Estamos en el año 2019 y las redes sociales nos han llevado a construir un universo paralelo donde la realidad no es siempre bienvenida. La capacidad de algunas bandas para sobredimensionar su alcance en las redes sociales es, seguramente, una de las peores plagas del negocio en los tiempos actuales. Porque estamos en un momento en el que lo que se proyecta es más importante que lo que se hace efectivamente y nadie escapa al hecho de que las redes sociales son la principal herramienta que ha democratizado la capacidad de cualquier persona para alcanzar a un público determinado -a cambio de un buen montón de nuestros datos y una pequeña inversión segmentada en publicidad.

En el año 2008 el ex-vocalista de Skid Row, Sebastian Bach, se indignaba públicamente por el hecho de que las ventas de su disco de entonces no se equiparasen con la cantidad de supuestos amigos que tenía en MySpace (¿alguien recuerda MySpace?). Bach explicaba que le parecía irónico tener 80.000 ‘amigos’ en MySpace pero no haber vendido 80.000 copias de “Angel Down”. “Si eres mi ‘amigo’ podrías ir a comprar el puto disco?” se preguntaba el vocalista. “¿A quién le importa una mierda si tengo 80.000 amigos? Yo quiero vender 80.000 discos! Si cada uno de mis amigos comprase mi disco, sería genial” se quejaba.

Numeros hinchados, ¿para qué?

A nadie que use con cierta frecuencia las redes sociales se le escapa el hecho de que Facebook cada vez se asemeja más a un cementerio y que Instagram comienza a perder parte de su brillo. Pero hubo una época en la que estas redes sociales ofrecieron el caramelo de hacer que cualquiera fuese capaz de llegar a miles de personas sin tener que pagar un duro -a cambio de un buen puñado de datos personales. Los cambios progresivos en el algoritmo de las redes sociales han reducido el alcance y, en el caso de Facebook, han penalizado las páginas de fans por delante de los perfiles de amigos a la hora de mostrar información en la página de inicio de los usuarios. Es decir, era más fácil reunir un número decente de seguidores en cualquier página de la red social en 2013 que en 2019. Aún así, en aquel entonces, ya era fácil ver páginas de fans con cantidades desorbitadas de seguidores contextualizando el alcance real que tenía esa banda.

Ejemplo: una banda de metal contemporáneo cuenta con más de 45.000 seguidores en Facebook. En uno de sus últimos conciertos en Barcelona, apenas 180 personas compraron su entrada. Las publicaciones de en esta red social rondan generalmente los 100 o 200 ‘likes’. En otras redes sociales como Instagram, tienen a algo más de 30.000 seguidores, con un rango de likes más amplio, de alrededor de 1.500 a 2.500 likes por fotografía colgada. Pero volvamos al punto inicial: 180 personas de pago en una gran capital cercana a su ciudad natal, donde cuentas con el extra de poder traer a todos tus amigos y conocidos.

likes bandas

Pongamos otro ejemplo: Avalanch. Cuentan con 255.794 seguidores en Facebook en el momento de escribir este artículo, pero 6843 en Instagram, una distancia espectacular. Una parte importante de sus seguidores se sitúa en Latinoamérica, donde Facebook es una plataforma aún no tan decadente como en España, pero aún así, hay una gran distancia entre las cifras que mueven en sus shows y lo que reflejan las redes sociales. Hay otro aspecto a tener en cuenta: el engagement -la cantidad de reacciones que genera una publicación. Si con 255.794 seguidores en Facebook tan solo consigues entre 300 y 800 ‘likes’ en la mayoría de publicaciones, algo huele raro. Una banda como Sôber -que también estuvo desaparecida de los escenarios durante una buena temporada y que desde 2009 ha vuelto con fuerza- tienen a 59.568 seguidores en Facebook y 10.200 en Instagram. Comparativamente es una banda que mete a mucha gente en las salas de nuestro país, congregando regularmente a 1000 personas en salas de mediano aforo y teatros. Avalanch serán teloneros de Rhapsody of Fire en Septiembre de 2019 en salas de pequeño aforo que rondan las 350-500 personas de capacidad.

