- Fecha
- 29 de octubre de 2005
En el fin de semana metalero que cerró el mes de octubre en Granada Epica fueron los triunfadores absolutos. Con cinco veces más público que Paul Di’anno la noche anterior los holandeses salieron victoriosos de la Copera un año después de su última venida por estas tierras, y eso era algo que se intuía incluso antes de comenzar el concierto, sólo con ver el ambiente en la sala y la cantidad de camisetas del grupo que había rondando. Aún así no todo fueron buenas noticias, puesto que los anunciados teloneros Oceans of Sadness no actuaron, después de sustituir en el cartel a The Old Dead Tree. Al final ninguno de los dos grupos salieron a escena, por lo que directamente los chicos de Mark Jansen se encargaron de romper el hielo, lo que provocó que más de uno se confiara y llegara con el concierto empezado.
Tras la intro de rigor el grupo empezó con ‘Mother of Light’, perfecta para abrir boca. Tras los primeros acordes de la canción apareció sobre las tablas la joven Simone Simons, provocando la ovación del público, que jalearon al combo en todo momento. Apoyados en un buen sonido y un juego de luces eficaz, los músicos no dejaron de moverse y cabecear salvajemente, incluida la delicada cantante. A ello se le sumó el efecto ‘videoclip’ de ver las melenas de los músicos al viento, gracias a los ventiladores situados en la parte frontal del escenario, para acabar formando un fuerte componente visual.
El concierto continuó con ‘The Last Crusade’, una de las mejores piezas de su último disco, aunque esta vez sonó algo diferente ya que se prescindió de los coros majestuosos grabados en estudio. Aún así este caso fue la excepción, puesto que para el resto de canciones sí que sonaron pregrabados los coros característicos. Habrá quien piense que el hecho de llevar esta parte de la música enlatada le quita encanto al directo (y su parte de razón lleva), pero para el estilo que practican Epica si se eliminan los coros las composiciones se quedan francamente desnudas. Muchos desearían que la banda llevara consigo un grupo de coristas al estilo de Therion, aunque hay que ser realistas, porque no todos se pueden permitir ese lujo y a veces es preferible que un directo suene en condiciones antes que fastidiarla por querer ser los abanderados de la honestidad.
Opiniones personales aparte, Epica sonaron estupendamente y muy compactos. Simone Simons estuvo espectacular durante todo el concierto, tanto en las partes operísticas como en las más ‘ligeras’. Por otro lado, y nada desdeñable, llevó a cabo su labor de front-woman eficazmente, sonriendo continuamente y animando al público y teatralizando su interpretación. Un diez para la simpática cantante. El contrapunto vino de la mano del cerebro Mark Jansen, que se desgañitó rasgando la voz como un cantante de black metal, y de qué forma. El juego bella-bestia de las voces es una de las señas de identidad de la formación y esta noche funcionó a la perfección.
La primera concesión al disco de debut llegó pronto con ‘Sensorium’, cuya base rítmica hizo botar a la concurrencia, seguida de otras como ‘Run for a fall’, ‘Illusive consensus’ o ‘Cry for the moon’. El repertorio estuvo muy equilibrado y los dos discos de la banda estuvieron bien representados. A mitad de la actuación llegó el momento de relax con la balada ‘Solitary Ground’, en la que Simons cantó deliciosamente bien, seguida de la trepidante ‘Seif al Din’ y sus melodías arabescas.
La primera parte del concierto acabó con ‘The Phantom Agony’, muy coreada por un público completamente entregado a la causa, tras la cual Epica se marcharon del escenario después de poco más de una hora de directo. Aún así nadie se tragó el viejísimo truco y reclamó la presencia de la banda coreando el típico “oe, oe”, algo que por lo visto le hizo gracia al teclista Jeroen Simons, que siguió el juego y empezó a cantar “olé, olé” (y es que hay tópicos que los españoles no podremos quitarnos de encima aunque pasen mil años).
Esta última parte del concierto fue mucho más relajada y los artistas se mostraron más sonrientes, ya que se lo estaban pasando como los indios sobre el escenario y eran conscientes de que estaban haciendo un buen concierto. Incluso Simone y Jeroen quisieron demostrarle a la gente que no estaban beodos y jugaron a aguantar una botella sobre la cabeza.
Finalmente el show se cerró con la pegadiza melodía de ‘Quietus’ y la compleja ‘Consign to Oblivion’, con la que se puso el broche de oro a una actuación casi perfecta. Epica vinieron a Granada a confirmarse como algo más que una banda que promete y se fueron como una de las grandes. Chapeau.
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Fotos: Pablo Garcia







