El power metal le debe mucho al segundo y tercer trabajo de Helloween. Publicada la primera parte en 1987 y la segundo en 1988, los alemanes revolución el panorama del heavy metal con un jovencísimo Michael Kiske gobernando con su voz todas estas canciones.

Después de la edición de ‘Walls of Jericho’, un disco veloz y agresivo en su ejecución pero lleno de melodías mucho más positivas que las que hacían los grupos ‘agresivos’ que salían de la Bay Area, Helloween estaban en el momento idóneo para dar el salto. Tan solo había un problema: que su guitarrista y ‘padre’, Kai Hansen, no podía seguir cantando a un nivel decente mientras tocaba la guitarra a la vez como un demonio. Entra en juego un jovencísimo Michael Kiske, que ficha como vocalista de la banda y con apenas mayoría de edad se enfrenta a algo nunca visto en el mundo del heavy metal de aquel momento: un disco doble. En efecto, Helloween tenían mucho material preparado para su próximo disco y querían mostrar a su nuevo vocalista con un disco doble tildado de conceptual pero que realmente no tenía concepto.

Keeper of the Seven Keys’ vería la luz finalmente no como disco doble, sino como dos discos por separado que se editarían en Mayo de 1987 y Agosto de 1988. El dueño de Noise Records se negó a editar un disco doble, asegurando que dos discos por separado se venderían mucho mejor. Además, la banda no tenía tantos temas finalizados y era la mejor decisión para no retrasar aún más el nuevo trabajo de los alemanes.

La grabación de ‘Keeper of the Seven Keys Part I’ no fue fácil. A la volátil mezcla de personalidades que formaba Helloween, había que sumar que los problemas de salud obligaron al guitarrista Michael Weikath a dar un paso al lado en los meses previos al disco. Una operación en la que le retiraron un testículo y una posterior crisis nerviosa hicieron que fuese Kai Hansen quien llevase el peso de la composición en la primera parte.

Las canciones de Hansen, melódicas y pegadizas, dominan el primer volumen, con piezas muy destacadas como “I’m Alive”, “Future World” o “Halloween”. Para el jefe de Noise, Hansen siempre fue el niño bonito, algo que Michael Weikath no compartía precisamente. Por eso y a la vista de los acontecimientos relativos a su salud, dejó mucho del peso del primer disco a Hansen, con quien Karl Ulrich Walterbach se entendía mucho mejor en cuestiones como la selección de temas y la secuencia del disco. Tal fue la frustración de Weikath en alguna ocasión que se tuvo que marchar del estudio más pronto de la cuenta, como cuenta el libro “Damn the Machine : The story of Noise Records”. Tampoco le fue fácil a Hansen trabajar con su compañero de banda, decidido a dejar a Hansen con todo el peso y reducir su presencia a ‘hacer los solos que se me pidan’, en sus propias palabras.

Por su parte, Kiske estaba exultante y dejó asombrados a todos quienes trabajaron con él en el disco, especialmente al duo de productores formados por Tommy Newton y Tommy Hansen, quienes se encontraron con un vocalista que podía cantar seis o siete horas seguidas sin sufrir problemas de voz. El control de la voz de Kiske era impresionante para la edad que tenía y para venir de un entorno de bandas totalmente amateur.

El disco sería finalmente editado el 29 de agosto de 1988, coincidiendo con la aparición de Helloween en el festival de Donington de aquel año. Telonearían a Iron Maiden en los meses venideros como parte de la gira “Monsters of Rock” y el tour ‘Seventh Son Of A Seventh Son’ de los británicos, una de sus cúspides de popularidad. Pero en Helloween las cosas seguían su curso y Kai Hansen ya tenía un pie fuera. Su última gira, el “Pumpkins Fly Free” a lo largo de Alemania y UK serviría como despedida efectiva, tocando su último concierto con la banda el 8 de noviembre de 1988 en Birmingham. Sería sustituido por Roland Grapow, hasta entonces guitarrista del grupo Rampage y, en sus propias palabras, “un amateur total”. Con él finalizarían la gira en Junio de 1989, con el “Keeper II” pasando el millón de discos vendidos y certificado como disco de oro en múltiples territorios como Alemania y Japón.

Sería el último gran momento de Helloween en mucho tiempo. Lo que vendría después (los decepcionantes “Pink Bubbles Go Ape” y “Chameleon” junto con la salida de Kiske de la banda) sellarían un futuro incierto para unos Helloween que no supieron o no pudieron surfear la ola del éxito cuando estaban en el zenit de sus capacidades.

Sergi Ramos