, lo de la ingratitud merecería un capítulo muy extenso.

Warner vio las posibilidades que tenía con Mägo de Oz. Los presidentes de las multinacionales  no entran en si el artista es polémico o caprichoso. Ven números y ven potencial. De comerse el marrón ya se encargarían las secretarias y los asistentes de la compañía, que tiene delegación en todos los países. La banda se quedó en Warner porque eran los mejores postores, pero quería entrar Sony, quería entrar Universal…querían entrar todas con Mägo de Oz. Warner fueron los que mejores condiciones de salida ofrecían a Goyo y Locomotive. Locomotive era una empresa familiar, te guste o no el personaje de Goyo. Era un tío con hijos y yo no quería hacer un roto. El contrato con Locomotive era un contrato bastante salvable pero no es cuestión de dejar cadáveres: Goyo fue quien apostó por ellos en su momento y no había que matarle. Además, quedaban dos discos en su contrato. Busqué unas condiciones que no fuesen malas para Goyo y se hizo un traspaso, como en el fútbol.

“En los caprichos se va la pasta. Determinados caprichos son muy caros. Determinados hoteles son muy caros. Y si quieres llevar un barco encima de un escenario…es carísimo. Las cuentas no salen. Te puedes imaginar lo que cuesta enviar un barco para tu escenario en México. Y no es necesario”

¿Por qué dejaron de trabajar contigo Mägo de Oz?

Dejaron de trabajar porque yo no iba casi nunca a sus conciertos.Ellos querían a su manager constantemente y para mí era bastante insoportable el ritmo de caprichos y de cosas sin sentido que había en la banda. En mi oficina estaban artistas como El Canto del Loco, Jose Mercé o Hombres G que no tenían tantos caprichos ni daban tanta polémica ni daban tanto la lata como la daba Txus. Yo disfrutaba muchísimo más estando con otros artistas que eran igual o más rentables, como El Canto del Loco, y donde era todo mucho más sensato. 

Mägo De Oz

En el libro definías a Los Suaves como una de las mayores estafas de la música, detallando que Yosi percibía una pensión y eso le obliga a recibir los pagos de otra manera para que no se le retire dicha pensión. Más allá de eso ¿por qué les consideras una estafa? ¿Qué opinión te merecen musicalmente?

Yo vengo de una escuela del heavy donde los cantantes tienen que cantar. A mí me gusta Dickinson, me gusta Gillan y hasta Ozzy Osbourne. Pero ver a un tio de estos cantando como canta Yosi, con cero conocimiento de música y sin preocupación por tener ese conocimiento… lo veo muy paleto. Yosi es terriblemente criticable. Sé que el personaje es lo que vende pero desde el punto de vista musical me parece una gran estafa. Además, era un madero. ¿De qué estamos hablando? El sexo, drogas y rock and roll es eso…no sexo, drogas, rock and roll y policía (risas).

Es algo que Yosi siempre ha buscado ocultar o tener en un tercer plano. ¿Es algo en lo que te insistió especialmente cuando empezaste a trabajar con él?

Si, si. Siempre. Y sobretodo a nivel administrativo. Eso era un problema para él. Imagino que hoy en día ya estará jubilado pero en su momento era el cantante de Los Suaves con una pensión por un trastorno X, de tipo médico. Imagínate el escándalo y la repercusión legal que habría tenido eso. 

Hablabas del personaje de Yosi… ¿existe diferencia entre Yosi personaje y Yosi persona?

No, ninguna. Es algo digno de elogiar, porque por un lado dices ‘que auténtico es éste tío’ y por el otro lado te aseguro que es tremendo. La barrera que separa la sensatez de la locura, en el caso de Yosi, se traspasa continuamente. 

Los Suaves no era una banda que me prodigase visitando en los shows. Sí que me gustaba ver a Alberto Cereijo tocando. Me parece un grandísimo maestro. Pero Yosi, la verdad, es que no.

