Cinco meses es lo que hoy en día tarda una discográfica en preparar el lanzamiento de un disco. En 1980, cinco meses es lo que tardaron AC/DC en recuperarse de la muerte de su carismático vocalista, fichar a otro, grabar el disco más vendido de la historia del rock duro y volver a la carretera.

La multitud rugía. Como en cualquier concierto, pero más. Era la primera ocasión en cinco años en que la banda volvía a actuar en nuestro país y, a decir verdad, tampoco se habían prodigado mucho antes de eso. Apenas un show de estadio en Barcelona en 1991, algunos shows en pabellones en 1984 con cancelaciones de por medio y una primera visita en 1981 que pocos ya recordaban. La suma de nuevas generaciones a la causa, la martilleante promoción de su nuevo disco en España y el hype de la vuelta a la formación de su batería clásico eran los responsables de que en 1996, AC/DC fuese capaces de llenar dos noches el Palau Sant Jordi de Barcelona y tres noches la plaza de toros de Las Ventas de Madrid.

Previamente, un clamor de los fans obligó al promotor de la gira, Gay Mercader, a ir sumando fechas al tour español. El grupo rechazaba hacer grandes conciertos de estadio desde que tres fans fueron aplastados hasta la muerte en las primeras filas durante un show en Salt Lake City ante la incapacidad de la banda para poder evitarlo. Pero a la multitud que agotó las entradas de los cinco conciertos en España no pareció importarle demasiado el riesgo. Recordemos que estos eran los años pre-Ticketmaster, donde agotar entradas implicaba ir a hacer cola a algún centro comercial o cadena de tiendas de discos durante horas y horas -nada de cómodas colas virtuales sentado en el baño de la oficina en la que trabajas intentando que tu jefe no se entere de en qué pierdes el tiempo.

De pronto, al hilo del videoclip de “Hard As A Rock”, primer single del disco “Ballbreaker” y confirmación de que AC/DC estaban en un espectacular estado de forma, una bola de demoliciones se convirtió en la protagonista de la noche. En medio del rugido se abría paso el chirriar de una grúa que coronaba el escenario. La grúa iba dejando caer la bola de demolición lentamente y, en la distancia, un muro de porexpan comenzaba a temer por su integridad. Tras dos minutos de creciente tensión, de balanceos y de “uys” del público, finalmente la bola cumple con su cometido y destruye el decorado del escenario -así, para empezar la noche sencillita y sin complicaciones. Un estruendo se apodera del recinto, magnificado por miles y miles de vatios de potencia de sonido. En medio de la confusión, unas persianas que protegen los amplificadores y la batería se levantan inmediatamente y de una de ellas sale Angus Young, con un power chord inmenso saliendo desde su guitarra. Coge su gorra, reverencia al público con ella en la mano, se gira hacia la batería de nuevo y tras dejar que Phil Rudd cuente cuatro con el charles de la batería, la banda hace estallar “Back In Black”.

Cuando una banda, sea cual sea, decide iniciar su concierto con su mayor hit o, cuanto menos, uno de sus dos riffs más reconocibles, es toda una declaración de intenciones. Es una manera de decir “tomad, que vamos sobrados”. De hecho, en la mayoría de repertorios de AC/DC, “Back In Black” aparece entre las primeras canciones del set, conocedores del efecto arrollador que tiene entre el público y de la capacidad que el riff tiene para despertar hasta al fan casual más pasivo. Da igual que hayas vivido bajo una piedra durante las últimas cuatro décadas: si escuchas ese riff, automáticamente lo reconoces y lo sientes como algo familiar, cercano, mil veces escuchado.

