Muchas bandas de metal extremo consideran 'To Mega Therion' la guía musical perfecta del género. Publicado el 27 de octubre de 1985, con una portada creada por H. R. Giger y titulada Satan I, se considera este trabajo de estreno de los suizos como la mayor influencia del death y el black metal.

Tom Gabriel Warrior había comenzado su camino con Helhammer, banda que influenció de manera evidente a todo el metal extremo en general, siendo de un país como Suiza mucha gente no les tomó en serio en su momento, aunque se estaba generando en nuestras narices el caldo de cultivo para todo lo que vendría después. Esta falta de éxito que tuvo en sus inicios le hizo a Tom replantearse muchas cosas como hacer borrón y cuenta nueva para darle vida a una banda tan importante como Celtic Frost, que expandió su influencia a nivel mundial y fue el eje definitivo con una nueva manera de entender la música se vislumbraba.

Después de dos EPs este era el debut oficial, una portada bastante sugerente nos indicaba que algo especial estaba en nuestras manos, el visionario Tom G no imaginaria el grado de influencia que podía llegar a ejercer no solo en el lado más violento de la música, sino en géneros como el gothic, el doom, avantgarde etc. Por todos lados podemos encontrar la escuela que ha sido Celtic Frost en el metal y nada más comenzar el álbum se encuentra un tema como “Innocence And Wrath”,  donde se nota un ambiente oscuro y siniestro que sirve como introducción a la clásica “The Usurper”, aquí ya empiezan a notarse los memorables “Ugh!” de Tom G. Warrior, junto a los pesados riffs que hacían de este trabajo algo diferente a lo que se cocía en esos tiempos. Lo mejor que tiene Celtic Frost es lo variado que pueden llegar a ser, un ejemplo es “Jewel Throne”, que parece un medio tiempo, pero que finaliza con una de las partes más rápidas de todo el disco. ‘To Mega Therion’ se podría separar en dos partes, la más heavy o trasher en temas como “Circle Of The Tyrants” y “Fainted Eyes”, y otra más enfocada a la atmosfera y oscuridad, donde tenemos tracks como la instrumental “Tears In A Prophet’s Dream”, que influencio mucho al black en los noventa, o “Necromantical Screams” y “Dawn Of Meggido”, más doom.

Sobra recomendar un álbum de este calibre, prácticamente cualquiera que tenga un mínimo conocimiento de la historia del metal extremo, tendría que conocer a Celtic Frost, y por consiguiente tener este disco en un pedestal dentro de cualquier colección, música atemporal que guarda una influencia clara y directa sobre muchísimos estilos que existirían después.

Carlos Neubert