La complejidad de marcar un hito que sirva de punto de arranque del death metal (y por extensión de la mayoría de expresiones musicales) pone de manifiesto la necesidad de etiquetar, clasificar, encasillar y encuadrar que crítica y fans tienen por encima de los propios artistas. Así, la búsqueda de “quién fue el primero”, “el creador inicial”, “el padre del estilo”, es un afán que casi queda reducido a prensa musical y debates entre aficionados sin que tenga, en puridad, mayor implicación real sobre el death metal y sus casi infinitas variantes.