En este cuarto trabajo Amon Amarth mostraba un sonido más pesado y de ritmo medio, a diferencia de sus trabajos anteriores en los que destacaba la velocidad. Publicado el 18 de noviembre de 2002, 'Versus The World' fue el trampolín de una banda que no ha parado de crecer desde entonces.

Ya hacía tiempo que los líderes del death metal melódico de temática vikinga habían sacado la cabeza en su Suecia natal: no por nada, este ‘Versus The World’ aparecía como ya su cuarto disco. Sin embargo, más que ir en contra del mundo, con este lanzamiento lo que consiguieron fue empezar a comérselo -y es que el disco que nos ocupa supuso el primer despegue comercial de Johan Hegg y los suyos, quienes son de los destinados a liderar la carrera para el relieve generacional del metal-.

Si se dejan atrás las melodías huracanadas y los riffs a alta velocidad de sus discos previos, en ‘Versus The World’ hay ritmos más pausados y contrapuestos con un sonido más oscuro y pesado que dota a todo el trabajo de una atmósfera hasta melancólica y sombría. Los suecos trabajaron fuerte para encontrar la forma de dar cohesión a su propuesta musical y, a la vez, hacerla destacar: empezaba a sonar lo que más tarde, después de casi diez lanzamientos, sería conocido, hasta con cierto hastío por repetitiva, como la “fórmula Amon Amarth”.

Con eso, la referencia hace alusión a esos riffs melódicos, pegadizos y sin grandes complicaciones que reparten a dúo Johan Söderberg y Olavi Mikkonen, construidos sobre una estructura de buenos y probados power chords y una batería atronadora de bajo constante, obras de Ted Lundström (bajo) y Fredrik Andersson (batería). Así, si algo distingue a Amon Amarth de muchos de sus competidores directos, es el hecho de que escucharles es divertido, adictivo y entra bien.

Pero, por encima de todo, lo que caracteriza a Amon Amarth (y que se vio totalmente definido en ‘Versus The World’) son los estribillos que bien podrían haber arengado a Ragnar Lothbrok o Erik el Rojo, encarnados en esos growls de buena técnica y aún mejor interpretación que dispara Hegg sin ningún tipo de pudor.

En esa línea, por supuesto, no se puede hablar del quinteto sueco sin hacer mención a la narrativa vikinga que les acompaña. Aunque renieguen del título “viking metal” ya que es muy diferente a su música, se aprovechan del filón del concepto vikingo que se hallan en las letras inspiradas en todas y cada una de las leyendas de la época (en este álbum, por ejemplo, se encuentran a menciones al Bifröst en “Across the Rainbow Bridge” o al Runatal en “Thousand Years Of Oppression”).

Laura Cano