Aunque la música en directo vuelve poco a poco por su cauce, la COVID-19 sigue golpeando duramente a los artistas que basan su actividad en conciertos y giras para presentar sus nuevos trabajos. Los espectáculos con distanciamiento social no han terminado de cuajar entre parte de la escena rock y metal, habituada al contacto más cercano y al vínculo entre banda y público. Las actuaciones online se han convertido en una alternativa inevitable para muchos músicos, a pesar de que no todos han logrado brillar con luz propia.

Son ya unos cuantos años desde que Behemoth viene marcando la diferencia como una de las bandas de mayor impacto visual sobre el tablado. Su aportación no se limita a explorar las esencias del death y el black metal, sino que va más allá y plantea un espectáculo conceptual en el que la música y las imágenes se funden de forma magistral. Bajo el título ‘In Absentia Dei’ (En La Ausencia De Dios) y al precio de 18€, se trató de un evento en streaming que reafirmó algo ya sabido desde hace tiempo: Nergal y compañía son la banda actual de máxima referencia en su género, en todos los sentidos.

Preludio: visiones desde el infierno

Durante los primeros once minutos de la retransmisión, Nergal se encargó de guiar al público por el lugar elegido para albergar el concierto: se trató de una iglesia polaca abandona, evangelista y de 120 años de antigüedad, el mismo cónclave en el que la banda rodó el videoclip para la canción “Blow Your Trumpets Gabriel” hace ocho años. El carismático frontman explicó los detalles de la producción del evento y las funciones del personal implicado, que componía el equipo responsable de ofrecer una experiencia musical y cinematográfica sobresaliente. Tras el breve aperitivo, llegó el turno de la música.

Imperial Triumphant fueron los encargados de desencadenar el caos desde el Slipper Room Cabaret de su Nueva York natal. Su repertorio, pregrabado y emitido en abierto, duró exactamente media hora y estuvo basado principalmente en su nuevo trabajo, ‘Alphaville’. El trío estadounidense cuenta ya con una trayectoria de 15 años a sus espaldas, pero ha sido en la segunda mitad de la pasada década cuando ha llegado a un público más amplio, aún más en este último año con su incorporación al sello referente Century Media. Desde la inicial “Rotted Futures” la banda dejó entrever su gusto por una estética sucia y ocultista. Realización y producción fueron mucho menores que las de Behemoth, pero su personal identidad y certera ejecución conquistaron a gran parte del respetable.

El trío neoyorquino practica un black metal experimental, en constante conversación con la música progresiva y el espíritu más ambiental del género. Así, blast beats a la velocidad de la luz se funden con melodías de trompeta en cortes como “Transmissions To Mercury” y “Atomic Age”, muestra de su atrevimiento artístico, que no entiende de límites ni esquematismos musicales. El viaje que proponen es tan ambicioso y variopinto que incluso acoge melodías clásicas de piano y del rock americano de los años ‘50.

Su destreza interpretativa quedó en evidencia mediante el control que demostraron a la hora de explorar diferentes dinámicas e intensidades. Pero más allá de lo musical, se trata de una banda que también prepara con sumo cuidado todo lo referente a su espectáculo escénico. Simbolizando diversos ritos religiosos y portando máscaras que podrían trasladar al público al universo opresivo del último filme de Stanley Kubrick,’Eyes Wide Shut’, el trío norteamericano subrayó su fascinación por el ocultismo.

De primeras podría parecer que tantos cambios de registro en su música resultan algo bruscos, pero esos elementos tan dispares fueron hilados con un gran acierto audiovisual. Imágenes místicas que corresponden tanto a interiores como a la gran ciudad fueron proyectadas entre canción y canción, y estas fueron las responsables de sumergir a los espectadores en un auténtico trance.

Pasajes de jazz, doom e incluso mathcore convivieron en el breve pero intenso repertorio de Imperial Triumphant, con la mirada puesta siempre en lo salvaje y lo visceral, hasta el intencionadamente abrupto final. El trío norteamericano fue capaz de realizar un cuidado espectáculo con sello personal, que fue al mismo tiempo artístico y entretenido.

Luces, cámara y posesión

Los conciertos de streaming se han extendido a lo largo y ancho del planeta debido al coronavirus, pero ciertas bandas han tratado de llevar este espectáculo audiovisual un paso más allá y ofrecer un show verdaderamente único y memorable. A día de hoy, podría decirse que Behemoth no tiene rival en lo que a la música metal se refiere.

El grupo polaco había pasado varios meses preparando esta cita señalada, ultimando junto al director de cine polaco Dariusz Szermanowicz cada uno de los detalles de un proyecto que la propia banda tildó como “tan o más complicado que la realización de un disco”. Ciertamente, la espera valió la pena, ya que se trató de algo más que un simple concierto al uso.

La atmósfera que caracteriza a los conciertos de Nergal y compañía se trasladó esta vez a la pantalla en todo su esplendor, algo que los espectadores pudieron atestiguar desde los primeros instantes del show. El arranque musical llegó tras una introducción cinematográfica de cinco minutos, que mostró el asedio a la iglesia por parte de los jinetes del apocalipsis. Este fue el primer episodio de una narración que se iría desarrollando a lo largo de su actuación.

La canción “Evoe”, que forma parte de ‘A Forest’, el EP más reciente de la banda, fue interpretada por vez primera y sirvió para dar comienzo al concierto. La ceremonial puesta en escena fue propulsada por iluminación, vestuario, fuegos y un escenario con forma de altar diseñado para la ocasión. La mayor diferencia radicó en que las imágenes que la banda suele proyectar en sus conciertos a través de una pantalla ubicada en la parte trasera del escenario tomaron esta vez vida propia en los diferentes rincones de la iglesia.