Otros, como Crisix, cuenta con 89.000 fans en Facebook y 15.200 en Instagram, unas cifras bastante reales. Su público, al ser más joven, hace un uso más intensivo de las redes sociales que, por ejemplo, el de Sôber y eso influye en el número de fans. Sin embargo, sus números en directo son algo inferiores a Sôber en la mayoría de mercados, así como su influencia en generaciones de bandas, algo que si han tenido Sôber. Pero por otra parte, tocan en multitud de festivales plagados de público donde alcanzan mucha gente joven y usuaria de redes sociales en poco tiempo, como es el caso de Download, Graspop, Wacken o Rock Fest Barcelona, lo que les reporta crecer en número de likes de manera sostenida y continua.

Sôber Barcelona 2018

Sôber & Barcelona Rock Orchestra (Foto: Montse Galeano)

Pero si un caso en el que los ‘fans’ y ‘likes’ comprados fueron un auténtico escándalo, ese fue el caso de Threatin: la banda americana que se organizó una gira por Europa y Reino Unido en base a unos datos absolutamente inflados de público, videomontajes de shows repletos de gente y unos -a día de hoy- 39.000 fans en Facebook. Al primer show de la gira en Londres acudieron tres personas. La controversia estalló alrededor de Jered Threatin, quien demostró ser un manipulador en masa capaz de engañar y convencer a quien hiciese falta de que era un artista capaz de llenar salas a diestro y siniestro. Incluso cuando la controversia estalló dijo que todo había sido su idea para ganar notoriedad. Un caso llevado al extremo de como la proyección de una imagen puede terminar fagocitando a la propia propuesta artística.

Threatin live

Granjas de seguidores

Cualquiera que tenga una tarjeta de crédito y ganas de proyectar una imagen de marca excesiva, puede hacerlo. Internet está lleno de paginas que permiten comprar cantidades predeterminadas de seguidores para cualquier red social con el objetivo de aparentar más seguimiento del que se tiene realmente. Una idea que no es demasiado buena: esos seguidores ‘falsos’, generalmente perfiles de baja calidad que son bots o se manejan desde países lejanos como India, China, Vietnam o Tailandia de manera semiautomatizada. Sirven para falsear la cantidad de reacciones o seguidores pero el valor de dichas interacciones es escaso más allá del número puro y duro. Por eso se explica que una banda tenga 45.000 seguidores y 180 personas en su concierto.

Se supone que las redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter usan sofisticados algoritmos para descubrir y desactivar las cuentas que sirven para generar esos likes, pero a la par, desactivar masivamente esas cuentas podría suponer un descenso espectacular de la cantidad de ‘usuarios’ de estas redes, lo que podría llevar a una debacle del valor en bolsa y, sobretodo, acabar con la ilusión del alcance masivo a disposición de cualquiera.

En una pagina determinada, comprar 2500 seguidores para Instagram cuesta solo 14,99 dólares. El mismo precio para conseguir 2.500 likes para una publicación, que llegan en menos de diez minutos. 10.000 likes cuestan 34,99 dólares. Si quieres conseguir 10.000 fans en Facebook, otra web te los proporciona por 29,99 dólares en 24 horas. No esperes que esos seguidores hagan nada cuando publicas algo pero quien sepa cuatro cosas de redes sociales verá como tienes 100.000 fans y 50 likes en tus publicaciones. Es decir, harás el ridículo.

La opinión experta

Fernando Gómez es el encargado de las redes sociales y parte del booking del Resurrection Fest, que se celebra en Viveiro del 3 al 6 de Julio de 2019 y donde actúan grupos como Slipknot, Slayer, Lamb of God o Gojira, entre muchos otros. El Resu es uno de los festivales que mejor trabaja el aspecto de las redes y un importantísimo porcentaje de su política comunicativa se basa en ellas. Desde las confirmaciones de artistas realizadas en tandas y publicadas cada x minutos en una fecha concreta para conseguir ser trending Topic en Twitter hasta la propia comunicación durante el festival -repleta de poderosas y evocadoras imágenes-, las redes son el principal vehículo informativo del festival gallego.

