El vocalista Chris Cornell y los músicos de Rage Against The Machine se unieron a la perfección en Audioslave, y su debut homónimo fue todo un bombazo. Publicado el 18 de noviembre de 2002, temas como “Like A Stone”, "Cochise" o “I Am The Highway” ya forman parte de la historia del rock contemporáneo.

Después de la separación de Soundgarden en 1996 y poco después de la de Rage Against The Machine, los caminos de Chris Cornell, Tom Morello, Tim Commerford y Brad Wilk se cruzaron gracias al productor Rick Rubin dando a luz a Audioslave, un grupo de hard rock que no pretendió cambiar el mundo en contexto con lo que sus músicos ya habían hecho años atrás pero que ofreció una calidad y frescura necesaria también para los que echaban de menos tanto a Morello y su originalidad al tocar la guitarra como si fuese un DJ haciendo scratching como el poderío vocal y compositivo del irrepetible y recientemente desaparecido Chris Cornell. La química entre los cuatro músicos en los ensayos previos a grabar trajo consigo ‘Audioslave’ (2002), un disco tan criticado por monótono como alabado por su garra, puntería y frescura.

Aunque la prensa especializada y los fans más ultras viesen en este primer y homónimo largo una versión reciclada de lo que estos artistas ya habían compuesto con sus anteriores bandas, con el paso del tiempo se ha erigido como uno de los grandes discos de rock de la primera década del nuevo milenio.

La innegable elegancia y esos rugidos de guitarra que recuerdan a motores poniéndose en marcha en “Cochise” y la potente y rasgada voz de Cornell -el grito final de este primer corte es histórico- reavivaron la mecha de un hard rock moderno con estribillos y melodías vocales excepcionales, y muestra de ello también la tanda de temazos que son “Show Me How To Live”, “Gasoline”, la algo más sosegada pero igualmente rabiosa “What You Are” o esas baladas tan cuidadas y llenas de sentimiento como “Like A Stone”, la medio tiempo “Shadow Of The Sun”, “I Am The Highway” o la preciosa “Getaway Car”. Las marcas de la casa las ofrecen “Hyptonize” y “Bring Em Back Alive”, claros ejemplos de sí que había un sello de autenticidad diferencial donde también se flirtea con el funk, metal, blues e incluso con algo casi cercano al jazz en “The Last Remaining Light”.

La grandeza de Audioslave ha sido construida en base al paso del tiempo y la unión de dos mundos y décadas, convirtiéndose en algo mayúsculo por parte de gente de renombre en el mundillo del rock y gracias la actitud y ganas como combustible para seguir brillando. Nadie podrá negar que es difícil sacar un primer disco donde más de la mitad son auténticos hits.

Jaime Tomé