El cuarto trabajo de la banda londinense, publicado en 1971, no es un disco cualquiera. Es la guía definitiva sobre cómo componer un álbum para que forme parte de la historia. Las canciones que se incluyen en el conocido como 'Led Zeppelin IV', son inmortales.

‘Led Zeppelin IV’ es un trabajo extremadamente complejo se mire por donde se mire: la portada, la contraportada, los símbolos, lo que significa, cómo fue grabado, los temas que lo componen. Si se tiene en cuenta que era 1971, es uno de esos discos que incluso comparándolo con sus tres hermanos mayores obliga a hacer un acto de fe y decir “esto es mucho más de lo que se ha venido diciendo hasta ahora”.

Es el álbum de la absoluta mayoría de edad de la banda y germen de los trabajos más complejos del cuarteto que vendrían en los ‘70. La parte más enrevesada y la más accesible confluyen en ‘Led Zeppelin IV’. Tras aquellas primeras arrolladoras demostraciones de blues rock pesado ejerce de fresco y original elemento conectivo con la tremenda explosión creativa que supusieron ‘Houses Of The Holy’ y por encima de todos ‘Physical Graffiti’.

A simple vista puede parecer que los temas que lo componen no estén al nivel de sus tres antecesores -vale es que está ‘Stairway To Heaven’, pero ¿y las demás?-. El resto es una poderosa colección de canciones que la mayoría de los grupos anteriores, posteriores, actuales, como quieras llamarlos, matarían por haber compuesto. No se trata solo de “Black Dog”, “Rock And Roll”, “Going To California” o “Four Sticks”; también están “When The Levee Breaks”, “The Battle Of Evermore” o esa absoluta genialidad oculta tras una capa grisácea que es “Misty Mountain Hop”.

Se trata no sólo de que sean muy buenas canciones, sino de que éstas casan entre sí de una forma absolutamente magistral, ninguna apabulla a las otras, ninguna quiere ser mejor que las otras, sino que todas ellas colaboran de forma igual y equitativa a la grandeza de un disco que tal vez esté infravalorado por una buena legión de aficionados, de forma inconsciente, dejándose llevar por no considerarlo un todo, sino otro disco de Led Zeppelin después del tercero.

‘Led Zeppelin IV’ -sin tener en cuenta si es un disco de Led Zeppelin o un álbum de hard rock o incluso de heavy metal- debería ser valorado como una de las gemas de este estilo, un trabajo capaz de contener todas aquellas guías que cualquier banda deberían seguir para poder componer un gran disco de metal.

Toni De Lola