Esa es parte de la magia de AC/DC: haber creado un ecosistema musical en el que las canciones -más viejas o más nuevas- consiguen generar una instantánea familiaridad con el oyente. Como ese primo o aquel amigo al que ves una vez al año pero con el que retomas la relación en el mismo punto, como si nada hubiese pasado, siquiera el tiempo. Hasta el tema más oscuro de “Fly On The Wall” es capaz de devolverte a un lugar cómodo y conocido, porque AC/DC simplemente poseen esa capacidad intrínseca. Pero, de toda su obra, “Back In Black” es el tema -y el disco- más reconocible. Es el tema de rock que hasta la gente que odia el rock termina tarareando. El disco que, aunque el rock sea lo más lejano a tus gustos, termina gustándote. Si bien compositores como el sueco Max Martin han logrado perfeccionar la fórmula de la canción pop de éxito en los últimos veinte años, lo que consiguieron los hermanos Angus y Malcolm Young y el productor Robert John “Mutt” Lange en 1980 debería ser estudiado al detalle. La precisión quirúrgica de la batería de Phil Rudd, la unión de grandes estribillos con rugosos riffs de rock australiano de bareto problemático, la cortante voz de Brian Johnson y la capacidad para resumir un género musical en 42 minutos, eran suficientes para causar sensación. Pero si a ello le sumamos la historia de superación, la narrativa de una banda que lucha por salir adelante a la luz de la tragedia, ya no tenemos sólo un gran disco de rock: tenemos una historia con la que simpatizar. Y, en esencia, ‘Back In Black’ ha sido capaz de capitalizar justamente eso: que de todo se sale y a veces incluso con más éxito (que no mejor). Hasta de perder a tu carismático vocalista y letrista al borde del salto definitivo en la carrera de tu banda.

Un mal comienzo

La década de los ’80 fue, para la generación del rock duro, el equivalente a los felices ’20 para la generación del jazz. Un momento de esplendor para el género, de pioneros, de discos de importancia capital. De grupos que labraron su leyenda en esos momentos y de nacimiento de corrientes que dominarían el estilo en años venideros (véase la New Wave of British Heavy Metal que albergaría a Iron Maiden, Judas Priest, Saxon y Def Leppard). Pero AC/DC la empezaron con bastante mal pié.

La banda venía del tremendo éxito de ‘Highway To Hell’, el disco que dio un vuelco a su suerte tras años de partirse los cuernos girando por Europa, Australia y Estados Unidos. En ‘Highway To Hell’ la banda había puesto un especial énfasis en los coros y en la musicalidad de la propia banda, alejándose ligeramente del blitzkrieg guitarrero de discos como ‘Let There Be Rock’ (1977) o de la seriedad y madurez blues-rockera de discos como ‘Powerage’ (1978). El directo ‘If You Want Blood’, editado en noviembre de 1978, había servido para que la banda tuviese algo de tiempo extra en la preparación de un nuevo disco que no estaba resultando fácil. Una primera unión entre la banda y el productor Eddie Kramer (Hendrix, Kiss) no resultó nada productiva pero en cuanto AC/DC comenzaron a trabajar con el sudafricano “Mutt” Lange, las cosas dieron un vuelco a mejor. De aquel disco saldrían himnos atemporales como el tema título, “Shot Down In Flames” o “Girls Got Rhythm” y, lo que es más importante, el sonido más radiable de la banda dio pie a que el tan anhelado éxito finalmente llegase a las puertas de la banda. Un nada despreciable puesto número 17 en el Billboard 200 americano y un número 8 en el Reino Unido fueron sintomáticos de que las cosas estaban cambiando para AC/DC. Los subsiguientes 125 conciertos en apenas cinco meses y medio fueron sintomáticos de que el grupo estaba realmente  a todo gas en ese punto de su carrera.

