Hoy en día, ver ciudades rusas en el itinerario de gira de cualquier banda de rock occidental entra dentro de la normalidad más absoluta, pero hubo una época, antes de 1987, en que la música occidental no era precisamente una cosa habitual en la Rusia soviética.

No fue hasta que el gobierno ruso impuso lo que se conoció como ‘glasnost’, un entorno político en el que fomentar la libertad de ideales políticos, culturales y alentar el entusiasmo hacia las reformas que se avecinaban en la Rusia soviética. Fue una doctrina política que se usó a la par que la perestroika, orientada a la reformación económica de la Unión Soviética y que supuso la apertura de puertas a que bandas de rock occidentales como Uriah Heep pusiesen un pie en aquel territorio por primera vez.

De la mano de un promotor húngaro llamado Laszlo Hegedus, contacto de la agencia Miracle que en aquel momento velaba por los intereses de Uriah Heep, el gobierno ruso invitó a la banda británica a actuar en Moscú en lo que serían diez noches en el estadio olímpico para una media de 18.000 espectadores por noche. Pero no fue fácil. En 1987, la Guerra Fría estaba muy presente todavía.

La llegada fue muy, muy tensa” explica Bernie Shaw, vocalista de Uriah Heep en una entrevista con esta web:

Cuando bajamos del avión aquella Rusia aún era muy soviética pese a todo lo que se decía sobre libertad y sobre que se respiraba el cambio en el aire. Cuando aterrizamos en Moscú, aquello era Moscú. Gris y oscuro. La gente era muy sumisa. No era el lugar más amigable aunque una vez conocías a los rusos, ellos eran realmente buena gente y nos hicimos amigos rápido. En aquel momento, el ‘glasnost’ estaba en sus primeros momentos y el país aún no se había abierto del todo. La seguridad que llevábamos a nuestro alrededor era increíble, gente de la KGB, secretas, gente que nos decía que no hablásemos con la gente, que no saliésemos a la calle…querían alejarnos de la gente ‘normal’. Pero la gente ‘normal’ era tremendamente amigable.

Uriah Heep Rusia Moscú 1987

Los conciertos en el Olympijskiy de Moscú se celebraron del 7 al 16 de diciembre de 1987. Previamente, solo Billy Joel había actuado en aquel estadio representando a Occidente pero lo de Uriah Heep era otro rollo: eran la primera banda de rock. Y las fuerzas de seguridad rusas estaban muy atentas a cualquier altercado.

Teníamos a 300 guardias armados vigilando el escenario cada noche” rememora el vocalista. “Cuando salía al escenario yo decía ‘buenas noches Moscú, ¿como estáis?’ nadie respondía porque tenían a alguien apuntándole con una AK- 47 a la cara. Eso no fue muy rock and roll. Después de algunos shows conseguimos que los soldados no tuviesen armas pero los organizadores no estaban de acuerdo en no tener soldados. Teníamos que tener soldados, si o si. Era una sensación muy extraña porque estábamos tocando en grandes estadios pero la primera persona del público estaba a cien metros de distancia. Nadie podía estar de pie en el recinto. Todo el mundo tenía que estar sentado. Eso es un vacío muy grande para intentar conseguir feedback por parte del público. No tenían permitido divertirse. Se morían de ganas pero no lo tenían permitido. Incluso los soldados querían darse la vuelta y mirar lo que había en el escenario, pero no estaba permitido.

Las cosas han cambiado desde entonces: desde Ozzy Osbourne a Kiss, todo el mundo pasa por Rusia. “He vuelto a Moscú 17 o 18 veces porque es parte de nuestra gira anual. Volveremos, de hecho, este año en otoño” explica Shaw. “Para nosotros fue muy afortunado ser la primera banda. No fue fácil llegar ahí y no fue fácil estar ahí pero abrimos la puerta a Scorpions, Bon Jovi y todas esas bandas inglesas y americanas que se llevaron toda nuestra gloria, porque llegaron cuando el trabajo duro ya estaba hecho por Uriah Heep”.

Pese a que otras bandas alegaron dificultades para cobrar en Rusia debido a la escasez de moneda local con la que cobrar sus cachés, para Uriah Heep no fue ese el caso. El propio Nick Mason de Pink Floyd reconoció que cuando actuaron en Rusia en 1988 los promotores no podían pagar los costes logísticos de la gira y tuvieron que cederles un avión militar Antonov para mover todo su equipo escénico.

“Fue cuestión de dejar trabajar a nuestro manager y nuestro promotor y negociarlo todo en dólares americanos” explica Shaw. “El rublo no valía gran cosa por entonces y, de hecho, sigue sin valer demasiado fuera de Rusia. Recuerda que para esa gira que hicimos no existían los sistemas de PA, los sistemas de escenarios ni nada de eso. Todo eso tuvo que ser alquilado y traído desde la Europa occidental. Llevábamos cinco camiones con nosotros”.

“Yo escuché que Abba fueron una vez a Rusia y les pagaron en aceite. Nosotros no usamos freidoras tan grandes, así que tuvimos que hacerlo en dólares americanos” ríe el vocalista. “Tampoco es que fuese una cantidad impresionante. Esto no era Metallica yendo a tocar a Kiev por un millón de dólares. Nosotros queríamos hacerlo. El dinero no era el problema y nunca ha sido la principal fuerza conductora para Uriah Heep. Queríamos hacer llegar nuestra música a Rusia y la gente quería que fuésemos allí. El gobierno le había preguntado a la gente que qué artista occidental querían ver y fue la gente quien decidió Uriah Heep. Eso era un motivador suficiente. Queríamos ir allí y decir que fuimos los primeros” concluye.

No sería la última vez en Rusia para Uriah Heep en los 80. Poco tiempo después se embarcaron en una extensa gira por Siberia. “Tocamos veinte o veinticinco conciertos a lo largo de seis semanas por un montón de ciudades de Siberia, llegando a estar al lado de Japón en un cierto momento. Uriah Heep ha estado en más lugares de Rusia que la mayoría de rusos. Todo en tren y en pequeños aviones privados. Nada de lear jet. Pequeños aviones rusos!”.

De la aventura en el Estadio Olímpico de Moscú saldría un disco en directo, el obviamente titulado “Live in Moscow” editado en 1988 por Legacy Records. Todo un testimonio de como el rock entró en Rusia por la puerta grande.

 

Sergi Ramos