La noticia cayó como un mazazo. Parecía que todos los astros se habían puesto de acuerdo en que aquella gira hiciera honor a su nombre “Damage Inc. Tour” y los terribles daños asociados a ella, finalmente nos privaban de poder disfrutar de aquel cuarteto californiano.

En aquellos años ’80 sin Internet, ni móviles, las noticias tardaban un poco más en llegar que hoy en día. Publicaciones como Popular1, Heavy Rock o el boletín informativo mensual de Discoplay nos mantenían al tanto de las novedades discográficas -eso sí, con el debido retraso propio y necesario para su elaboración, impresión y reparto a los kioscos o directas al buzón del correo postal-. Además del papel, los pocos programas de radio como el de “Mariskal” Romero o el del manchego Juan Pablo Orduñez (más conocido como “El Pirata”) a través de su “Emisión Pirata” en Radio Popular conseguían mantenernos medianamente informados de los acontecimientos más importantes en el marginado mundo del heavy metal con sus “descargas” en las madrugadas de los sábados.

El tiempo difumina algunos recuerdos y, la verdad, es que no puedo precisar en qué momento la música de Metallica se cruzó en mi camino; pero lo que sí recuerdo es que unos pocos temas de su primer trabajo ‘Kill ’em All’ habían llegado a mis oídos mezclados en medio de una cinta de cassette recopilada por Frank “El holandés” y proporcionada por Montse “Maligna”, una morenaza gallega de uñas afiladas que años más tarde se convertiría en mi mujer. Lo que sí os puedo asegurar es que mi regalo de navidad de 1985 fue un majestuoso ‘Ride The Lightning’ en picture disc traído del país del águila de cabeza blanca. Gallegos hay hasta en la luna, y a falta de otras alternativas, había que aprovechar las oportunidades que ofrecían colegas desde Suiza, Alemania, Países Bajos o Estados Unidos.

De pronto llegó 1986, el año de ‘Master Of Puppets’. El tercer disco de Metallica era realidad y con él se iniciaba una gira mundial que los traería por primera vez a España. En el pub Faro’s de Vigo se había organizado una excursión para ir a verlos a Madrid en octubre y éramos pocos. Había más gente interesada en asistir al concierto de Judas Priest que casi coincidía en fechas y la gira prometía ser grandiosa, pero cuanto más escuchaba aquel ‘Turbo’, más merecía la pena sangre nueva, la cosa prometía.

Como si se tratara de un macabro juego, las noticias se sucedían al mismo tiempo que se empañaban las ilusiones de unos pocos “melenudos”. En aquel verano del ’86, James Hetfield se lesionaba una muñeca en un accidente de skateboard, pero afortunadamente era sustituido por uno de los técnicos, John Marshall, para continuar la gira por USA. Tras alguna cancelación en Norteamérica, finalmente desembarcan en Europa ya en septiembre. No había pasado ni un mes de gira en el viejo continente cuando las cartas sellaron el destino del bajista Cliff Burton en la carretera entre Estocolmo y Copenhague. Con la vida de Cliff, también volaron las ilusiones de una juventud metalera, ansiosa de catar en directo a una de las cuatro grandes bandas thrash del momento.

Hay veces que las carambolas -o más bien, las piezas movidas por un invisible guionista más propio de Juego de Tronos que de la realidad- permiten cambios que consiguen lo imposible, así que no había razón por la cual no consiguieran llenar el hueco dejado por Cliff… y así fue. Jason Newsted, el bajista de Flotsam & Jetsam, se incorporaba a las filas de Metallica y reanudaban la gira y para rematar la carambola, venían acompañados de Metal Church, banda en la que recaería John Marshall, el mismo que sustituyó a Hetfield durante su lesión de muñeca.

Entrada Metallica Madrid 1987

Hacía frío aquel 18 de enero de 1987. El día anterior habían hecho las delicias de sus incondicionales en la ciudad condal; mientras, en El Foro, el pabellón de La Castellana, se quedaba grande para la audiencia que había asistido al debut de Metallica en España, pero lo disfrutamos y lo disfrutaron. Apenas 2.000 personas acudieron a la llamada de la banda en Madrid dentro de lo que sería una de sus giras más colosales.

Imaginad a Metallica hambrientos, con el corazón aún encogido por la pérdida de Burton pero con la determinación de probarle al mundo que podían seguir adelante. Imaginad a Metallica presentando una de las obras clave de la historia del heavy metal. Imaginad a Metallica empezando su setlist con “Battery” y “MasterOf Puppets”. Imaginad a Hetfield envuelto en una bandera de Asturias como si fuese un superhéroe. Imaginad un “For Whom The Bell Tolls” cuyos acordes ponían los pelos de punta. Un show de casi dos horas que incluyó canciones como “Ride The Lightning”, “Whiplash”, un tremendo “Fade To Black” y los ya elevados a himno “Seek & Destroy” y “Creeping Death”. A la banda no parecían caérsele los anillos por la escasa cantidad de público y la inversión les salió rentable: a día de hoy son capaces de meter en el mismo Madrid a cerca de 70.000 personas para verles en directo.

Metallica Madrid 1987

Metallica (Foto: Marcos Veiga)

Metallica realizó dos bises: uno con “The Four Horsemen” -precedida por una pequeña jam del “Highway Star” de Deep Purple-, “Am I Evil?” de Diamond Head y un “Damage Inc.” que nos voló la cabeza. El segundo bis, más escueto, sirvió para que la banda tocase “Fight Fire With Fire” y se despidiese de Madrid hasta que al año siguiente teloneasen a Iron Maiden en el Monsters of Rock de La Casa de Campo.

Tanta sed me quedó de su música que había que repetir. Volverían a Europa en verano; estaban en el cartel del Monsters of Rock anunciado para agosto… no había nada que pensar. Y así fue como 1987 se convirtió en el año del peregrinaje metálico, incluida la compra por el camino de su EP de versiones justo antes del festival en Nürnberg. Solo conservo una foto “decente” (la de arriba) de aquel concierto de Metallica que guardo como oro en paño junto con las entradas y el recuerdo de lo vivido en aquellas dos convocatorias de una banda que sirvió para definir lo que entendemos por heavy metal.

Marcos Veiga