Bon Scott (Foto: Fin Costello/Redferns)

Durante las navidades de 1979-1980, la banda se tomó un breve descanso de tres semanas. Algunos se fueron con sus esposas y el vocalista, Bon Scott, la pieza clave y principal arma carismática de AC/DC junto con Angus Young, se largó hasta Sydney, Australia, para pasar el tiempo con su familia por primera vez en tres años. Nada más llegar a Sydney, Scott se compró una impresionante Kawasaki Z900 roja con la que se paseaba sin casco y a toda velocidad por la playa de Bondi. También tuvo tiempo de otear pisos y alquilar uno donde viviría solo por primera vez -porque hasta entonces no había tenido dinero para poder permitírselo. Pero con unos AC/DC que no habían disfrutado de tanta fama en Australia desde sus primeros años -antes de emigrar al Reino Unido en 1976 para hacer crecer su carrera- Scott estaba pasándoselo bien ante la adulación que se encontraba en su tierra. Pero sus malos hábitos llevaban tiempo fuera de control e incluso su familia se dio cuenta de que el alcoholismo de Bon había escalado tremendamente. “Pero no le podías decir a Bon lo que tenía que hacer”, explicaría su madre, Isa, más adelante.

Scott volvió a Londres poco después de navidades, donde se mudó a un nuevo piso cerca de Buckingham Palace. Hizo los últimos shows pendientes de la gira y conoció a Anna “Baba”, una atractiva joven japonesa conocida de su tour manager, Ian Jeffery, con la que empezó a verse en la misma noche del último show en Southampton. El día después del show, Scott le pidió a Anna que recogiese las cosas de su piso en la otra punta de Londres y se mudase a vivir con él. Fue su compañera en las que serían sus últimas semanas de vida.

Poco después, el 7 de febrero de 1980, Scott grabó una actuación con AC/DC en el programa “Top Of The Pops” de la BBC presentando el single “Touch Too Much”. Parecía estar asentándose con su nueva compañera, que le acompañó a la grabación, y con la que acudía regularmente a comer los domingos en casa de Jeffery. Nada más lejos de la realidad: el vocalista estaba bebiendo y usando drogas más que nunca. Eso no evitó que Scott visitase a los hermanos Young en el local de ensayo en el que se encontraban preparando ideas para el próximo disco de la banda. Estaba decidido que el grupo entraría al estudio en abril de ese mismo año. Y no sería en Londres: la banda iría a los exclusivos Compass Point Studios de Nassau, en las islas Bahamas. Con el Reino Unido gravando los ingresos económicos al 83%, los contables de la banda sugirieron que el grupo se largase bien lejos de Gran Bretaña para grabar el disco.

AC/DC (Foto: Jorgen Angel/Redferns)

El día 15 de febrero, Scott fue a los E.Zee Hire, unos locales de ensayo en los que Angus y Malcolm se encontraban trabajando sobre diversas ideas. En esa jornada concreta, Scott vio como daban forma a dos nuevas canciones tituladas “Have A Drink On Me” y “Let Me Put My Love Into You”. Aunque el vocalista había ido anotando ideas en su inseparable libreta, no tenía demasiadas ganas de cantar ese día. Sin embargo, se puso tras la batería y comenzó a tocar mientras los hermanos Young le seguían. Estaban felices. No en vano, el día antes la banda había recibido la noticia de que su disco ‘Highway To Hell’ había logrado vender un millón de copias en Estados Unidos, lo que suponía el primer disco de platino para AC/DC. Tal era la felicidad y entusiasmo de Scott que volvió a casa explicándole a su compañera japonesa que el próximo disco de la banda “iba a ser el grande”. Y llamó a su madre en Australia para decirle lo mismo. Parece que Bon comenzaba a renacer de sus cenizas y veía el futuro con positivismo.