El merchandise, como dices en tu libro, es uno de los aspectos más importantes del valor comercial de una banda y grupos como Mägo de Oz o Los Suaves venden mucho. ¿Crees que en España se ha infravalorado el valor de marca comercial que tiene un grupo musical? ¿Tuviste que hacer una labor didáctica en ese sentido o los artistas ya te venían muy conscientes de su potencial en cuanto a merchandising?

A ver… hay artistas que son terriblemente famosos y no venden una puñetera camiseta. Otros no lo son tanto y se hinchan de vender. Hay una mitomanía muy distinta según el estilo de música y el tipo de público. El logo del gato de Los Suaves es muy famoso y, si algo tienen los rockeros, es que son muy mitómanos. Pero no siempre se traduce en otras cosas. El último disco de estudio de Los Suaves, “Adiós, Adiós”, es un disco que produje y pagué yo y a día de hoy debe llevar vendidas 8.000 copias. Es decir, no se correspondía con el seguimiento de la banda. 

Los Suaves Yosi Barcelona

Los Suaves (Foto: Sergi Ramos)

En el caso de Mägo de Oz, la bruja la vendimos hasta la saciedad. Hoy venderán poquitos discos pero me consta que siguen vendiendo muchísimo merchandise. Y mira…Hombres G, siendo mucho más famosos que éstas dos bandas nunca llegamos casi a vender camisetas. Y con José Mercé ni te cuento. O con Las Ketchup. Hay un tipo de público que sí que va muy parejo a la mitomanía y le encanta llevar esas camisetas. Pero en el pop no sucede.

Dentro de la gran mentira del rock and roll se sigue usando el posicionamiento en las listas como un argumento de venta de cara a los promotores de conciertos o los ayuntamientos. Pero hoy en día se consigue el número vendiendo 700 copias en una semana. ¿Crees que hoy en día tiene sentido seguir hablando de listas de ventas?

No. Las listas de ventas han pasado a ser algo así como los Top de Spotify, que además, están totalmente manipulados por Spotify así que no tiene mucho sentido lo de las listas. El sentido te lo da la propia industria discográfica. Cuando yo empecé en esto en los años 70 con Las Supremas de Móstoles, ser disco de oro implicaba vender 100.000 copias. Luego fueron 50.000. Hoy en día creo que son 15.000 copias. Antes, para un artista, vender 15.000 copias era un terrible fracaso y significaba que ya no te iban a publicar el siguiente trabajo. Hoy en día significa ser disco de oro. Esa es la comparativa que te responde a tu pregunta. 

El negocio está en los shows. Y en el merchandise. Los discos ya no tienen la relevancia de antes. Te lo escuchas en internet, legalmente, y ya está. ¿Cómo vas a convencer a un chaval para ir a una tienda a gastarse 18 pavos en un disco? Si lo tiene en internet con una enorme calidad.

En España los artistas siguen teniendo una gran dependencia de la contratación pública, de las fiestas y festejos de ayuntamientos y demás. ¿Cuál es el secreto para colocar a las bandas en el circuito de la administración pública?

El secreto es lo que le pasó a Mägo de Oz: gustarle a los hijos o las hijas de los concejales. Ellos son los que les dan el coñazo a su padre, el concejal o el alcalde de turno, diciendo ‘papa, trae a no se quién’. Al final, el padre, por no soportar la tabarra, llama al manager de Mägo de Oz o del grupo que esté de moda en ese momento y lo contrata para las fiestas. Te puedo asegurar que he conocido muy pocos concejales y alcaldes -alguno hay- que tengan criterio musical propio y conocimiento de los artistas. Lo que llevan a sus fiestas es lo que les resulta popular o conocido. Luego se llevan grandes hostias. Lo que puede parecer popular no necesariamente funciona en la taquilla. Pero cuando uno no usa su propio dinero no se mira con tanto miedo. Para eso están las arcas públicas, supongo. 

Te has reunido con un arco de personajes que va desde el supertiburón del estilo Tommy Motola hasta el alcalde putero de turno. ¿En qué ambiente te sentías más cómodo?

