¿Qué es lo que se hace en Japón? A grandes rasgos, se podría decir que lo que más les gusta es el power, el black y el progresivo, pero eso seria faltar a la verdadera característica del metal japonés: el mestizaje de estilos. Todo, absolutamente todo, se puede mezclar, combinar, revolver y agitar. La única norma es que no hay norma.

Este año, Rockfest Barcelona 2015 sorprendió cuando anunció a los japoneses Loudness por primera vez en España. No es muy habitual ver a bandas del país nipón en nuestros escenarios – a veces, ni siquiera es habitual verlas mencionadas en los grandes medios internacionales – y es que, aunque la herencia japonesa entre los grupos contemporáneos es innegable, en el mundo occidental ha habido, y habrá siempre, una cierta tendencia al etnocentrismo.
La escena al otro lado del Pacífico, pero, no se puede ignorar, porque no es ni poco importante ni siquiera tiene el detalle de ser discreta – ¡estamos hablando del país de las gothic lolitas, los chindogu y las sandías cuadradas!

En una cultura donde prima el mantenerse dentro de los estándares de lo “políticamente correcto”, donde destacar la propia individualidad está visto como algo malo, y donde se da harta importancia a mantener bien apretada la sensación de comunidad, es poco probable encontrar al metalhead estándar que los europeos tenemos en la mente: melena al viento, camiseta mostrando orgulloso sus preferencias musicales, espacio personal protegido por pinchos, tachuelas y cuero,… Pero que los aficionados del género japoneses no se vistan para demostrarlo no significa que no existan: más de 17.000 almas siguen el Twitter del Loud Park Festival, un evento de dos días que tiene lugar cada Octubre en Saitama, y entre cuyos cabeza de cartel han figurado internacionales como Helloween, Arch Enemy o Judas Priest.

Pero… ¿Qué va a experimentar el viajero que haga turismo metalero cuando entre en una sala del país del sol naciente? Para empezar, sorprenderá el hecho de que, por lo menos en las grandes salas, no se acostumbra a entrar por el orden de la cola, si no que cada ticket lleva impreso un número que indica a qué hora debes estar esperando en la puerta. Y si no estás a la hora que te toca, no te queda más que aguantarte.
Los japoneses son muy suyos hasta para la jarana, y no se permiten desmelenarse ni siquiera en un concierto de metal. Apenas han oído hablar de los mosh pit y creen que los walls of death son seres mitológicos. Poco se puede hablar de crowsurfing. Sí que es cierto que gritan y levantan los brazos, pero eso es todo. Y los decibelios van a estar un poco más por debajo de lo que estamos acostumbrado: aunque Europa no sea Estados Unidos, dónde se recomiendo usar tapones para el oído, es probable que el europeo medio crea que el técnico podría darle esa media vuelta más de potencia al volumen.
La tercera, y quizá más dolorosa, diferencia, es el precio: se puede llegar a pagar 80 dólares para un concierto de Nightwish en su gira Imaginarium, hora y media sin teloneros, o hasta el equivalente a casi 200 euros si tienes la mala suerte de tener que recurrir a la reventa para adquirir una entrada para la nueva gira de Opeth.

Aún así, ¿qué es lo que se hace en Japón? A grandes rasgos, se podría decir que lo que más les gusta es el power, el black y el progresivo, pero eso seria faltar a la verdadera característica del metal japonés: el mestizaje de estilos. Todo, absolutamente todo, se puede mezclar, combinar, revolver y agitar. La única norma es que no hay norma.

El primer contacto de Japón con el metal fue gracias a Deep Purple. Corrían los inicios de los años setenta. El grupo de Hertford había logrado algunos éxitos en la isla y parecía lógico que intentaran girar allí. La filial japonesa de su discográfica, Warner Bros. Records, quiso grabar los directos para comercializarlos después… y así es como nació el “Made in Japan”. Este álbum, que al principio los propios Deep Purple no quisieron siquiera escuchar porque pensaban que no tendría suficiente importancia, instauró el “sello de calidad” que significaba grabar un “live in Japan”. Y, ¿por qué? Pues porque, que una banda fuera aceptada por el exigente público japonés y consiguiera triunfar, quería decir que no usaban ni pistas pre-grabadas ni cualquier otro tipo de truco sobre el escenario.

Las primeras bandas japonesas tardaron poco en salir al exterior.
Los pioneros, en 1975, fueron Bow wow, que al largo de los años ha ido jugando al juego de las separaciones y las reuniones, y que hoy en día, después de pasar por Vow wow, podéis encontrar bajo el nombre Bowwow.
Los ya mencionados Loudness llevan arrasando escenarios des de los 80, y pueden jactarse de ser la primera banda japonesa en firmar con una discográfica norteamericana. Posteriormente, tanto Hammerfall como Children of Bodom les han querido honrar haciendo una cover de la canción “Crazy nights”.
Anthem abrazó la imagen glam de KISS, pero, sonoramente, prefirió acercarse más al thrash y a una línia vocal muy parecida a la de Rainbow – su brutal directo “Back then” va a cambiaros totalmente la percepción de lo que es un concierto magistral.
Earthshaker, por su parte, fue un paso más adelante y, después de colaborar con Adam Smith de Iron Maiden, incluyó sintetizadores y enriqueció sus canciones con un toque más pop que les valió una gran legión de fans. En 1986, se coronaron como el primer grupo japonés de metal que tocó en el legendario estadio Budokan.