Dos días después, el 17 de febrero, Bon le dijo a Anna que tenía que marcharse de su casa mientras preparaba las letras del nuevo disco de la banda. Antes de marcharse, le pidió a su compañera que cocinase una cena típicamente japonesa para sus invitados, los miembros del grupo francés Trust, con los que Scott había trabado una gran amistad y se encontraban en Londres grabando un nuevo disco. También acudió el guitarrista de Rose Tattoo, Mick Cocks. Juntos tuvieron una cena que Anna posteriormente describiría como “una especie de última cena”. A la mañana siguiente, Anna cogió un autobús a casa de Ian Jeffery y su esposa, donde se quedaría temporalmente mientras Scott finiquitaba sus letras. En la tarde de ese 18 de febrero, cuando Jeffery vino de los locales de ensayo donde estaban Angus y Malcolm, le dijo a Anna que no había visto a Bon en todo el día. Intranquila, la joven pensó en la actitud discretamente negativa y triste que había observado en Bon en los días anteriores, así como su desmedida ingesta de alcohol. Pero Scott finalmente se pudo en contacto esa noche por teléfono y la tranquilizó, explicándole que estaba en casa bebiendo y escribiendo letras.

Pero Bon no se iba a quedar en casa esa noche y ya había llamado por teléfono a Silver, su ex-novia, con quien había acabado la relación en 1978. Fue en Australia, poco después de completar las grabaciones de ‘Powerage’, cuando Silver comenzó a verse con Joe Furey, un roadie que trabajaba con Rose Tattoo y que compartía una sana afición por la heroína con Silver. Mientras Bon seguía bebiendo y bebiendo, Silver repentinamente decidió marcharse a Bangkok con su nuevo compañero, dejando a Scott absolutamente devastado. Y con la cuenta bancaria, presuntamente, vacía. Pero, volviendo a esa noche de 18 de febrero de 1980, Scott quería salir a cualquier sitio con Silver. Pudiendo quedarse en casa con sus “ocupaciones” en ese lunes por la noche, le sugirió a Scott que quedase con Alistair Kinnear, uno de sus amigos heroinómanos, con el que ella había compartido piso durante una temporada en Londres. Kinnear estaba en la lista de invitados del Music Machine londinense para un show esa misma noche y Scott se fue allí con él, llamando previamente a Jeffery para avisarle de su futuro paradero.

Una muerte sin aclarar

Si bien el debate sobre lo que tomó Scott esa noche junto a Kinnear ha sido sujeto de controversia a lo largo de los años, un reciente libro de Jesse Fink titulado “Bon: The Last Highway” ha tratado de evidenciar que la heroína tuvo mucho que ver en lo que pasaría en las horas posteriores con una precisión propia de forense. Sin embargo, Kinnear concluyó en una entrevista de 2005 que “bebieron mucho” y que tras la fiesta en el Music Machine se ofreció a conducir a Scott a su casa. Por el camino, Kinnear observó que Scott se había quedado dormido y cuando llegó a su casa, dijo haber picado y no haber obtenido respuesta -Anna se encontraba en casa de Ian Jeffery. Cogió las llaves de Bon, entró al piso, vio que estaba vacío y tras preguntarle a Silver, ésta le recomendó que le dejase durmiendo, que le sucedía “con frecuencia”.

Kinnear condujo entonces a Scott hasta las inmediaciones de su propio piso, en Overhill Road, donde se vio incapaz de sacarle del coche y prefirió dejarlo durmiendo dentro. Tras consultar con Silver, Kinnear bajó algunas sabanas y le dejó apuntada su dirección para que, al despertarse, pudiese subir a su casa y meterse en la cama. En la mañana del día 19 de febrero, sobre las once, un amigo de Kinnear, Leslie Loads, le despertó y Kinnear le pidió que bajase a comprobar que tal estaba Bon. Loads aseguró que el coche estaba vacío y Kinnear siguió durmiendo pensando que Scott habría cogido un taxi a su casa al despertarse. Siguió durmiendo varias horas más y cuando se despertó, a las 19:45h, bajó a su coche y vio que Bon seguía ahí, tumbado boca arriba, sin signos de vómito -como luego se magnificaría- pero totalmente frio al tacto. Kinnear condujo a Bon hasta el King’s College Hospital donde logró sacar con ayuda a Bon del coche. Fue pronunciado “muerto al llegar”. Le dio a los trabajadores del hospital el teléfono de Silver y se fue del lugar sin más. Más de 24 horas después de las llamadas de Kinnear avisando del estado comatoso de Scott, cuando Silver recibió la llamada del hospital para “acudir por un tema serio” se podía imaginar lo que podía haber ocurrido. Pero se volvió “loca”, según confesaria Silver más adelante al periodista Clinton Walker.

