Corría el año 1990 y Manzano era la sensación del Hard rock en España. Sangre Azul habían editado “El Silencio de la Noche” en 1989 y habían logrado la madurez en sus composiciones y sonido. Jose Antonio Manzano era el tío que estaba subiendo como la espuma puesto que canalizaba a los Whitesnake de la época, englobando el toque macarra y sex symbol de un Coverdale tan desatado como el de aquella época.

Pese a su carrera curtida en bandas como Tigres y Banzai, Jose Antonio Manzano subió muchos enteros como artista en solitario cuando grabó para GBBS Records discos como “Manzano” en 1988 y “Red Hot” en 1989. Pero en 1990, con “Al Límite de la Pasión” bajo el brazo, el salto cualitativo fue tremendo y aunque eran los últimos coletazos del hair-metal en Los Ángeles, en España todavía estábamos viviendo un momento relativamente dulce para el estilo. Tanto que los propios Sangre Azul y Manzano compartieron cartel en una histórica gira junto a Ángeles del Infierno como fue el “Metal Hammer Tour” que patrocinó la afamada revista en abril de 1990.

La gira de su vida

No obstante, los astros se alinearon y ese mismo año Jose Antonio Manzano y su banda acabaron teloneando a Whitesnake en tres fechas por grandes recintos. Era la gira de “Slip of the Tongue”, Whitesnake eran masivamente populares y Manzano estaba que no se lo creía. Fue en agosto de 1990 cuando en el Rockódromo de Madrid, en el Velódromo de Horta de Barcelona y en el Velódromo Anoeta de San Sebastián se obró el milagro.

“Estábamos en la época de máximo apogeo de Whitesnake y en tres días tocamos delante de unas sesenta mil personas aproximadamente” recuerda Jose Antonio Manzano desde su casa en Suiza, donde se encuentra luchando contra un agresivo cáncer que no le ha quitado ni el sentido del humor ni las ganas de luchar. “Para mí, siendo David Coverdale una máxima influencia, fue una gran experiencia. Siempre habrá puristas que preferirán a los Whitesnake del principio, pero la banda que llevaba era tremenda” indica José Antonio, en referencia a la era hair-metal de Whitesnake con Adrian Vandenberg, Steve Vai y tres millones de kilos de laca. “Vale que Steve Vai no es muy bluesy tocando, pero era un flipazo verle en directo”.

Pese a ser un momento álgido, no era el mejor momento para la banda de Manzano, que incluía a fueras de serie como Tony Vallés a la guitarra. “Mi grupo se estaba deshaciendo” recuerda. “En cuanto acabó esa gira, como además me pagaron bastante bien por ella, dije que iba a dar carpetazo. Tenía que buscarme músicos nuevos y me quedaban algunos bolos contratados en la gira conjunta con Sangre Azul y Ángeles del Infierno. Hice un bolo con Hamlet cuando aún no estaba Molly, en Burgos. Me quedaban algunos bolos más pero yo veía que las cosas estaban cambiando. No tardé mucho más en irme a Suiza”. Reside allí desde entonces, aunque desde 2015 ha vuelto a la actividad musical bajo el nombre de Manzano editando discos como “Mi Religión” y más recientemente “4”.

Pero la experiencia estuvo lejos de ser idónea. No hubo apenas contacto entre las dos bandas. “No tuve contacto con Whitesnake para nada” recuerda. “No me gusta ir a darle el coñazo a otras bandas. El primer concierto fue en Barcelona. Estábamos en el camerino y vino David Coverdale con Steve Vai a desearnos suerte y poco más. Como tocaban en sitios enormes, el backstage era enorme y no coincidías. En Madrid además de con nosotros también tocaron Niágara. Más adelante, el bajista, Ángel Arias, me explicó que estuvo tocando un tiempo con Rudy Sarzo en el camerino. Yo no tuve contacto con nadie. No me gusta el rollo forzado de ir a un tío a decirle lo importante que es para ti mientras ellos están pensando ‘joder, que coñazo de tío”.

Cuando las cosas eran distintas

Hoy en día, para que una banda se meta a telonear a artistas del calibre de Whitesnake en 1990, es muy probable que o bien no cobre o bien pague por hacerlo. Es la naturaleza del negocio y tocar ante 10 000 o 20 000 personas es un bien muy cotizado.

“En el extranjero las bandas no solo no cobran, sino que pagan por tocar” ilustra el vocalista. “Si quieres hacer una gira de telonero, aunque seas más malo que la quina, pagas y la haces. Quizá no de telonero de Kiss, pero de telonero de alguna banda de Frontiers, por ejemplo. Pagas por tocar y además te lo financias tú todo para girar. Si generas derechos de autor es porque vendes discos, porque sino, no cobras una mierda. La cosa está muy complicada” reconoce.

No fue el caso de Manzano, que sin hacerse ricos, consiguieron recibir una cantidad decente por telonear a Whitesnake en su gira de 1990 por España.