Del extraño matrimonio entre un aspecto visual excesivo y teatral, y el rock más duro, nació el visual kei. X Japan fueron los primeros, y abrieron la caja de Pandora. A raíz de su irrupción en el panorama, la escena musical underground japonesa quedó alterada durante casi dos décadas – tal fue su impacto e importancia.
Con Toshi al frente y Yoshiki a la bateria, X Japan se movía más en la línea del power metal, aunque lograron un reconocimiento especial a través de sus baladas. Su segundo álbum, Blue blood, les puso en el punto de mira internacional. Ellos defendían que no habían querido crear nada nuevo – simplemente juntaron aquello que más les gustaba, y fue después que se dieron cuenta de que no pertenecían a ningún género establecido. Actualmente, muchos grupos, como the Gazette, Dir en grey, Luna Sea, y el guitarrista Miyavi, los citan entre sus influencias, y se remiten todavía a ese sentimiento de inconformismo y búsqueda de la libertad que llevó a Toshi a cardarse el pelo por primera vez.
Como todas las grandes bandas, pero, tuvieron su historia negra: en 1997, el guitarrista hide (siempre en minúsculas) apareció colgado, y hasta hoy en día el grupo le recuerda, le considera un miembro de la banda y, en los conciertos, hasta le “presentan” como un músico más en el escenario.
No todos los grupos se acogieron a la estética visual kei -Galneryus, por ejemplo, también con un gusto por el power de corte europeo, evitaron el maquillaje y los pantalones ajustados de cuero- pero otros, como por ejemplo los sinfónicos Versailles, lo llevaron al máximo, arriesgando con trajes de época y jugando con la androgínia de sus miembros.

Aún así, el metal japonés nunca ha logrado introducirse totalmente entre el gran público – debe hacer frente a una industria idol pop muy bien estudiada y asentada -, y ha preferido hacerse fuerte en la escena underground, gracias al hecho de que, en Japón, las discográficas están muy fuertemente divididas entre “mayors” y “minors”. Es más, la mayoría de bandas “minor” desprecian la “popularidad”, y muestran un enorme rechazo a ser consideradas “idol”, es decir, “vendidas”.
Sabbat y Sight nacieron de Venom y Bathory, pero hoy en día es complicado clasificarlos como black metal. En sus canciones se puede escuchar tanto la grandilocuencia y tenebrosidad del órgano de iglesia, como una producción muy fiel a la primera oleada sueca que logra que el sonido se mueva entre “algo tronado” y “completamente frito”. Sete star sept, por otra parte, van más allá del sonido “completamente frito” y, aunque cuando los escuchas no sabes exactamente qué estás oyendo, sabes que este dúo puede llegar a pegar muy fuerte.
The Gazette empezaron a sonar sobre el 2002, y hoy en día se siguen considerando un referente en el rock japonés. Optaron por una linea más industrial y progresiva, con una ambientación oscura, tenebrosa y pesada que contrasta con la voz armónica y casi aterciopelada de Ruki. Álbumes como Stacked rubbish o DIM son una joya del metal más decrépito y experimental.
Si tuvieramos que comparar Dir en Grey a una banda occidental, acertaríamos escogiendo a Linkin Park en su época buena. Aún así, los japoneses le dan una vuelta de tuerca más heavy, a la vez que logran retener una fanbase esencialmente joven y adolescente.
Maximum the hormone, por su parte, son inclasificables. Saltaron a la fama tras aparecer en el archiconocido anime Death Note, pero llevan rondando los escenarios des de antes de los 2000. Su música, que bebe del nu metal y el hardcore punk, es extrema, descarnada y visceral, pero tienen alma de bromistas y constantemente aprovechan para alternar los screams y el rap de Daisuke-han con la voz angelical de la batería Nao – una de las baterías con más caña del metal actual, por cierto.
Y para cerrar este rápido vistazo al panorama del metal musical japonés, la recomendación para los fans del thrash más clásico es “Fastkill”. Sin sorpresas, sin experimentos. Canciones de la misma calidad que se puede escuchar en Kreator, Slayer y Sodom.

Y, por supuesto, BABYMETAL. Sí, sabíais que era innegable que acabáramos hablando de ellas. Entre todas estas bandas brutales y arriesgadas, ¿como entra un grupo formado por tres niñas lindas? Primero y antes que nada, un poco de contexto: La industria musical japonesa está completamente controlada por los grupos de idols femeninas, es decir, grupos de chicas jóvenes, atractivas según los estándares japoneses, que son reclutadas des de niñas, seleccionadas y entrenadas para interpretar canciones y coreografías prefabricadas, copar portadas y programas de televisión y, en resumen, hacer ganar dinero a las discográficas. Las tres vocalistas de BABYMETAL (Suzuka Nakamoto, Yui Mizuno y Moa Kikuchi) formaban parte de esta industria, y fueron sus representantes quiénes les sugirieron crear una banda de metal… Y resultó. Como se ve en la historia de su música, en Japón ven perfectamente normal arriesgarse, mezclar y combinar estilos, géneros y conceptos. Esto, sumado a la cultura de lo kawaii (lo “mono”), y al hecho de que las tres vocalistas son respaldadas en directo por músicos de primerísimo nivel, catapultó al grupo a la fama.
BABYMETAL no se debe entender como una banda metal. No lo es, ni lo ha querido ser nunca. BABYMETAL es un producto comercial, al mismo nivel que bandas como Morning Musume o AKB48, sólo que sazonado con “metal” en lugar de “pop”. Independientemente de eso, no suenan mal – no lo harán nunca, cada paso que dan está perfectamente estudiado -, y lo que pierden en frescura y autenticidad lo ganan en lograr hacer funcionar una mezcla que parecía imposible entre dos componentes casi antagónicos. Así que, ¿por qué no romper una lanza a su favor, mientras duren, y esperar a ver qué hay más allá de esta puerta que han abierto?

Laura Cano