Galicia es una comunidad rica a todos los niveles, y musicalmente cuenta con una gran cantidad de bandas increíbles en núcleos relativamente pequeños. Gracias a la autogestión, el "hazlo tú mismo", las colaboraciones con pequeños o medianos sellos, promotoras, fanzines, centros socioculturales, plataformas digitales y/o estudios de grabación de diferentes lugares de la geografía y a recorrer kilómetros -muchas veces perdiendo dinero y paciencia- muchos grupos galaicos han conseguido conformar una joven y heterogénea escena.

La escena musical gallega lleva años ofreciendo nuevas propuestas con alcance tanto nacional como internacional en cualquier rama tanto del metal y rock como del pop, electrónica, folk o indie, y muestra de ello es la talentosa y variada escena con más o menos repercusión mediática de la última década donde resuenan nombres como Bala, Nashgul, Agoraphobia, The Soul Jacket, Sangre de Muérdago (con sede en Alemania), Triángulo de Amor Bizarro, Holywater, Dismal (recién reunidos después de años de inactividad para realizar unos cuantos conciertos -en principio solamente durante 2022-) o los ya difuntos Unicornibot, Noise Project, Vieitör, Solfabirras, Ekkaia, Machetazo, Guerrera o Ictus.

La cultura gallega va más allá de las tres o cuatro playas citadas como paraísos terrenales en medios generalistas, de la fantástica gastronomía de todo el territorio galaico o de eventos como el Resurrection Fest (al cual se le agradece dar visibilidad tanto a bandas gigantes como locales cuando a estas alturas podrían prescindir totalmente de estas últimas si quisiesen) u otros a los que solamente parece interesarles lo local cuando es Año Xacobeo y hay que llenar plazas con «adornos». Lo más rico a veces está en lo más escondido, y a la vista está lo que lugares como el Liceo Mutante de Pontevedra, la extinta Nave 1839 (antes Casa Tomada) de A Coruña u otros locales, centros sociales autogestionados o casas okupa han programado a lo largo de los años por puro amor al arte.

Si bien hay docenas de bandas de sobra conocidas, también existen otras tantas emergentes que llevan unos pocos años sacando material interesante o trabajando duro para lograr algo de reconocimiento. Además de los grupos citados, también hay que considerar el trabajo de Balmog, Lóstregos, Dioivo, Obskkvlt, Barbarian Prophecies, Ruinas o Ovakner dentro del black y death metal, el thrash de Salavelatoria, el núcleo emergente de hardcore, deathcore y beatdown de Ashes Of Eden, True To Life o Fractura, el sludge y noise punk de Cuchillo de Fuego, el blues punk de Thee Blind Crows, la suciedad crust y doom de Hongo, las propuestas a caballo entre el hardcore y stoner metalizado de gente como Salvaje o Mano de Piedra o los proyectos tanto de jazz como de rock del prolífico Virxilio da Silva. Dicho esto, esta es nuestra pequeña selección de 5 bandas gallegas a las que tener en cuenta.

Moura

El grupo con sede en A Coruña creado aproximadamente en 2015 e integrado actualmente por Diego Veiga (guitarra, voz y harmónica), Hugo Santeiro (guitarra), Fernando Vilaboi (hammond, teclados), Luis Casanova (batería) y Pedro Alberte (bajo) cuenta entre sus filas con exmilitantes de Guerrera, Holywater, Ictus, Lüger o Cuchillo de Fuego ya curtidos en la materia. Está amparado por el sello linense Spinda Records, con el que ha sacado un sencillo en 2021 para el recopilatorio ‘Grados. Minutos. Segundos’ y con el que también estrenará su segundo LP: ‘Axexan, espreitan’.

Moura (Foto: Leo López)

Todavía está por ver con qué nos sorprenderá Moura (nombre en referencia a unas criaturas mitológicas celtas personificadas como hadas) después de su debut homónimo en 2020, pero todo indica a que seguirá los senderos ya transitados de la psicodelia, folk tradicional gallego y rock progresivo con aires setenteros que pueden evocar a artistas ya históricos como N.H.U. o incluso Goma 2. Quién sabe si esta vez contará con A Irmandade Ártabra (Belém Tajes y Antonio Prado) más allá de las colaboraciones puntuales que han tenido recientemente.

Kaleikia

Pablo Senra (bajo), Manuel Kölmel (batería) y Manuel Méndez (guitarra) empezaron su aventura en el verano de 2017 en el local Rancho da Ola a raíz de un anterior proyecto llamado Vulkano, en el que los tres militan. Poco después de sus primeras reuniones, Pilar F. Yuste (piano y arpa celta) se une a ellos y, ya en formato cuarteto, autoeditan ‘Oileán Fada’ (2019), título en celta antiguo que hace referencia a la playa de A Lanzada.

