- Fecha
- 11 de febrero de 2005
Málaga fue la ciudad elegida para el arranque de la nueva y tercera gira estatal de los gaditanos SPHINX; motivada lógicamente por un reciente estreno, su tercer lanzamiento discográfico “Paraíso en la Eternidad”. Y como viene siendo habitual en todos sus conciertos realizados en tierras malacitanas, el evento se celebró en esa ratonera que dice llamarse Sala Spectra, la cual tiene un aforo para ciento cincuenta y tantas personas, una acústica mediocre y una iluminación basada en un par de ¿focos o bombillas? Sí, amigos míos, y después de todo es de las salas existentes, que se pueden contar con los dedos de una mano, más decente de Málaga. Así están las cosas por estos lares, aunque eso no es excusa para que no se llenara por completo. Pero estamos con lo de siempre; no es una sorpresa comprobar que los heavys solo mueven el culo para ver a Iron Maiden. No será porque esta provincia goza de numerosos conciertos precisamente….
Si la memoria no me falla, más o menos fue la asistencia de su anterior visita para presentar y promocionar “Mar de Dioses”. O sea, que la popularidad de los de “Cai” no es que haya aumentado en exceso; que no en calidad y entrega, ¡ojo!, eso si que se puede corroborar. A diferencia de su segunda gira, en esta ocasión no habría teloneros, y SPHINX interpretaría su repertorio (de una veintena de temas) a lo largo de dos horas y media aproximadamente. Para algunos, demasiado largo, y para otros, plena justicia para amortizar el coste de su entrada.
Fue una sorpresa ver a Justi Bala (guitarra de la banda que se retiró la mayor parte de su anterior tour por problemas de espalda) aparecer sobre el escenario para realizar el show junto a sus compañeros. Eso sí, sentado. Aún hay que cuidarse, pero ilusiones y fuerzas no le faltan para completar el tour si nada se lo impide.
El adelanto del grupo a través de su página web, “No”, uno de los temas más potentes de la historia de SPHINX, sirvió para comenzar su actuación, seguido y sin respiro de otra nueva canción: “Destino”. Un inicio potente para entrar en calor; sin embargo, el público estaba más bien frío, debido, supongo, al poco conocimiento de su último trabajo, ya que se había puesto a la venta poco más de dos semanas atrás. No fue hasta la tercera interpretación con “Sangre de Egipto” y la continuación con “Condenado a Vivir”, cuando se animaron los asistentes un poco más, y cada vez con un ímpetu más elevado; coincidiendo además, con una mejoría en el sonido a nivel general.
El resto de canciones que fueron cayendo repasaba sus tres discos editados, pero haciendo “especial” hincapié en su último “Paraíso en la Eternidad”. Y subrayo lo de especial porque, si no me equivoco, lo tocaron casi en su totalidad. Diez de once composiciones que lo integran, intercalados con sus antiguos temas. A destacar, siempre bajo miras personales, por su calidad propia y por su interpretación, “A las puertas del infierno” (segunda parte lírica de “Noche Maldita” que tocaron encadenadas), “Esclavo de tu maldición”, “A dos minutos de la muerte”, y la emotiva “Respóndeme” dedicada a las víctimas del 11-M y basada en tan triste acontecimiento.
Mención especial a la citada “Condenado a vivir”, “Almas sin paz” y sobre todo, el vuelco del público con “Momentos de lucidez”. A buen seguro que son canciones que se han convertido en verdaderos himnos para los seguidores de la banda. Los demás temas que cayeron de sus dos primeras obras fueron: “Luz en la oscuridad”, la balada “Llanto en soledad” (¿por qué esta y no “Mirando al infinito”?); y un enérgico cierre compuesto por “Santa Maldad”, “Ángel sin piedad” (le tengo especial cariño a esta canción, no me pregunte porqué) y el tema homónimo del grupo “Sphinx”. Un buen set list, sin embargo, en mi opinión, se dejaron alguna que otra importante, dígase “Recluso 943”, “La muerte sobre un papel”, o “Mar de Dioses”. Pero claro, ni iban a estar tocando tres horas, ni soy yo nadie para protestar por querer ellos promocionar su nuevo disco. Para eso es esta gira, evidentemente.
¿Los miembros de la banda? Todos en su sitio y entregados al máximo. Su vocalista Manuel Rodríguez es todo un ejemplo de potencia duradera; de principio a fin, sin resentirse en ningún momento. A todo esto hay que sumarle que se sentían como en casa, cómodos, sin aparente presión, y las bromas con el público o entre ellos mismos se iban sucediendo entre canción y canción.
Mucho se entregaron, y eso se transmite; paulatinamente los allí congregados así lo entendieron acalorando cada vez más la fiesta y con total desenfreno en muchas ocasiones. En Málaga se les quiere, ya llevan tres giras dejándoselo bien clarito. Son pocos; pero siempre haciendo ruido.
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Fotos: Saturnino Romero






