El cuarto álbum de estudio de la banda estadounidense se publicó el 5 de julio de 1988. Fue la segunda colaboración de Slayer con el productor Rick Rubin, cuyo trabajo en su anterior álbum 'Reign in Blood' habían ayudado a que su sonido evolucionara dentro de su personal estilo.

Tras el bombazo que supuso ‘Reign In Blood’ (1986), Slayer se sentaron a hablar. Sabían que no podían hacer otro disco igual y que, hiciesen lo que hiciesen, iba a ser comparado con éste. Siguiendo el curso de su evolución, decidieron hacer algo totalmente diferente. ‘South Of Heaven’, su cuarto álbum de estudio, representa en cierta manera una contraposición a lo anterior sin perder su esencia. El mundo vio a unos Slayer apocalípticos, más refinados y menos agresivos, pero igual de oscuros y crudos que siempre. Y una vez más, trabajaron con el productor Rick Rubin que los había catapultado a la cumbre anteriormente.

El ritmo se bajó deliberadamente, y eso fue algo notable desde el primer segundo de la canción “South Of Heaven”. Un tema que se lleva manteniendo entre los clásicos de la banda por décadas, así como la cruda “Mandatory Suicide”. Presentaban una nueva fórmula de sonido en la banda, presente a lo largo del disco: mínima distorsión, ritmo menos frenético y voz más clara.

Esto no quería decir que dejasen de sonar a los Slayer tal y como se conocían hasta la fecha, sino que pulieron su sonido de manera que se apreciaban mucho más los detalles. Por ejemplo, “Live Undead” podría formar parte de cualquiera de sus discos anteriores, pero no sonaría igual. Sin embargo, un aspecto que no cambió es la temática lírica basada en el apocalipsis, la muerte, asesinatos y de nuevo un tema basado en el nazismo.

“Behind The Crooked Cross” volvió a desatar la polémica, ya que Jeff Hanneman parecía disfrutar de escribir sobre temas bélicos. Jeff también fue el principal compositor de este álbum, donde Kerry King estuvo más ausente que nunca aunque siempre presente con sus afilados solos, destacando también la autoría de Tom Araya así como su atrevimiento a cantar más limpio y la increíble destreza a las baquetas de Dave Lombardo. El resultado es un conjunto bastante compacto en composición, destacando además de las anteriormente mencionadas la asesina “Cleanse The Soul”, el homenaje a Judas Priest con la cover de “Dissident Aggressor” o el final redondo que aporta “Spill The Blood”.

Si bien fue un disco que no recibió buenas críticas de primeras, fue una buena jugada. Con el tiempo se acabó considerando de las mejores obras pertenecientes a la discografía Slayer. Con ‘South Of Heaven’ demostraron que sabían hacer algo más que tocar “rápido y ruidoso”.

Iria López