'Epicus Doomicus Metallicus' es el álbum debut de la banda sueca y se publicó originalmente el 10 de junio de 1986. El título de este álbum son las palabras "Epic Doom Metal" en latín macarrónico, el género musical con el que Candlemass es identificado por sus seguidores.

Mientras la mayoría de bandas de metal de mediados y finales de los años ‘80 se peleaban por demostrar quién era capaz de tocar más rápido, en el norte de Europa Candlemass hicieron de la magia negra, muerte, fantasía y brujería su principal interés a la hora de componer sus canciones lentas, largas, pesadas y oscuras. La épica propiamente dicha dentro del subgénero más perezoso del heavy metal sirvió llegó con ‘Epicus Doomicus Metallicus’, una nueva Biblia dentro del doom posterior a Black Sabbath y Pentagram que se asentó con las primeras referencias de Cathedral, Saint Vitus, Witchfinder General, Trouble, los italianos Death SS o The Obsessed ya en los ‘90. Seguramente muchos recuerden a este grupo por el clip “Bewitched” de su segundo LP por el cameo del jovencísimo Per Yngve Ohlin, voz de los primeros y más enfermizos Mayhem, pero hubo vida previa a esto.

En ‘Epicus Doomicus Metallicus’ se moldea un futuro legado ya desde los primeros segundos de la intro acústica de “Solitude”, que quiebra con un riff de guitarra oscuro y pesado al estilo Tony Iommi. A mayores de los riffs lentos también vamos a encontrarnos con percusiones a doble bombo bastante frenéticas para su estilo ya en “Demon’s Gate” y voces agudas en momentos circunstanciales que nos llevan más al heavy que al doom, algo que se repite en la diabólica “Crystal Ball”.

Sin ser especialmente presurosa, “Black Stone Wielder” podría considerarse como una canción movida (con esto se aclaran muchas cosas) y “Under The Oak” como la más heavy cuanto más se va acercando a su final demostrando la profesionalidad de Johan Längquist tanto en registros graves como en notas vocales más altas. “A Sorcerer’s Pledge” vuelva a dar cabida a guitarras acústicas como al comienzo del disco hasta encontrarse con un riff grandioso y destapar todos los elementos importantes: la pesadumbre, el ocultismo y esos curiosos dobles bombos además de algo más de velocidad hasta llegar a la disipación de todo con unas voces operísticas femeninas que hacen desaparecer la música entre la niebla norteña.

De Candlemass se podría hablar durante horas analizando los pormenores de su música e influencia en la posterior llegada del doom death e incluso metal gótico, pero quedarse en la superficie diciendo que su debut fue algo importantísimo para que el metal siguiese mutando probablemente sea suficiente esclarecedor para los que quieran iniciarse en este género.

Jaime Tomé