Yo siempre me he sentido cómodo cuando han sido claros conmigo. Me da igual que se llame Tommy Motola o Alfredo Landa haciendo de concejal de festejos en una pedanía en Cuenca. Lo que quiero son las cosas claras. Tommy Motola fue clarísimo conmigo. Él me dijo ‘Las Ketchup no son artistas, son ‘one hit wonders’. Si estáis de acuerdo vamos a exprimir el limón hasta donde llegue’. Yo estuve de acuerdo, ellas estuvieron de acuerdo y Tommy Motola estuvo de acuerdo. La reunión fue breve en cuanto a hablar de Las Ketchup. Luego estuvimos hablando de pintura y filosofía. 

Cuando llegas a un pueblo en la España rural y el alcalde te dice que su sobrino te hará una factura porque tiene una ferretería y tal y cual…pues le dices ‘vale, mándame los datos de tu sobrino, si tiene una SL legal y listos’. Yo siempre he operado dentro de la legalidad. Que me mande una factura legal y mira, ni que sea, que ponga los clavos del escenario donde vamos a tocar. Lo que luego haga tu sobrino con el dinero que yo le pague es un tema entre tu sobrino y tu. Ahí me pierdo. Yo solo sé que hay una factura y una cuenta corriente a la que hacer el ingreso. Y cuanto más claro mejor. Lo que no soporto es la falsedad y que le den vueltas a las cosas para acabar en el mismo punto. 

“El secreto es lo que le pasó a Mägo de Oz: gustarle a los hijos o las hijas de los concejales. Ellos son los que les dan el coñazo a su padre, el concejal o el alcalde de turno, diciendo ‘papa, trae a no se quién’. Al final, el padre, por no soportar la tabarra, llama al manager de Mägo de Oz o del grupo que esté de moda en ese momento y lo contrata para las fiestas”

En el sector de la música en España, si no se trabajase en negro, muchas bandas lo habrían pasado muy mal. 

Pero en la música y en la fontanería (risas).

Pero claro, cuando viene una crisis como la del Covid vienen los problemas: las ayudas no son suficientes porque no se ha cotizado lo suficiente o se han ocultado muchos ingresos. ¿Te da cierta risa la queja sabiendo como se manejan a veces las bandas?

Bueno…eh… luego siempre existe el gestor de turno, que es un elemento externo y aconseja con mal criterio. Te dice que una factura la hagas con un concepto determinado. O te dice que inviertas en ladrillo que el ladrillo nunca baja. Luego llega la gran crisis y todo se estrella. No quiero entrar a valorar quién paga a Hacienda lo que debe o no, pero lo que siempre he hecho con cualquier artista que se ha hecho un poco grande es pedirle que se monte una SL o veinte SL y que se coja un gestor que le asesore bien y nos envíe las facturas correspondientes. Ha habido gestores muy buenos y otros que han metido a los artistas y managers en enormes problemas con la administración pública. 

En el libro hablas de tu experiencia con el festival Rock In Rio y un detalle de tu negociación con el mítico Gay Mercader, que gestionaba la contratación en España de aquel evento. Una negociación de infarto llevada al límite. El mánager tiene que conseguir la mayor cantidad posible para el grupo que representa, el promotor tiene que pagar lo menos posible y el público tiene que pagar el mayor importe posible por el evento en cuestión. No obstante, más allá de las funciones de cada uno en la industria ¿crees que ha sido un error hinchar la burbuja de los cachés? ¿O crees que el público tiene demasiados remilgos a la hora de valorar lo que vale la cultura? En otras palabras: del gramo de coca nadie discute el precio. 

