Después de actuar en el Rock Fest Barcelona y el Resurrection Fest. King Diamond regresará el próximo verano a España con Mercyful Fate al Rock The Night. Repasamos el álbum más importante de la carrera del rey, 'Abigail', en este extenso reportaje.

King Diamond es un artista que despierta reacciones polarizadas. Tan pronto encuentras fans capaces de viajar desde cualquier parte del mundo para uno de sus conciertos como gente que le encuentra ridículo. Lo que si es cierto es que no existe ni ha existido ninguna propuesta como la King Diamond: la mezcla entre el heavy metal veloz, la literatura más lúgubre y un sentido del espectáculo escénico que bordea la obra de teatro metal no ha tenido competencia.

King Diamond supuso la transformación del líder de Mercyful Fate y el inicio de un camino más contemporáneo en lo musical y en el propio sonido de la banda. “La identidad musical fue cosa de Michael Denner y King Diamond”, explica el guitarrista sueco Andy LaRoque, reconocido productor de prestigio en la actualidad y pieza indispensable en el puzle de la banda del misterioso danés. Llegó cuando la formación estaba ya montada y su primer disco, ‘Fatal Portrait’ (1986), ya a medio grabar. “Pienso que Mercyful Fate miraban más el sonido de los años ’70, mientras que King Diamond estaba firmemente aferrado al sonido de los años ‘80, por entonces más moderno y actual.

Mikkey Dee (más adelante baterista de Motörhead y actual baterista de Scorpions) y yo tocábamos juntos en una banda en Suecia”, explica LaRoque. “Al poco tiempo, él se mudó a Copenhague y allí conoció a los chicos de Mercyful Fate. Pocos meses después, Mercyful Fate se separaron y algunos de sus miembros crearon King Diamond. Dado que King, Timi y Michael Denner no soportaban al batería de Mercyful Fate (Kim Ruzz), le pidieron a Mikkey que se uniese al proyecto, cosa que aceptó.

Eso sucedió alrededor de enero de 1985, y en verano de ese año el grupo entró al estudio con un guitarrista sueco y las cosas no funcionaron como debieran. Mikkey propuso mi nombre y yo acepté de inmediato”, recuerda. “Cuando me dijeron que querían probarme, era fin de semana. Cogí mi guitarra, mi ampli, dejé mi trabajo y me fui de inmediato al estudio donde estaban grabando ‘Fatal Portrait’. Tenía 22 años en aquel momento. Al llegar al estudio me ofrecieron improvisar un solo en la canción “Dressed in White” y, tras un par de intentos, lo grabé, les gustó y me dijeron que estaba contratado”, se ríe. Si bien ‘Fatal Portrait’ sentó las bases, fue ‘Abigail’ el disco que lo disparó todo para la banda.

El disco que lo cambió todo

La importancia que tuvo ‘Abigail’ en la carrera de King Diamond es, a menudo, menospreciada. Si bien discos como ‘Them’ o ‘Conspiracy’ pillaron al Rey Diamante ya metido en su salsa y vendieron más, fue ‘Abigail’ el trabajo que le dio la mayor fama. Un álbum de lo que se ha venido a considerar “heavy metal clásico” bordeando el speed metal y con gran influencia de los shredders como Yngwie Malmsteen de los que tanto gustaba Andy LaRoque, principal socio de King Diamond en este legendario trabajo.

Si bien ‘Abigail’ puede sonar vetusto hoy en día porque los valores de producción en el heavy metal son muy distintos, sus canciones son atemporales. No en vano, tres años atrás, King Diamond reivindicó ese LP en su vuelta a los escenarios españoles cuando actuó en Rock Fest Barcelona. Con todo su legendario y tétrico montaje escénico, el danés subrayó la importancia de un disco capital en el heavy metal de los ‘80 con el que Diamond consiguió despuntar y dejar a un lado a Mercyful Fate.

¿Quién es ‘Abigail’?

‘Abigail’ narra una historia ambientada a mitades del siglo XIX en la que una pareja de recién casados, Jonathan LeFey y Miriam Natias, deciden irse a vivir a una casa que el propio LeFey recibió en herencia. Al llegar a la misma, son advertidos por un tal O’Brien de lo acaecido en esa casa tiempo atrás, Jonathan y Miriam se ríen y deciden no creerle. O’Brien se despide de ellos recordándoles la famosa frase de “18 se convertirán en 9” a la vez que les hace saber que, tarde o temprano, necesitarán de la ayuda de los siete caballeros negros.

