La gente de Doctor Music, con Neo Sala al frente, se avanzó 15 años en el tiempo consiguiendo un festival de ensueño que dio al traste por diferentes motivos, todos de lo más dispar.

Ha llovido mucho… muchísimo. Pero antes de que Wacken me robara el corazón y decidiera pasarme por allí en el 99, y hasta día de hoy, tuve la oportunidad de asistir en el mejor festival de rock que ha tenido Cataluña, y casi seguro, de todo el Sur de Europa. El sitio era espectacular: un paraíso en plenos pirineos leridanos cerca de las poblaciones de La Guingueta, Esterri d’Àneu i Espot. Las vistas eran tan preciosas que todo un Dave Mustaine de Megadeth alucinaba sobre el escenario diciendo que quizá era el mejor sitio en el que había tocado en su vida.

La gente de Doctor Music, con Neo Sala al frente, se avanzó 15 años en el tiempo consiguiendo un festival de ensueño que dio al traste por diferentes motivos, todos de lo más dispar. Tres días de festival en 1996.

Por un lado era un festival de festivales en el que se aglutinaban estilos absolutamente diferentes como el techno, heavy metal, hardcore, música tradicional, pop moderno estilo Benicàssim, rock clásico, punk estilo Viña Rock, cantautores y el mal llamado rock catalán, que daba sus últimos coletazos de vacas gordas. Obviamente, ya de entrada, estaba más que claro que la cosa podía ser un polvorín y que podías vivir situaciones surrealistas. Afortunadamente el comportamiento de toda la gente fue ejemplar y la convivencia fue todo un ejemplo. Esperaban los organizadores que más allá de los Pirineos corriera la voz y que el evento llegara al nivel de los grandes festivales europeos. No fue así y Benicàssim, posteriormente, sí que dio en el clavo. En el Doctor había una inmensa mayoría de catalanes y bastante gente venida de muchísimos puntos de España.

El abrazo del sol catalán no es el del murciano, ni sopla el odioso cierzo zaragozano, pero el sitio tampoco era el ideal. Fuera de las puertas del festival había naturaleza y poco más, y el sol apretó duro en las tres ediciones hasta el punto que sólo podías hacer vida a partir de las 18:00. El polvo se levantaba a todas horas y los bomberos no paraban de rociar los caminos. Supongo que es algo similar a lo que pasa en el Hellfest, pero en esos tiempos no teníamos mascarillas. Finalmente, y a pesar de tener unos carteles alucinantes, la cosa fue de más a menos en cuanto a venta de entradas. Si a ello le sumas unos ayuntamientos que pretenden no pagar parte de lo acordado y que exigían grupos que atrayesen a público sénior para vender más cubatas y menos cerveza, pues la cosa terminó yéndose al garete. Doctor Music había firmado un contrato para unos 12 años al finalizar la edición de 1998, y sorpresa, la cuarta se celebró en Asturias. Hasta allí no fui; pero los que sí lo hicieron me contaron que el apocalipsis en forma de lluvia y viento devastó el festival definitivamente.

DOCTOR MUSIC 1996

Agárrense pues el cartel de debut era impresionante y a la vez raro… Sepultura en su cénit, ¡Moby cuando era rockero! Lou Reed, Iggy Pop, Patti Smith, Bad Religion, Massive Attack, Paradise Lost ¡con pelos largos!, Ktulu en lo más alto, Massive Attack, Neneh Cherry, Echobelly, David Bowie, Fun Lovin Criminals, Suede, Blur, Morcheeba, The Mission o Dog Eat Dog. Obviamente cada uno se hacía su ruta de conciertos a pesar de que habría cambios de horarios y escenarios que terminarían desconcertando y haciendo que algún año un servidor no viera a determinado grupo debido a que era casi imposible enterarse del baile de cambios. A modo de bienvenida había un libreto que te contaba cómo tenías que comportarte escrito en modo colegueo. No logro encontrarlo, pero sirva esto de ejemplo: en vez de “evite orinar en el césped” decía algo así como: “tronko, pasa de malos rollos y movidas chungas y no dejes tu agua amarilla por las eskinas que luego es un marrón para todos”. Si algún día lo encuentro prometo colgarlo pues eran unas 10 páginas con esta misma calidad literaria. Y es que no hay nada más bochornoso que cuando la gente mayor intenta hacer cosas de jóvenes…

Para el recuerdo quedará el abrasivo show de Sepultura, quizá lo mejor que se vivió en ese festival. Iggy Pop la lió lanzándose al público y siendo rescatado por la seguridad. Bad Religion tuvieron la gran idea de hacer subir a un chaval a modo de perder tiempo y así arreglar los problemas técnicos. Les salió un simpático espontáneo que se dedicó a tocar la barriga de Greg Graffin a la voz de “estás calvo y gordo”. Lo repitió unas 150 veces y al público nos hizo tanta gracia que empezamos a corear “Gordo, gordo, gordo”. Pero a la segunda vez que lo dijo a Grge ya no le gustó. Imaginad las restantes 148… y el mismo cantante lo sacó a palos de escena. A partir de ese momento Bad Religion estuvieron estelares pues era la época de “The Gray Race”. El surrealismo auditivo empezó con “Dog Eat Dog”. Cada vez que paraban oíamos a Suede tocando, hasta el punto que el cantante gritó que bajaran el volumen. Las distancias no eran las adecuadas entre escenarios y a veces era molesto y cabreante oír dos concierto a la vez. Combinar Dog Eat Dog y Suede ya es friki, pero el cúlmen fue cuando coincidieron Slayer y… ¡Blur! Nunca olvidaré la espectacular coincidencia en el espacio tiempo de “Girl and Boy” con “Angel of Death”. David Ghetta, mezcla eso si tienes un par de pendrives…

Por otro lado mi primera toma de contacto en directo con Paradise Lost fue como las posteriores… con problemas de sonido. Presentaban “Draconian Times” y Holmes andaba cabreado porque a pesar de que lo intentaba, el chico de las luces no le hacía caso… muy probablemente porque no hablaba inglés. Bowie estuvo realmente bien y el Moby rockero se cabreó de lo lindo con la organización del festival hasta el punto que tiró el micro al suelo y se largó dejando a la gente colgada. The Killer Barbies vivían un sueño y realizaron un enorme concierto y los catalanes Afraid to Speak in Public gozaban de sus años de gloria. A Patti Smith la subieron en furgoneta y dice la leyenda que se mareó y vomitó de camino. Aspid también estaban en gran forma y capearon el sol pirenaico con buenas maneras.

En el apartado más friki había una muestra de acordeón tradicional, el sideral Pau Riba o gente que empezó con fuerza como los Buenas Noches Rose o a unos entonces emergentes M-Clan. Eran tiempos de adolescente y, mirando el cartel, a día de hoy, me arrepiento de veras de no haber estado en muchos conciertos, básicamente porque desconocía a gente como The Mission, Fun Lovin Criminals o Echobelly. Lo más grande del festival es que podías llegar a ver a bandas que nunca irías a ver, y lo bueno es que la mayoría de los que visitaban Escalarre estaban en el punto más alto de su carrera. A ello hay que sumarle que por aquellos años Cataluña contaba con el programa musical Sputnik y la cobertura televisiva era amplia y realmente profesional. Si uno busca videos en la red puede disfrutar del fabuloso show de Sepultura o el “gordo, gordo” mítico de Bad Religion. La nota negativa fueron los vasos de cerveza de plástico que se astillaban al ser pisados y que cabrearon enormemente a ecologistas y lugareños.

Jordi Tàrrega