Ya… Hay un poco de todo. El último eslabón de todo esto es el público que al final tiene que comprar una entrada mucho más cara de lo que debiera ser. Salvando eso, con todos los respetos y admiración que le tengo a Gay Mercader, si yo me lo llevé al huerto la culpa es suya, no mía. Eso es un pulso que echas y, si quieres echar un pulso conmigo, puedes ganar o puedes perder. En ese caso creo que palmó bastante o al menos así me dio a entender. En alguna ocasión he palmado yo, no recuerdo en cuál, pero en alguna. Los promotores tienen que ser listos con sus números. No puedes querer llevar al artista famoso de turno y que luego los números no te cuadren. El público aguanta hasta un determinado precio de entrada pero si lo pones excesivamente caro, por mucho que sea la reunión de los Beatles, la gente no lo podrá pagar y no irá. El equilibrio es lo suyo. El problema está en que los ayuntamientos soportaban muy bien esos cachés abusivos pero claro…si te lo pagan ¿qué haces? Que se las apañe el concejal con quien tenga que apañárselas. 

En ese intercambio, en el que Gay quería pagarte poco por El Canto del Loco y tú le querías sacar más dinero, decidiste hacer una reserva en el Palacio de los Deportes de Madrid para cuatro fechas consecutivas a modo de presión. Además en las mismas fechas que Rock in Rio. La primera la agotaste, llenaste Madrid de carteles de “entradas agotadas”, según cuentas en el libro, y de la segunda fecha vendiste dos mil entradas y paraste la venta, generando la idea de que también se habían agotado. Esos métodos de mercadotecnia siguen siendo muy vigentes a día de hoy, pues los promotores abren sectores y los cierran sectores o espacios en las plataformas de venta para generar histeria y sensación de que se agota el producto. ¿Te sorprende que la gente siga cayendo en esto? ¿Es la gente tonta por caer?

Está muy bien estudiado. El manager de Cristiano Ronaldo, que es un capo en lo suyo, sabe como gestionar a su representado y sabe presionar a la marca deportiva de turno para que se pongan nerviosos y paguen un poquito más. Mi labor ha sido la misma: crear en el público una necesidad. Es decir, si no te das prisa, te quedas sin ese concierto. Si lo sabes pintar de la forma adecuada, el cuadro cobra vida. El problema está en cuando te equivocas de artista, de momento o de recinto. Entonces se vuelve en tu contra. Al final el público es soberano y la taquilla es la que manda. Las jugadas te pueden salir…o no. Si no te sale, ya sabes que te vas a pegar una hostia. 

Hablabas de “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu como un libro cuyos preceptos se deben seguir en cualquier negociación. Había una anécdota donde el difunto manager de Pink Floyd, Steve O’Rourke, explicaba que usaba una gabardina “de hijo de puta” para las negociaciones. Era una gabardina grande, pesada e imponente. Se la ponía únicamente para darse empaque a la hora de ir a negociar con unos u otros. Cada uno tiene sus técnicas, imagino. ¿Con qué artistas, promotor o discográfica has aplicado más descaradamente los preceptos de “El Arte de la Guerra”?

Te diría que con los presidentes de las discográficas. Son los más preparados. Juegan con pasta de multinacional y tienen presidentes regionales que son quienes dictan las normas. Ellos negocian con un puñal entre los dientes. No es fácil. 

Hay algunos promotores que también son difíciles. Algunos promotores locales en pueblos también son difíciles por lo listos y rápidos que son. En ocasiones te has de emplear a fondo y ponerte, como tu dices, la gabardina de hijo de puta. A veces con una sonrisa se ha resuelto una reunión y en dos minutos estás hablando de otras cosas, pese a jugarte mucha pasta. Depende de la situación.

Después de pasar por la cárcel ¿qué es más decadente? ¿La cárcel o el negocio de la música?

El reggaeton (risas). Eso es la caída del Imperio Romano. Sin duda, la industria musical. Está desapareciendo, como concepto. Es una putada porque era algo maravilloso. Se está perdiendo un poco la antigua costumbre de ir corriendo a la tienda a comprar un disco de Pink Floyd y enseñárselo a tus colegas. Eso ya ha dejado de existir, como dejará de existir la doctrina de ir al concierto de tu grupo con tus colegas porque creciste con él. Ahora todo está en manos de streams y clicks. Especialmente en el reggaeton, que es un producto muy efímero donde lo que se estila es un ‘coge el dinero y corre’ de toda la vida. Sin más.

 

Sergi Ramos