Al llegar a la mansión, Jonathan y Miriam deciden irse a descansar. Durante la noche, el espíritu del antiguo propietario de la casa (y antiguo descendiente de Jonathan), el Conde de LaFey, se le aparece a Jonathan y le narra la historia de su desgracia: 70 años atrás, su mujer estaba embarazada y preparada para tener una hija -que más tarde se descubriría que era una hija bastarda-. En otras palabras, había nacido de la infidelidad de su mujer con otro hombre. El Conde, completamente desquiciado, tiró por las escaleras a su mujer con el bebé dentro y, debido al impacto, éste nació muerto. Era el 7 de Julio de 1777. Tras ello, decidió quemar el cadáver de su infiel esposa y enterrar a la pequeña Abigail.

El Conde prosigue explicándole a Jonathan que la tumba de Abigail se encuentra en la propia casa, en el piso subterráneo, y le invita a verla. Posteriormente, le comunica que Abigail va a poseer el cuerpo de Miriam, su esposa, y que si quiere evitarlo tendrá que matar a Miriam evitando así la reencarnación del mal. Evidentemente, antes de que Jonathan pueda hacer nada, Abigail se empieza a apoderar del cuerpo de Miriam.

En un último y desesperado intento, la propia Miriam grita a Jonathan que le lance por las escaleras antes de que la posesión sea total -por lo visto, el suplicio de compartir el mismo cuerpo con Abigail es muy grande y terrorífico-. Ni harto ni perezoso, nuestro amigo Jonathan lanza por las escaleras resbaladizas a Miriam / Abigail (las mismas escaleras donde falleció la mujer y la hija bastarda: Abigail, del Conde de LaFey) de modo que logra matar así a la futura reencarnación del mal.

Finalmente, desde lo alto de la colina aparecen de nuevo los siete caballeros negros (liderados por el propio O’Brien) que curiosamente eran los sirvientes del Conde de LaFey allá por 1777. Ellos se llevan el cuerpo de Miriam / Abigail. El hecho de que 70 años después estuvieran todavía vivos (o muertos, según como se mire), viene a ser una metáfora de su condición de guardianes atemporales de la mansión y del poder maligno de Abigail. Así acaba el relato con la famosa frase de quien se supone que cuenta la historia: “That’s the end of another lullaby, time has come for me to say goodnight”.

Sentando las bases

“Llegamos al estudio con el esqueleto de las canciones ,y el resto se hizo ahí”, explica más de 30 años después el guitarrista Andy LaRoque. “Entramos a grabar en diciembre de 1986 y nos tiramos bastante tiempo probando cosas. Por suerte, teníamos tiempo y presupuesto para probar mil y un arreglos como capas y capas de voz, guitarras acústicas de doce cuerdas sonando de fondo, teclados, armonías imposibles de guitarra…”, recuerda. “Eso sí, parte de los méritos debe llevárselos el productor Roberto Falcao, que se involucró muchísimo en el disco y que, al ser un buen teclista, propuso muy buenos arreglos en el trabajo”.

La banda trabajó duramente en los estudios Sound Track de Copenhage. La mayoría de canciones de ‘Abigail’ las compuso el propio King Diamond quien, además de cantar, también toca la guitarra, dando lugar a algunos de los rebuscadísimos riffs e ideas que luego ejecutaría Andy LaRoque. Un LaRoque que vio en ‘Abigail’ su primera oportunidad para brillar de verdad en el contexto de King Diamond.

“En el anterior disco, ‘Fatal Portrait’, no pude hacer nada porque entré en la banda cuando ya estaban grabando el trabajo”, rememora. “La suerte fue que, después de ese disco hicimos una gira de seis meses por Estados Unidos y Europa, lo cual me vino muy bien para integrarme en el grupo y captar la verdadera esencia musical de King Diamond. Seis meses antes de entrar a grabar ‘Abigail’ yo ya saqué el riff de ‘Mansion in Darkness’. Mientras los demás estaban de fiesta, yo me quedaba hasta muy tarde cada noche perfilando esa canción y otras ideas para temas como ‘1777’ y ‘Shrine’, aunque está última no entró en el disco y salió como cara B del single ‘Family Ghost’.

Para llevar poco más de un año en el grupo no estuvo mal que me dejasen meter tres de mis canciones en el trabajo”, se ríe. “Había una atmósfera muy buena durante el tiempo en que grabamos el disco”. ‘Abigail’ fue la primera gran obra conceptual de la música heavy metal, algo que seguirían desarrollando más adelante bandas como Queensrÿche con ‘Operation Mindcrime’. “Todo empezó en ‘Fatal Portrait’, donde King compuso tres temas que eran una especie de historia corta”, explica. “La idea funcionó y nos planteamos que todo el siguiente disco, ‘Abigail’, fuese una historia conceptual”.

