Publicado en septiembre de 1984, el undécimo disco de estudio de Deep Purple fue el primero desde su separación en 1976 y el quinto de la formación clásica (Gillan, Blackmore, Paice, Lord y Glover) desde 'Who Do We Think We Are' en 1973.

Ocho años después de su separación, Deep Purple se reunieron e hicieron un ‘Perfect Strangers’ para la historia. Con el combo original Gillan, Blackmore, Paice, Lord y Glover, la maquinaria británica vuelve a las andadas tras las aventuras de la mayoría de sus miembros por diversos proyectos, destacando Rainbow en este paréntesis, donde Blackmore y Glover también marcaban un gran paso en la historia del género y de la música en general.

‘Perfect Strangers’ llega con un LP de ocho temas y con un sonido fresco y potente a partes iguales, comenzando por una hardrockera y gamberra “Knocking At Your Back Door”, recuperando ese feeling especial de la voz de Ian Gillan, y siempre con el maestro de la guitarra Ritchie Blackmore creando riff prodigioso tras riff prodigioso, para un servidor el mejor en lo suyo. Melodías misteriosas introducen algunos de sus cortes como “Under The Gun”, con especial importancia para los teclados del gran Jon Lord, o la espacial “Nobody’s Home”, de nuevo con un Lord espectacular, al que pronto se suma un riff ganador de Blackmore y un Paice disfrutando tras los platos, uno de esos cortes que aún a día de hoy siguen sonando igual de refrescantes.

Se llega al ecuador del álbum con la pegadiza “Mean Steak” de estribillo contagioso y otro solo para enmarcar de Ritchie, y ahora a la pieza maestra iniciada por Jon a los teclados, la homónima “Perfect Strangers” con ese groove tan especial con un Glover sensacional y un Ian Paice solidísimo tras los platos, mientras Gillan hace escalas vocales por doquier.

“A Gypsy’s Kiss” nos vuelve a dejar al combo Lord/Blackmore entendiéndose a la perfección encajando melodías únicas e irrepetibles, con Gillan moviéndose sin problema y sobrado sobre todas ellas. “Wasted Sunsets” es ese medio tiempo tan adecuado, con Paice mostrando una pegada tras los platos y con Gillan haciendo alarde de su talento, para dejar al maestro Blackmore con otro solo de lo más emotivo. Y el final lo marca “Hungry Daze” con una banda sonando impecable por los cinco costados, la perfección hecha música, melodía, ritmo, voz, calidad, clase, elegancia… Se acaban los adjetivos.

Posteriormente saldría una reedición de este trabajo allá por 1999, pero estamos hablando de uno de esos grandes clásicos del rock, sin olvidarnos de aquel mágico ‘Made In Japan’ entre otros. Deep Purple han sido, son y serán siempre palabras mayores.

Óscar Gil