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The Metal Circus
Live

ATARFE VEGA ROCK 2006 – GAMMA RAY

8
Fecha
11 de marzo de 2006

Se puede decir que Gamma Ray eran casi la última esperanza de este Atarfe Vega Rock, después de la nefasta segunda jornada, de la que misteriosamente se cayeron Behemoth y Crematory. Servidor pudo constatar que durante las actuaciones repetidas de Impaled Nazarene y Vicious Rumors fueron mayoría los que prefirieron quedarse en la barra o en la zona de acampada, para dar buena cuenta de los manjares festivaleros (calimocho en sus diferentes variedades, embutidos, bocatas grasientos y demás exquisiteces). Con las cosas así, no fueron pocos quienes fueron a ver al ‘tito Kai’ para echar el resto y finiquitar el festival, y el tito, que de estas cosas sabe un rato, trajo a tierras granadinas un repertorio netamente de festival, para dar botes y cantar a tope.

No le hizo falta al rubio guitarrista mucho para meterse a la gente en el bolsillo. Con “Gardens of the sinner” ya se vio pronto por dónde iban a ir los tiros: mucho clásico y pocas concesiones a su excelente último disco. Pronto sonaron “Armaggedon”, “Rebellion in dreamland” y “Valley of the kings”, tres joyas que no pasan de moda por mucho que se toquen una y otra vez. De todas formas el señor Hansen podría haberse arriesgado un poco más, porque con nueve discos de estudio tiene canciones que en directo aguantan de sobra (“Strangers in the night”, “Beyond the black hole”, “Lust for life”, etcétera). No fue así, y optó por ir sobre seguro, con piezas como “The silence” y “Heavy metal universe”, con las que la gente se lo pasó como los indios. ¿Poco arriesgado? Quizá. ¿Eficaz? Por supuesto. Es la eterna duda: ¿cómo repartir el poco tiempo de concierto en un festival? Lo mejor seguramente sea tirar de lo más conocido, aunque personalmente me hubiera ido un pelín más contento con algún que otro tema más. En cualquier caso eso entra ya dentro de los gustos personales de cada uno, y para ese tema no pueden existir jueces.

El sonido a veces no era todo lo bueno que cabría esperarse, aunque visto lo visto (o escuchado lo escuchado), casi había que llorar de alegría por poder reconocer las canciones con los primeros acordes. El peor parado de toda esta situación fue el teclista que acompañó al grupo en esta ocasión, que podría haber hecho el paripé con el teclado desconectado y nadie se habría dado cuenta. Kai Hansen, que esta vez ocultó su galopante alopecia con un pañuelo (no somos nadie…), estuvo simplemente correcto con las voces y derrochó sonrisas a troche y moche, como es habitual en él.

Del último disco sonó bastante poco. La cañera “Fight” y, para mí la mejor del álbum, “Blood religion”, fueron las elegidas para justificar que este hombre sigue componiendo a buen nivel. Ni tuvo el mejor sonido ni fue su mejor actuación, pero fue un concierto “apañao”, como dirían las abuelas de mi pueblo, que sirvió para salvar un poco los muebles del festival. Es lo que se esperaba de ellos. Qué menos que eso.