El sonido tétrico de ‘Abigail’, con la reverb de la voz de King como la gran protagonista y un ambiente absolutamente maquiavélico dio lugar a un disco icónico que sigue siendo reverenciado a día de hoy. “Creo que la ejecución fue perfecta y el sonido también lo era para los estándares de 1987. En su momento, el álbum sonaba de fábula. No le cambiaría muchas cosas hoy en día”, asegura el talentoso guitarrista. Parte de la magia de ‘Abigail’ reside en la unión de las guitarras de Michael Denner y el propio LaRoque, quienes trabajan de manera muy resolutiva para dotar a las canciones de misterio, técnica y teatralidad desde su posición a las seis cuerdas.

LaRoque recuerda el equipo que utilizó en la grabación del disco. “Por entonces llevaba pantallas de guitarra Marshall con altavoces Greenback”, rememora. “Junto a eso llevaba dos pantallas: una con la malla frontal negra y otra gris. Los cabezales eran Marshall también, aunque no recuerdo el modelo exacto que utilicé. Creo que llevaba un previo especial de alta ganancia que compré alrededor de 1981 o así. Grabé también con el pedal Ibanez Tubescreamer. Guitarras… llevaba una B.C. Rich y una Fernandes japonesa muy del tipo Jackson. Para las partes acústicas utilicé una Ovation que había por el estudio que sonaba de cojones”.

Uno de los aspectos más abrumadores de ‘Abigail’ es la cantidad de voces, dobles voces y efectos que interpretaba King Diamond. Sin duda, uno de los aspectos que más teatralidad aportaban al resultado final pero que también hacen sonar al disco más caduco en lo que a producción se refiere. LaRoque se pone el sombrero de productor y concede que “por aquella época la mentalidad que había era que ‘cuanto más puedas meter dentro de tu trabajo, mejor quedará’. Claro, empezamos a meter y meter y parecía que nunca había suficiente. De todas formas, te diré que no me arrepiento de nada de lo que introdujimos, pienso que todo tenía una razón de ser en el resultado global del álbum”, se defiende.

No fue tan fácil llevar todo eso al directo. “King se tiró bastante tiempo pensando cómo podía interpretar todo eso en directo”, explica. “Por supuesto, muchas de sus voces simplemente no se llevaron al directo, lo que él hizo fue escuchar las diferentes armonías de voz y quedarse con la que él creía que era la más distintiva. O eso, o directamente a veces hacía una mezcla de todas las armonías y creaba una nueva especial para los directos.

Con los teclados, lo que hacíamos era simplificarlos a una sola melodía e interpretarlos con las guitarras. Entiendo que es difícil tocar las canciones de ‘Abigail’ con un batería, una voz, un bajo y dos guitarras, pero eso forma parte de la magia del heavy metal. Sino llevaríamos con nosotros a toda una orquesta”, se ríe. “Mientras tocábamos los temas, por dentro yo iba recreando todos esos pasajes, teclados o voces extra que se habían quedado fuera por cuestiones obvias”.

No obstante, ‘Abigail’ fue el final de la estancia de Mike Denner en la banda de King Diamond. La presión y el cansancio le obligaron a dejar el grupo y ser sustituido por Mike Moon, quien se encargó de la gira y fue quien grabó el disco en directo del tour que vería la luz en 1991. Él tampoco pudo acabar la extenuante gira: fue sustituido por Pete Blakk al final dela misma.

“En USA nos fuimos con Trouble de teloneros en el verano de 1987, aunque también hicimos algunos shows con Metal Church. Luego, para octubre, volvimos a Europa para hacer algunos shows con Candlemass y una gira por Alemania con Motörhead, que es donde Mikkey y Lemmy se conocieron”, recapitula. ‘Abigail’ vendería más de 175.000 copias solo en Estados Unidos y seguiría siendo reverenciado como una obra clave para entender el heavy metal clásico.

La reseña experta de King Diamond – Abigail

Musicalmente hablando, ‘Abigail’ podría catalogarse como un disco de heavy metal clásico de los ‘80 con ciertos toques speed metal y bastantes pasajes progresivos cargado de solos neoclásicos obra de Andy Laroque, cuya pasión desmedida por Yngwie Malmsteen y demás shredders le llevó a vestirse incluso igual que él con esos atuendos tan barrocos (además de tener unos movimientos escénicos bastante similares a los de Yngwie).

Lo bueno de ‘Abigail’ es que es uno de esos pocos discos donde todos los instrumentos destacan de manera superlativa. Por un lado tenemos los fenomenales ritmos de batería de Mikkey Dee cargados de contratiempos imposibles y deliciosas peripecias con los platos (aún no entiendo cómo decidió marcharse poco después a Motörhead). El bajo de Timi Hansen -lejos de camuflarse entre la infinidad de guitarras-, la atronadora batería de Mikkey o las múltiples voces de King Diamond cargadas de reverberaciones y efectos de retardo larguísimos se escuchan a la perfección y con una nitidez perfecta.