Influye, claro, que la media de edad del Resu es mucho más baja que la de otros festivales de metal y rock de nuestro país y por ende, los asistentes al festival son más activos en las redes y tiene todo el sentido del mundo comunicarse con ellos de este modo. Pero lo importante en este caso es que Gómez no es solo encargado de redes, sino de una importante parte del booking: es decir, su capacidad para hurgar en lo que pide el público va ligada de manera directa a su capacidad para contratar a determinadas bandas para el festival.

Así pues ¿son los números de redes sociales de un determinado artista un factor a tener en cuenta a la hora de contratarle?

“Se mira todo, pero no es vinculante ni decisivo con nada” explica vía e-mail. “Tenemos bandas con menos de 1000 likes que creemos que musicalmente se merecen un hueco en el festival, y otras con muchísimos likes que no nos llaman o interesan”.

Aunque no quiere mojarse en cuanto a las bandas con cifras más infladas que ha visto (“pasapalabra” dice crípticamente para luego añadir que “cada vez se ve menos, por suerte”) si que tiene tendencia a dudar por sistema de las cifras muy hinchadas en el caso de bandas con un alcance a todas luces mucho menor. Aún así, hay factores a tener en cuenta que desvían los números de seguimiento y alcance de una página. “En algunos casos una banda puede tener cinco cifras realmente y luego puede que haya muy poca gente en un concierto. Es tan sencillo como que puede tener una gran base de fans en las grandes ciudades del país y en una ciudad periférica más pequeña no sean conocidos aún”.

Para Gómez, la mejor manera de saber si una banda dice la verdad o miente en sus cifras suele ser observar “la cantidad de interacciones que tienen sus posts, porque suele ser un porcentaje del total. Si ves que una banda tiene 100.000 seguidores y sus posts tienen 2 likes o quizá 20 likes pero de usuarios con nombres árabes o de nacionalidades distantes, algo falla” explica. “Sin embargo, en páginas con 5.000 o 10.000 seguidores puedes ver que continuamente los posts tienen 30-50 likes, a veces incluso 100. Eso quiere decir que esa gente pulsa ‘like’ porque realmente les gusta lo que hacen”.

En los tiempos que corren, según Gómez, los casos de bandas que compran seguidores e inflan sus cifras están convirtiéndose en casos aislados. “Todo el mundo sabe que no es verdad” asegura. “Ese debate tendría más sentido de haberse hecho hace unos años. En algún momento hubo promotores que se fijaban en eso y quizá los haya aún. No es una ciencia exacta y todo es un posible factor así que cada uno valore lo que crea que importa”.

De todos modos, con los mencionados cambios en el algoritmo de Facebook este ecosistema se ha visto seriamente alterado en los últimos dos años. “El porcentaje de interacción es hoy en día mínimo en Facebook” explica. “Una página como la del Resurrection Fest, con 150.000 likes lleva creciendo poco a poco desde 2013, cuando teníamos unos 25.000 y aún así hoy en día para que un post consiga más de 100-200 likes de manera orgánica ha de ser un post con cierto interés. Pagando (ndr: en referencia a Facebook Ads) llegas a más gente, claro, y eso es lo que busca Facebook. Que acabes pagando cada vez más” asegura.

“Las bandas tienen que pensar en qué imagen quieren proyectar” dice para concluir. “Es mejor ser honestos e ir creciendo poco a poco, pensando en cómo tener mejores números reales, compartir cosas útiles o ayudar a otras bandas similares, y que no se molesten tanto en subir los likes. Es mejor interactuar de tú a tú, potenciar otras redes que funcionan mejor como Instagram y cosas así. No hay una fórmula establecida para esto”.

Sergi Ramos