Silver no tenía un número de la familia de Bon, así que les dio a los enfermeros el número de Peter Mensch, manager de entonces de la banda. Cuando llegó a su casa, Silver telefoneó a Angus con la noticia y Angus llamó al hospital, que no quiso confirmar ni denegar nada al no tratarse de un familiar directo. Angus llamó a Malcolm y Malcolm llamó a Ian Jeffery a las 02:30h de la madrugada del 20 de febrero, diciéndole “está muerto”. Jeffery se lo tomó como si fuese una broma ante la ira de un Malcolm que le replicó “¿crees que bromearía sobre algo como esto?”.

Anna “Baba”, la joven compañera de Bon en esas últimas semanas, se despertó a causa de los gritos que había en casa de Ian Jeffery, donde seguía viviendo por esas fechas. Jeffery y Mensch acudieron al hospital para identificar el cuerpo poco después, mientras los distintos medios comenzaban a lanzar la noticia de la muerte del vocalista de la banda de rock más prometedora del momento. El informe del forense hablaba de “intoxicación aguda de alcohol” y “muerte por accidente”.

Pese a todo, de puertas para adentro, el alcohol nunca fue considerado la única y exclusiva causa de la muerte de Bon, aunque la banda mantendría cierto hermetismo al respecto a lo largo de los años. “Podría haber sucedido” le explicaba Jeffery al biógrafo Mick Wall cuando se sugiere que la heroína inhalada pudo haber tenido algo que ver en la muerte del vocalista. Incluso Malcolm Young se abrió, crípticamente, al periodista Phil Alexander cuando le dijo que “no estuvimos allí pero sabemos exactamente lo que pasó y no lo hemos explicado porque es algo muy personal de Bon”.

“Bon estaba en un punto muy bajo y bebía mucho así que esa noche fue un poco más allá. Pero no se emborrachó hasta morir, eso está claro. Tenía mucho por lo que vivir”, concluyó el ahora fallecido guitarrista.

Estatua de Bon Scott en Kirriemuir (Escocia)

Lo que está claro es que Kinnear desapareció de su piso en Overhill Road poco después y se mantuvo relativamente desaparecido durante los siguientes 25 años. En 1983 se mudó a la Costa del Sol española donde, al parecer, vivía en un barco pesquero. Murió en 2010 por causas misteriosas.

Los misterios se sucedieron con el paso de los años, siendo el más significativo el de los dos tipos que, según la Rolling Stone australiana, aparecieron en el piso de Bon en Londres y lo dejaron todo patas arriba (luego confirmados como Ian Jeffery y el roadie de la banda, Jake). ¿El motivo? Limpiar cualquier evidencia que pudiese incriminar al vocalista, incluyendo drogas. Y también localizar las letras que pudiese haber estado creando para el próximo disco de la banda. Según explica Anna “Baba”, Jeffery le explicó que había guardado las libretas de Bon en las maletas con todas sus pertenencias personales, las cuales envió a casa de sus padres en Australia. Cuando Anna visitó a los padres de Bon meses después descubrió que las libretas jamás alcanzaron su destino junto al resto de pertenencias.

Un futuro en el aire

Con un vocalista fallecido y la banda al borde del estrellato, AC/DC se quedaron en el aire -durante 48 horas-.

