Publicado el 18 de noviembre de 1997, In Flames consiguió el beneplácito de sus seguidores con este tercer trabajo. Considerado por muchos de sus seguidores como su obra más inspirada, canciones como "Jotun" o "Episode 666" son ejemplos perfectos del death metal melódico del que fueron pioneros.

El embrión de lo que hoy se conoce como death metal melódico se gestó en Suecia a mediados de la década de los ‘90. El sonido Gotemburgo rompió los moldes de la música extrema, incluyendo elementos mucho más accesibles a un estilo que se movía por terrenos underground de la mano de bandas como Obituary o Entombed. Uno de los grandes pioneros de esta corriente (y sin duda los más exitosos) son In Flames. Jesper Strömblad fue el ideólogo y fundador del proyecto, con la colaboración entre otros de un Mikael Stanne muy fugaz en el puesto -acabó pocos meses después en otro pilar indispensable: Dark Tranquillity-.

Después de dos discos que sentaron las bases del género, mezclando las características voces guturales con ampulosas melodías y una gran cantidad de arreglos instrumentales, llegó el turno de ‘Whoracle’. Con Anders Friden ya en tareas vocales y Björn Gelotte todavía como batería (su último disco antes de encargarse de las seis cuerdas) el trabajo de portada apocalíptica se abre con “Jotun”, pieza de guitarras soberbias llenas de épica, las cuales entrelazan los riffs sin apenas esfuerzo y con mucha clase. Más bruta es un “Food For The Gods” donde los fraseos rabiosos se imponen a todo lo demás, impregnando el corte de mucha mala leche que lo aúpa como uno de los momentos más destacados de todo el trabajo.

También hay espacio para tonadas melancólicas y oscuras, como es la siguiente “Gyroscope”, donde los instrumentos acústicos nos dan la bienvenida antes de que la distorsión vuelva a tomar el control. La contrapartida es la animada instrumental “Dialogue With The Stars”, que deja claro la gran cantidad de matices que albergan las composiciones. Otros momentos reseñables son “The Hive” y su solo heredero de vertientes más virtuosas o un “Episode 666” que desborda groove por todos sus poros desembocando en el mejor estribillo -sin rastro de voces limpias- del álbum.

Con los siguientes ‘Colony’ y ‘Clayman’ forman la tripleta clásica de In Flames, aquella que marcó a una generación que le dio la espalda cuando sus características empezaron a virar hacia un sonido con influencias mucho menos clásicas y más arraigado a la nueva ola de metal estadounidense. Pese a todo, su nivel de fama no paró de crecer en los siguientes años, con unas canciones que llegaron a un público mucho más mayoritario y la ayuda de unos directos impecables gira tras gira.

Jano Carbia