Rock y metal en español · desde 2002
The Metal Circus
Live

TED NUGENT

8
Fecha
2 de junio de 2006

Es decepcionante que, hoy en dia, la primera visita en TED NUGENT en lustros no consiga llenar recintos. El americano quizá se ha ganado demasiada mala fama con su discurso político como para llegar a nuevos fans potenciales, pero no creo que ese motivo sea de peso suficiente para justificar que un tipo como Nugent no esté hoy en dia tocando, como mínimo, en Razzmatazz 1 ante un par de miles de personas. No se trata ya de que el artista sea santo de la devoción de éste crítico, sino que los clásicos como éste son los que han ayudado a forjar un género y es sorprendente que la gente no valore esa aportación de la manera que se espera. De todas maneras, los promotores programaron el show en salas de pequeño aforo como son Macumba (Madrid) y Bikini (Barcelona) por lo que imagino que no tendrían expectativas de llenar grandes pabellones con el viejo loco patriótico.

Patriotismo fue precisamente lo que se vió sobre el escenario de la sala barcelonesa. Con una gigante bandera estadounidense presidiendo el escenario, Nugent (el artista más a menudo confundido con un producto McDonalds) arrancó su show con una sentida versión del “Star Spangled Banner”. Ante la sorpresa de la gente y el comentario generalizado de “no veas, ya comienza a dar guerra”, el viejo tio Ted no pasó del homenaje patriótico en grado de tentativa. Pocos segundos después, estaba sonando una aplastante versión de “Stormtroopin’”. Claramente, pudimos ver como “Wild” Mick Brown (DOKKEN) iba a intentar robarle el protagonismo a don Ted Nugent con una rabia sin igual a la hora de tocar la batería. Menuda máquina. Aún recuerdo que, en su visita con DOKKEN durante el verano de 2003, estuvo a punto de destrozar por completo el kit de batería que tenía al final del concierto. Tipos como éste ya se ven pocos hoy en dia. Sólo algunos como Tommy Aldridge son capaces de generar esa sensación de “este tipo está loco” mientras observas como tocan. Brown no será un tipo tecnicamente perfecto como puede ser Flo Mournier de CRYPTOPSY y otros de su calaña, pero toca con una mala leche que, si te lo encuentras con dos baquetas por una calle oscura, sales corriendo. La banda quedaba completada por Barry Sparks, otro miembro actual de DOKKEN, que demostró tener una buena voz y unos mejores hábitos a la hora de tocar el bajo.

Una pronta versión de “Wango Tango” facilitó el inicio de los discursos-a-100-por-hora de nuestro querido y controvertido Ted. Ataviado con una guitarra que era tan grande como el bombo de la batería ( o más!!) y un micro inalámbrico al más puro estilo MADONNA, Nugent se dirigía al público casi inquiriendo algo que nadie comprendía. Era pura rabia, la rabia que desprende un tio de cincuenta y tantos años que aún cree en lo que hace y lo hace con una energía capaz de tirarte de espaldas si te pilla desprevenido. A partir de ahí, el público obvió la bandera estadounidense y se limitó a disfrutar con uno de los guitarras más legendarios del rock. El set list incluyó “Snakeskin’ Cowboy” (donde Ted enseñó su rabo, o al menos esa cosa que el se engancha en su trasero y que mueve sinuosamente como si fuera un rabo…), “Raw Dawgs”, “Soul Man”… Todos ellos temas suficientemente conocidos que, apoyados por la pedazo de banda acompañante –a la que Ted hizo mención en muchas ocasiones-, cobraban nueva vida y se convertían en pelotazos en toda la frente que nadie era capaz de evitar.

Los momentos más clásicos de la noche fueron las interpretaciones de “Dog Eat Dog”, “Motor City Madhouse”, donde la gente se volvió totalmente loca, especialmente las primeras filas. En la recta final, como si de una competición por hacer el show más intenso de todos los tiempos se tratara, Ted destapó el frasco de las esencias con “Cat Scratch Fever”, “Strangehold” y un incendiario “Great White Buffalo”. Pocos conciertos como éste ve uno a lo largo de su vida. Ted puede ser un maldito chalado yanki, un maldito yanki, como su famosa banda de hace unos cuantos lustros, pero no puedes negar que lo que hace lo hace con la misma convicción con la que la niña del exorcista decía estar poseída por el demonio. Viene a ser el caso de Nugent, sólo que el está poseido por barras y estrellas. Algo bastante más surrealista.