Lo mejor del álbum es el dúo guitarrarero formado por Andy Laroque y Michael Denner, sin duda el mejor que ha tenido King Diamond nunca y probablemente de las mejores parejas de guitarristas que se recuerde de todos los tiempos. Todo en ‘Abigail’ es perfecto, desde los riffs complejos en constante evolución hasta una cantidad de solos y melodías de guitarra (lo que en el libreto llama “Theme”) impresionantes. Si uno abre el libreto del CD puede ver quién de los dos, Andy o Michael, es el ejecutor del solo en cuestión, algo que King Diamond seguiría haciendo en posteriores entregas.

‘Abigail’ se abre con “Funeral”, una narración espeluznante en la que se introduce al oyente en la historia explicando el trágico final de Abigail y su muerte. “Funeral” se enlaza con el primer himno del disco, “Arrival”, un tema cargado de melodías harto reconocibles de guitarra y solos galácticos. Tras el famoso grito “That must be it!”, la música se acelera rozando el speed metal con cuatro de los mejores solos del álbum. “Arrival”, como su nombre indica, describe la llegada de Jonathan y Miriam a la casa.

Sus primeras impresiones se cuentan en “A Mansion In Darkness”, otro de los grandes temas 100% speed metal de este ‘Abigail’, con una melodía inicial de guitarra muy famosa y de las preferidas de los fans de King Diamond. “A Mansion In Darkness” es quizá el tema más épico de ‘Abigail’ junto con la última “Black Horsemen” ya que posee algunas de las mejores melodías de voz de King en todo el trabajo junto con el solo de Andy LaRoque a mitad del corte, el mejor del LP de lejos.

En “The Family Ghost” (fenomenal videoclip por cierto) se narra la aparición del Conde de LaFey a Jonathan para contarle la historia de su desgracia. Para ello King Diamond recurre al recurso de las famosas voces fantasmagóricas cargadas de reverberación en el famoso estribillo “The family ghost han risen again… The ghost”. Sin embargo, el momento culminante de este tema llega después de otro de los mejores solos de Andy LaRoque cuando el Conde le cuenta a Jonathan dónde está el cuerpo enterrado de Abigail. En ese momento King pone en práctica todos sus recursos vocales alternándolos como si de una conversación entre personajes se tratase. El tema acaba con la frasecita “You must take her life now”, donde Diamond parece que esté llorando en falsete. Sublime.

“The 7th Day Of July” es el testimonio del propio Conde sobre lo acaecido con “la puta de su mujer” y su hija bastarda. Puesto que el Conde explica la historia con cierta tristeza, Andy Laroque coloca una introducción de guitarras acústicas y teclados genial que sirve para ambientar perfectamente la historia que el Conde le va a contar a Jonathan. Tras la espeluznante historia del Conde, transcurren los días y las primeras muestras de que algo extraño va a suceder en la mansión se narran en “Omens”, canción algo flojita donde lo mejor se encuentra a mitad del corte con la cadencia de solos y teclados entrelazados.

La posesión final de Miriam por parte de Abigail se da en “The Possession”, la canción más floja del disco. Una serie de riffs muy extraños que muestran el lado más progresivo de King Diamond y una gran labor de Mikkey Dee a la batería.

El final se acerca y la posesión es total. “Abigail”, tema más conocido del álbum, narra la pelea existente dentro de Miriam entre Abigail y ella. Miriam intenta comunicarle a Jonathan que acabe con su vida, “Remember the stairs, it’s the only way”, grita Miriam desesperada. Sin embargo, Abigail no se va a dejar matar tan fácilmente.

“Abigail” posee una buena cantidad de solos impresionantes y un riff principal muy característico. El tema se cierra con el espeluznante grito de “Soon I’ll be free!” seguido de unos teclados atmosféricos, tétricos y oscuros que dan paso a otro de los momentos álgidos de “Abigail”, el hit más épico del disco: “Black horsemen”, tema clásico entre clásicos. Con una introducción de guitarra y solos acústicos que ponen la piel de gallina, se cuenta cómo Jonathan arroja por las escaleras a Miriam para matar a Abigail.

Posteriormente llegan los 7 caballeros negros y le hacen saber a Jonathan cómo debe deshacerse de Abigail para que ésta no vuelva a resucitar nunca más. Después de la despedida de quien narra la historia “That’s the end of another Lullaby, time has come for me to say goodnight!” (agudo infinito de King), la canción desemboca en un minuto de continuos solos de una emotividad inaudita con una aceleración de la batería por parte de Mikkey Dee donde se luce con sus malabarismos con los platos. Enorme despedida.

Javi Félez