El despliegue audiovisual fue espectacular, la música brilló en todo su esplendor desde los primeros minutos y la labor de los realizadores es digna de alabar. Los encargados a las cámaras sacaron el máximo partido a las ventanas, esculturas y demás elementos visuales de la iglesia y dieron forma a un concierto inmersivo, una experiencia que bebe directamente de lo cinematográfico. “Wolves Ov Siberia” fue directa a la yugular, al igual que “Prometherion” y “From The Pagan Vastlands”. Estas dos últimas piezas fueron desempolvadas tras toda una década sin haber sido interpretadas en directo.

La banda dividió su actuación en cuatro actos y pasó al segundo con “Blow Your Trumpets Gabriel”, momento en el que los interludios audiovisuales pasaron del exterior al interior de la iglesia. Bailarines, trapecistas y pirotécnicos mostraron su arte ante la banda, cual ofrenda sagrada, y su creatividad fue realzada aún más con la vertiginosa elección de ángulos de cámara y los atmosféricos fundidos de montaje. “Antichristian Phenomenon”, “Conquer All” y “Lucifer” fueron el resto de temas que completaron esta fase de la actuación, momento que Nergal aprovechó para dirigirse por primera vez al público que seguía la retransmisión vía streaming y apelar a la unidad y a la celebración del black metal como vía de liberación para estos tiempos complicados. Uno de los reproches que podrían hacerse a la banda deviene de la elección por mantenerse sobre el escenario y no moverse de un lado a otro en esta fase inicial. Podrían haber sacado más provecho al singular entorno que la iglesia ofrecía y amplificar así su propuesta musical.

El tercer y más extenso acto arrancó con la memorable “Ora Pro Nobis Lucifer”, que fue acompañada por un endiablado espectáculo de danza aérea que la banda insertó dentro de su simbólico universo narrativo. Después llegó el turno de repasar material más antiguo, entre los que destacaron piezas como “Satan’s Sword (I Have Become)”, “Chwala Mordercom Wojciecha” y “Chant For Ezkaton 2000”. Para entonces, la banda ya había alcanzado el clímax atmosférico y el ambiente generado hizo las delicias de los miles de asistentes al otro lado de la pantalla.

Al adentrarse en estas canciones, el sonido se volvió más embarullado y empeoró sobre todo a las guitarras, reflejo de lo exigentes que resultan ciertos temas en el plano ejecutivo. Esta diferencia también sirvió para mostrar que cada vez es mayor la distancia tomada por la formación polaca hacia su material death metal más añejo. No obstante, estas canciones trasladaron a la banda a las diferentes plataformas de la iglesia. De ese modo, la mesa en la que tradicionalmente se ubican el cáliz y el cuerpo de Cristo fueron tomados por Nergal con antorchas en ambas manos, antes de pasar a otro espacio aún más alejado del escenario. El frotnman polaco se aproximó a uno de los ventanales del edificio, desde donde extendió tres banderas de marcada simbología totalitaria.

 

El cuarto y último acto llegó con las características melodías egipcias de “Sculpting The Throne Ov Seth”, canción que fue precedida por un nuevo fragmento audiovisual con el que Behemoth se sumergió de pleno en la estética del terror clásico. Un arquero prendió en llamas dos cruces invertidas y el momento fue acompañado acertadamente mediante el apocalipsis sonoro que el cuarteto planteó en esta fase final.

De todos modos, el momento álgido llegó justo después, de la mano de “Bartzabel”. Lejos de los vertiginosos riffs y ritmos de batería que han diferenciado a la banda a lo largo de su trayectoria, esta canción se sumerge en aguas de mayor calado emocional y esto deriva en una atmósfera que deja respirar a la música. Atrapa al oyente de tal modo que lo transporta mentalmente al medievo, mediante sentidos cantos gregorianos.

Sin embargo, este no fue más que un paréntesis, ya que acto seguido el grupo polaco retornó a la brutalidad sonora e hizo temblar los cimientos de la iglesia con el tema “Decade Of Therion”. Para entonces, la banda ya se había adentrado en la recta final de su actuación y el público podía dar fe de que estaba siendo testigo de una propuesta artística tejida a la perfección.

Al igual que lo llevan haciendo en sus actuaciones de directo desde la publicación del álbum ‘The Satanist’, la conclusión del show llegó con “O Father O Satan O Sun!”. Los coletazos finales mostraron a la iglesia en llamas y la banda en completo éxtasis escénico. Sin casi mediar palabra con los espectadores que les seguían desde diferentes rincones del planeta, Nergal y compañía se despidieron y pusieron el broche final a una espectacular actuación de casi dos horas. En esencia, lograron cautivar a todos y cada uno de los seguidores que secundaron su cruzada contra Dios.

No cabe duda de que, a día de hoy, el black metal dista mucho de sus postulados originales, tanto en el aspecto musical, como en el estético y el conceptual. Por eso mismo, Behemoth se ha erigido en los últimos años como la banda que mejor representa el género en la actualidad. La formación polaca nada entre la tradición y la ruptura, entre el absoluto respeto y la acción de mancillar. Domina y desafía los códigos de la representación y sigue simbolizando la transgresión lo cual la lleva, en última instancia, a acercarse al objetivo fundacional: la liberación.

Texto: Mikel Yarza

Promotor:Behemoth

Día:2020-09-05

Hora:20:00

Sala:Iglesia Secreta

Ciudad:Polonia

Teloneros:Imperial Triumphant

Puntuación:9