Whitesnake Manzano

“En aquella época sabías que había una cantidad de discos que ibas a vender” explica. “En aquellos bolos o en los del Monsters of Rock, vendimos un montón de discos. En aquella época la discográfica decidió que hiciésemos un video porque llamaron de la tele, de un programa que sacaba la lista de ventas de AFYVE, y les dijeron que estábamos en el puesto 37 y que si teníamos algún video. La discográfica nos dijo entonces que hiciésemos un video e hicimos el video ese traperillo del ‘Siéntelo fuerte’. Habíamos tocado en el Rockódromo ante no se cuantos miles de personas y en Barcelona en la Monumental en el Monsters of Rock con Iron Maiden, así que se comenzaron a vender discos.

No te puedo decir lo que cobramos de aquellos conciertos porque hablamos con la empresa organizadora y de lo que íbamos a cobrar de autores con toda la gente que vino a aquellos conciertos, nos adelantaron un dinero” explica. “No te lo puedo decir, evidentemente. Pero vaya, me salió bien la cosa. Más lo de Whitesnake que lo del Monsters, porque fueron tres conciertos en sitios muy grandes en lugar de dos y todos llenos”.

Territorio comanche: los fans de Metallica y Iron Maiden le tiran de todo

Dos años antes, en Septiembre de 1988 y con su primer disco bajo el brazo, Manzano telonearon la gira del “Seventh Son of a Seventh Son” de Iron Maiden, que se dice pronto. Se trataba del festival itinerante Monsters of Rock, que también incluía en el cartel a Metallica, Helloween y Anthrax. Casi nada. El tour pasó por la Plaza de Toros de Pamplona, la Casa de Campo de Madrid y finalmente por la Plaza de Toros Monumental de Barcelona. El público, más heavy y thrasher, no fue tan benevolente con Manzano cuando salieron al escenario.

“Los que había delante del escenario esperando a Metallica y Anthrax nos tiraron de todo, pero hubo alguien a quien le debió parecer bien el concierto, porque discos se vendieron” se ríe.

Manzano

“Con Whitesnake la gente no nos tiró nada al escenario” recuerda. “En el Monsters si que tenía como a doscientas personas delante tirando de todo y haciéndome cortes de mangas. El cabeza de cartel era Maiden, aunque Metallica ya tenían muchísimo tirón y los fanáticos estaban ahí en primera fila dando el coñazo. Al final salí a darlo todo y a pasármelo bien, porque no puedes salir asustado. Si me abren la cabeza, pues que me la abran. No voy a salir con una camiseta y unos tejanos para gustarle a toda esa chusma, porque haga lo que haga no les voy a gustar”. Eran otros tiempos.

El road manager más chungo del mundo

Las limitaciones de espacio en un cartel tan repleto de estrellas como ese eran las imaginables. Manzano eran los más pequeños del cartel, una banda con un solo disco, frente a varios colosos que estaban petándolo seriamente en todo el mundo y que, a día de hoy, llenan estadios por sí solos. Ni que decir tiene que la presión en escena era considerable para la banda.

“En el Monsters el cabeza de cartel era Iron Maiden. Tenían detrás todo el montaje del paisaje congelado y un telón. Delante de eso tenían la batería de Metallica. Delante de la batería de Metallica había otro telón donde tocaron Helloween y Anthrax. Delante de eso había otro telón y quedaba el escenario donde tocábamos nosotros” se ríe el vocalista recordando la experiencia. “El escenario era hiper-largo pero no tan profundo, aunque era enorme. Tuvimos media hora para tocar en el Monsters mientras que con Whitesnake fueron tres cuartos de hora.

Whitesnake Manzano

Recuerdo que el road manager de Iron Maiden me dijo ‘a tal hora os cortamos la luz, sed puntuales’. El tipo estaba en plan hiperchungo con lo de marcar los tiempos” rememora. “Podíamos hacer lo que nos diese la gana en el escenario pero tocábamos con luz del día así que la situación era la que era. El road manager estaba señalándose el reloj todo el rato, haciéndonos señales como diciendo ‘no os paséis ni un minuto’. Fue tremebundo.

Jimmy (ndr: en referencia a su ex-compañero de la banda Tigres, Jimmy Reitz) me contó que cuando tocaron de teloneros de Kiss había una serie de sitios en los que no podían subirse” explica. “Jimmy con dos cojones fue y se subió. No recuerdo qué era, pero en el frontal del escenario había una plataforma o algo así. El road manager le echaba la bronca diciendo que o se bajaba de ahí o les echaban de la gira. Ese tipo de rollos son muy típicos. En el primer concierto mejor no hacer nada porque seguro que te echan. Pero oye, en el último concierto debería haberme pasado de listo. Total, ya no te pueden echar” se ríe Manzano.

Sergi Ramos