Kaleikia (Foto: Nuria Ordóñez Torrado)

Autodefinidos de manera bastante acertada como post-stoner, estos siervos del rock instrumental llamados Kaleikia (apelativo con el que los griegos bautizaron a Galicia) con base en Sanxenxo e influenciados tanto por Toundra, Tool, Kyuss, Rage Against The Machine o Queens The Stone Age como por el jazz y la música clásica logran con éxito hacer viajar al oyente a lomos de un cormorán por los parajes naturales gallegos con sus melodías progresivas consiguiendo adentrarte de lleno, y sin decir ni una sola palabra, en una catarsis musical emocional, nostálgica y bella. Con un solo álbum (y otro en proceso) han conseguido invadir las plataformas digitales ganándose fans en todo el mundo.

Grima

Hace un par de décadas años podría parecer raro que una banda estuviese formada solamente por un bajo y una batería, pero a comienzos de los 00’s esto dio un giro gracias a artistas como Death From Above 1979, Lightning Bolt, Om o, más recientemente, con los más conocidos Royal Blood. Grima podrían entrar también en esta misma liga por utlizar los mismos elementos, en su caso para visitar los terrenos mestizos del punk más bailongo y distorsionado y del rock progresivo.

Grima (Foto: David Tombilla)

Si te has quedado en el medievo y todavía piensas que con estos dos instrumentos, asociados históricamente como acompañamiento rítmico básico de cualquier banda tradicional, no se puede hacer música potente y de calidad, échale un ojo a lo que Laura Villar (bajo y voz) y Facundo Pardo (batería) son capaces de hacer. Próximamente, esperemos que en este 2022, demostrarán con un nuevo LP (parece que mucho mejor producido e ideado que el primero) lo que se traen entre manos, aunque el atronador sencillo adelanto “You Choke Me» ya parece indicar por dónde irán los tiros del sucesor de ‘A ver a qué sabe’ (2018).

Cró!

Los vigueses Cró! no son una banda precisamente nueva. Su carrera se extiende ya a unos 15 años atrás, pero su incasable afán por crear y mantenerse en la primerísima línea del rock gallego (y europeo) sin desperdiciar el tiempo es algo digno de mención. Lo suyo es la música progresiva a lo King Crimson, pero sus escarceos con el jazz, post-rock e incluso post-hardcore son también palpables en ocasiones. El crear canciones complejas y a veces caóticas con actitud punk, además, no les obliga a dejar en segundo plano el virtuosismo.

Cró! (Foto: Sergio Albert)

Se espera que el sexto largo de Rubén Abad (guitarra y voz), Xabier Núñez (teclados y voz), Cibrán Rey (batería y coros) y David Santos (bajo y coros) llegue en abril bajo el título de ‘Buah’, el mismo que ya utilizaron para estrenar el single que lanzaron con Spinda Records (al igual que sus colegas Moura) en 2021.

Tenue

Este trío a dos voces con percusiones a golpe de d-beat conformado por Miguel (guitarra y voz), Daniel (batería) y Álex (guitarra y voz)  empezó a asomar la pata en 2017 con el estreno de la demo ‘MMXVII’, la cual daría pie al EP ‘Anábasis’ en 2018. En 2021, los músicos guardeses estrenaron ‘Territorios’, un trabajo con alma crust, corazón screamo y efluvios metaleros que cuenta con un solo tema de casi media hora y que ha despertado el interés de muchísimas personas asiduas al underground y la autogestión de toda Europa y América.

Tenue (Foto: Dave_19)

Con ‘Territorios’, Tenue ha conseguido que sus gritos reivindicativos lleguen a hacerse eco en medios enormes como Stereogum, Rolling Stone o Brooklyn Vegan, cosa que podría parecer imposible sin intereses económicos o favores de por medio. Claro ejemplo de que no es necesario abandonar tus principios y pasiones para tener una repercusión que rompa barreras y prejuicios que ojalá sirva no solamente para que ellos sigan adelante, sino para que también empiece a agitarse lo máximo posible cualquier proyecto artístico alejado de lo convencional con planes de futuro. La calidad no está reñida con la popularidad a la hora de disfrutar, y tener la oportunidad y libertad de admirar tanto un disco de Metallica o Dua Lipa como una maqueta ruidosa de tus talentosos vecinos debería ser obligatorio. Y más en los tiempos que vivimos.

Jaime Tomé