- Fecha
- 11 de febrero de 2005
Uno de los principales alicientes del evento era, para un servidor, la presencia de dos bandas teloneras que realmente me apetecía ver: EDENBRIDGE y MANTICORA. Para mi decepción y para la de muchos otros, los primeros no iban a actuar (tal y como había sucedido el día anterior en Madrid), por enfermedad de su cantante. Pues bueno, toca resignarse. Otra vez será.
Nada más poner el pie en la sala Razzmatazz 2 comenzó la actuación de los daneses MANTICORA. Esto es puntualidad y lo demás son tonterías (si hubiera llegado diez minutos antes mi puntualidad hubiera quedado algo más en entredicho, obviamente).
El grupo salió fuerte y mantuvo su tesón durante la media hora, logrando recrear desde un principio esa muralla sónica consistente característica de su más reciente obra de estudio, “8 Deadly Sins”, de la cual salieron la mayor parte de los temas con los que nos deleitaron esa noche. El cantante Lars F. Larsen supo cumplir con creces su labor de frontman, en parte gracias a sus rápidos movimientos y a unas paranoides carreras por el escenario que ciertamente incitaban a la algarabía. Temas como “King of the Absurd” sonaron musculosos y, por lo general, el sonido fue bastante decente. Lástima que la actuación se hiciera bastante corta. Eso sí, el público los despidió de forma bastante entusiasta.
Debido a la ausencia de EDENBRIDGE, ANGRA saltaron a escena con algo de antelación sobre la hora prevista. No éramos muchos los allí congregados, pues la sala se encontraba más o menos a la mitad de su capacidad. Por todos es sabido que los brasileños no congregan a tal cantidad de público como STRATOVARIUS, GAMMA RAY o BLIND GUARDIAN, pero a pesar de ello esperaba encontrarme con un recinto algo más lleno. Por otra parte, me gustaría destacar que el sonido fue francamente malo durante toda la actuación, mejorando en algunos temas pero volviendo a carecer de definición en otros. Básicamente podríamos decir que la voz de Edu Falaschi se oía muy poco, soterrada en el terremoto instrumental, el teclado fue nulo durante toda la velada y la batería lo sepultó todo con un sonido demasiado atronador. A pesar de ello, este elemento no pareció ser óbice para que el público se lo pasara en grande.
El recital comenzó con tres cortes del último disco de la banda, introducción incluida. Aunque fueron dos temas muy bien recibidos, como es obvio, las composiciones más celebradas a lo largo de la noche serían los clásicos por antonomasia de la banda. A pesar de ello, se nota que el público encajó en su día de muy bien grado un disco como “Rebirth” a pesar de ser el primer disco sin Matos en la formación, ya que temas como “Acid Rain” o “Millenium Sun” fueron recibidos con más júbilo del esperado. No en vano, a un servidor dicha obra le parece un ejercicio de clase y maestría a cuyos puntos álgidos no logra llegar su más reciente “Temple of Shadows”, aunque me consta que las opiniones al respecto son de lo más eclécticas. Aunque en lo que sí estamos todos de acuerdo es en la grandeza de obras como “Holy Land” y “Angels Cry”: gritos de júbilo y headbangera celebración cuando algún tema de dichos álbumes iba a ser interpretado delataban las preferencias más firmes del respetable. También deleitaron a la concurrencia con su ya imprescindible inclusión de elementos acústicos en temas como “Wishing Well” (con coros en directo, por supuesto, siendo esto algo que día tras día sabemos apreciar mejor, dada la gigantesca tormenta de samplers de la que somos testigos actualmente en los shows en directo) o el maravilloso “Shadow Hunter”, que nos hizo vibrar a todos con esas influencias flamencas y esos coros a lo QUEEN que incluyen en el meridiano de la composición, además de que para su interpretación Edu salió ataviado con un sombrero negro vaquero y algún que otro atuendo complementario. Temas como estos fueron los que ayudaron a introducir la variedad musical, necesaria sobretodo ante el hecho ya asumido de que no íbamos a poder escuchar en demasía los armónicos de las segundas guitarras como consecuencia del mal sonido. Otro de los componentes especiales de la noche que no pueden faltar en una actuación de ANGRA vino de la mano de “Carolina IV”, en cuyos prolegómenos tuvo lugar la ya célebre batucada, con todos los componentes de la banda a cargo de los diversos instrumentos de percusión que sacan al escenario. Aunque eso sí, este momento fue bastante más breve que en otras ocasiones, siendo asimismo mutilado el principio de dicha canción.
Kiko Loureiro demostró, a parte de cómo domina el “tapping”, que nunca ha sido su intención trabucar el pasado de la banda, y por ello temas como “Time”, “Angels Cry” o “Nothing to Say” se alzaron orgullosos en diversos momentos del playlist (a pesar de que el show se centrara en sus dos últimos discos, lógicamente). En algunos momentos como en el estribillo de Carry On quedó claro que Edu, a pesar de sus fantásticas cuerdas vocales, no es capaz de jugar fácilmente con los agudos imposibles revientavasos de André y optó por dejar que la mitad de los estribillos los cantara el público. En esta ocasión no escogieron un tema de la era Matos para “despedirse”, sino el primer corte del “Rebirth” (¿declaración de principios o consciencia de que es el nuevo clásico por excelencia?), “Nova Era”, que por otra parte, pese a quien le pese, es un temazo en toda regla con un solo de Kiko de esos que desgraciadamente no abundan en muchos grupos de power metal más recientes: rápido, dinámico y cargado de sentimiento, ¡un pedazo de solo!.
Pero para sorpresa de la mayoría la cosa no iba a acabar ahí. El grupo todavía tendría tiempo para interpretar una versión de lo más sorprendente para una formación de sus características: el “Raining Blood” de SLAYER, cantada por el bajista Felipe Andreoli. O Andreole. Ole sus huevos. La verdad es que les quedó chisposa.
A pesar de que nos quedamos sin escuchar ningún tema del “Fireworks”, el público salió satisfecho pero consciente de que el herrumbroso sonido de la sala dificultó que pudiéramos gozar al máximo de una actuación más que correcta en la que la banda le echó muchas ganas. Sin lugar a dudas me quedo con su última actuación por estas tierras en el festival Rock Machina 2002, donde lograron impactarme mucho más que en esta ocasión. Esperemos que no tarden mucho en volver a dejarse caer por aquí y podamos deleitarnos de nuevo con sus mágicas composiciones en unas condiciones acústicas más favorables.
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Fotos: Penumbra



























































