De lo mejor a lo peor, del cielo al infierno, del todo a la nada... eso es lo que ha conseguido Machine Head en los últimos años: publicar su mejor álbum en 2007, 'The Blackening', y desde ahí iniciar su decadencia en estudio hasta el 'Catharsis' de este 2008.

Machine Head ha pasado por muchas fases a lo largo de su carrera. No solo estéticamente, donde se puede recordar a Robb Flynn con trencitas pegadas a la cabeza y ropa más propia del estilo de un rapero, sino en el ámbito musical, que es a lo que vamos en este artículo.

La época dorada

The Blackening Machine HeadSi bien es cierto que su primera época fue la que comenzó a labrar todo lo que el grupo es a día de hoy, en cuanto a su trabajo en el estudio, 2007 fue el año en el que Machine Head se coronó. The Blackening tuvo la culpa de ello, y es que después de publicar varios discos con muchas luces pero otras tantas sombras, este álbum apenas tenía fisuras, lo que le hizo convertirse en uno de los mejores que se ha lanzado al público en el siglo XXI, y del mismo modo en el disco más completo que han materializado en su carrera.

El tracklist de ‘The Blackening‘ no posee un solo pero de principio a fin. Es cierto que en otros álbumes se hallan exitazos de la formación norteamericana como “Davidian“, “Old“, “Imperium” o la posterior “This Is The End” entre muchas otras, no obstante, ¿quién se imagina a día de hoy un directo de Machine Head en el que no toquen Beautiful Morning“, “Aesthetics Of Hate” o “Halo y te deje como si te hubieras puesto a echar un polvo y no llegases al orgasmo? Pues eso.

La ‘Catharsis’ de Machine Head

¿Cuál es el problema? Que con ‘Unto The Locust‘ hubo buen nivel aunque no tanto en 2012, que en 2014 ‘Bloodstone & Diamonds‘ ya generó una división bastante mayor entre las críticas buenas y malas, y, finalmente, en 2018 ha llegado Catharsis, con el que, como decían en aquel vídeo que tan popular y viral se hizo, Machine Head “la ha liado parda”.

Este álbum es largo (15 canciones), sin embargo, no son como esos “Now I Lay Thee Down” o  “Clenching The Fists Of Dissent“, las cuales te ponen los pelos de punta  (hasta si eres calvo la pelusilla) pese a no ser los temas más destacados del disco, sino que son cortes que, como se suele decir, ni fu ni fa. Los escuchas como puedes escuchar una canción de un artista que no conoces, solo que aquí es fácil distinguir la voz de Flynn y el sonido de la banda respecto a una banda desconocida.

Una de las canciones que ha generado más controversia de este ‘Catharsis‘ (si lo has escuchado ya sabrás a cuál me voy a referir) es “Bastards”. La letra puede decir misa, puede ser reivindicativa con todos los aspectos negativos de la sociedad, pero la miga está en la parte instrumental y en la melodía. El espíritu de Dropkick Murphys se apoderó durante la composición de este tema de Machine Head, y si no fue ese, poco faltó, y así salió este tema.

Salvo por la voz de Robb Flynn, antes de publicar este trabajo nadie se esperaba algo de este tipo en el disco de los estadounidenses (si defiendes que lo hacías, eres Invent Man), y en el mundo del metal si haces algo distinto a lo habitual, sea bueno o malo, el metalhead/metalpaco de turno, depende con cual te topes, te sacrificará en su castillo del metal rodeado de dragones y mazmorras.

En directo bien, en estudio…

El nivel de Machine Head en la escena se ha ido incrementando hasta llegar a materializar las dos últimas giras en solitario. En los conciertos denominados como “An evening with Machine Head”, los norteamericanos han rodado solos, sin ningún telonero. De este modo han querido demostrar que ellos mismos se valen para llenar salas. Sin embargo, no nos confundamos, el hecho de que la banda sea capaz de hacerlo no es ni mucho menos por sus dos últimos trabajos, momento en el que empezaron a hacer esto, sino por toda la trayectoria que le precede.

Para añadirle más epicidad a esta estrategia a lo Juan Palomo, con el ‘Catharsis World Tour’ pasaron la barrera de afirmar que renunciaban a hacer festivales. ¿Qué es eso de compartir escenario con otros grupos? Eso es de pobres (algo así puede que pensase nuestro amigo Robb, aunque no nos lo ha dicho todavía).

Su último periplo por España mostró que a pesar de que las críticas a su último disco han sido severas, los aficionados hasta coreaban los temas (aunque no se volvían tan locos como con los clásicos). No obstante, el solitario camino que lleva tomando Machine Head en los últimos años llama la atención al compararlo con el de otros artistas, y habrá que ver cómo continúa evolucionando, puesto que sus directos se han proyectado hacia arriba, mientras que su trabajo de estudio ha caído en picado. Solo con el transcurso del tiempo se vislumbrará qué sucede en otros 11 años. Si en este periodo han ido del cielo al infierno en cuanto a sus discos, ¿serán capaces de volver a llamar a las puertas de San Pedro? Machine Head tiene la palabra.

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