Corría el año 1986, después de la precisión y la velocidad de 'Marching Out' junto a Jeff Scott Soto, e Yngwie Malmsteen volvía a sorprender con 'Trilogy' contando esta vez con la voz de Mark Boals y Jens Johansson a los teclados.

Nacía así su obra maestra, su “magnum opus”, considerada para muchos la mejor de su carrera, y el trabajo que le consagró en el olimpo de los guitarristas.

You Don’t Remember, I’ll Never Forget

Heredero del sonido de Ritchie Blackmore, las épicas de Rainbow y considerado inventor del metal neoclásico, el guitarrista sueco Yngwie Malmsteen forjó su particular estilo mezclando su devoción por los maestros de música clásica como Bach o Mozart y fue uno de los iniciados en la técnica del shred. ‘Trilogy’ supuso la antesala para Joe Lynn Turner dos años después.

El comienzo del disco es apoteósico. “You Don’t Remember I’ll Never Forget” es una pieza inolvidable que arrastra al oyente desde el comienzo del peso de los teclados de Jens Johansson y los riffs incendiarios de Yngwie Malmsteen. Tal como reza la letra de la canción, es uno de esos temas que jamás se olvida. Un corte con continuos cambios de tempo en el que Mark Boals destaca de forma sobresaliente en los agudos, no tiene desperdicio.

portada Yngwie Malmsteen Trilogy

Le sigue “Liar”, directa y contundente, que a posteriori serviría como cañón de apertura del legendario directo “Trial By Fire: Live In Leningrad” donde Boals sigue luciéndose y los licks de Yngwie son trepidantes. La mágica “Queen Is In Love” continúa en una perfecta sintonía y lleva al éxtasis que supone la instrumental “Crying”, donde el sueco refleja la fragilidad del cristal convirtiéndolo en calidad. Una de las mejores del álbum. Aquí la épica y la magia desbordan a través de su máxima expresión; la guitarra habla por sí sola.

“Fury” hace levantarse al oyente por su velocidad -que no pierde vertiginosidad en ningún momento- así como los tapping que dispara con ese descaro característico de Yngwie. “Trilogy Suite op:5” cierra el disco con uno de los mejores temas con influencias neoclásicas que, por momentos, recuerdan a Deep Purple o a Rainbow (pero con esa peculiar rabia incendiaria y vertiginosa que regala Malmsteen a cada momento) en más de 7 minutos de virtuosismo en los que demuestra por qué durante años fue considerado el más rápido y habilidoso del mástil.

La velocidad de la luz es mayor que la del sonido

Sin duda, un trabajo de la etapa dorada del sueco y uno de los mejores de su carrera que le consagra por su velocidad de ejecución y melodía y con una portada tan épica como el propio contenido del álbum. No volvió a registrar las cotas de calidad de los primeros discos y se ha ido transformando más en una sombra egocéntrica que nunca dejó de ser el gran maestro de la leyenda que es. Porque Yngwie fue uno de los grandes (y, por eso, lo es hoy día).

Obra maestra y velocidad endiablada. Yngwie Malmsteen dedicó el disco a la memoria del ministro sueco Olof Palme, quien fue asesinado ese mismo 1986. ‘Trilogy’ contiene himnos para la memoria de los ’80, y ‘Rising Force’ dio paso al apoteósico Malmsteen en todo su esplendor con este redondo.

Adney Sid