Tras el funeral y una respetuosa visita a los padres de Bon (“la madre de Bon, Isa, sacó cinco sillas para la banda”, explicaría Ian Jeffery al biógrafo Mick Wall, “y solo cuatro miembros se sentaron”), Phil Rudd -batería- y Cliff Williams -bajista- se fueron a Melbourne a descansar unos días. Los hermanos Young volaron de vuelta a Londres. Fue entonces cuando Peter Mensch, como manager, le dio una lista de posibles sustitutos a Malcolm, quien le dijo que no en ese momento. Malcolm no quería dejarlo todo, aunque tuvo una breve conversación con Angus acerca de cambiar el nombre de la banda aunque tampoco se veían preparados para lidiar con los detalles en ese preciso momento. Fue Chick, el padre de Bon, quien les dijo tras el funeral que “tenían que encontrar a alguien” y que “pase lo que pase, no paréis”. A las 48 horas de volver a Londres, Malcolm decidió que no se iba a quedar llorando el resto del año y llamó a Angus para quedar y ensayar.

La lista de Mensch fue considerada, pero la banda elaboró la suya propia. Hubo rumores sobre el ídolo australiano Stevie Wright, muy cercano a los Youngs a través de la factoría musical de Albert Records, pero su actual adicción a la heroína hacía impracticable su fichaje. Otros como Jimmy Barnes, de Cold Chisel y amigo personal de Bon, fueron considerados pero su trayectoria ya asentada en Australia hizo que fuese descartado rápidamente. El australiano Allan Fryer fue otra opción impulsada por el manager americano de la banda, David Krebs. “Era demasiado parecido a Bon en cuanto a su personalidad así que no me sorprende que lo descartasen”, explicó más adelante. “No querían a otro Bon”.

Cuando la banda comenzó a hacer audiciones en marzo, lo hizo en los Vanilla Studios de Pimlico, en Londres. Por allí pasaron un montón de vocalistas que Jeffery caricaturizaría como “aspirantes a David Coverdale” más que como posibles frontmen de AC/DC. Con un disco ya comprometido, el productor “Mutt” Lange se implicó en el proceso hasta el punto de revisar muchas de las cintas de las audiciones que estaba realizando la banda. Además de las cintas que proveía la banda, Mutt y el ingeniero Tony Platt fueron confeccionando una lista de posibles candidatos para que la banda la pudiese valorar.

El paleto que acabó en AC/DC

Uno de los nombres que aparecían en la lista era el de un vocalista de Newcastle llamado Brian Johnson, cuyo único paso por la fama y la gloria del rock and roll fue la banda Geordie, en la que militó en los años ’70 sin demasiado éxito. Pero el aspecto destartalado de Johnson y su baja forma física (veníamos de un sex-symbol como Bon Scott) hicieron que la banda derivase su atención temporalmente hacia Gary Holton, de los Heavy Metal Kids. Aunque poseía el carisma y la soltura callejera de su predecesor y una voz rasgada pero con poco rango. Además, Holton era conocido por sus hábitos poco saludables. Moriría en 1985 por una sobredosis de heroína.

La banda también consideró brevemente a Terry Slesser, vocalista del grupo post-Free de Paul Kossoff, Back Street Crawler. Una banda con la que AC/DC había girado en 1976 y cuyo vocalista tenían en el radar. “Hicimos ‘Rocky Mountain Way’ en la audición”, explicó Slesser en una entrevista de 2009. “Propuse una canción que no fuese de Bon para calentar. La banda se relajó gracias a eso. Me bebí un par de vasos de vino y luego probamos ‘Whole Lotta Rosie’, ‘Highway To Hell’ y ‘The Jack’”. Aunque el vocalista estaba en la lista de favoritos en un primer momento, la banda no terminó de sintonizar con él.

Ya metidos en un túnel sin salida de audiciones, recomendaciones, valoraciones y consejos, la banda volvió a considerar al “tío de Geordie”, Brian Johnson. Ian Jeffery lo localizó y le ofreció ir a Londres a realizar una audición, a lo que Brian se negó porque estaba trabajando en la empresa de construcción de su hermano y no podía permitirse el coste de ir a Londres. Jeffery le convenció pagando el billete de avión y Johnson vio que aquello iba en serio.

Tras una accidentada llegada a su audición con la banda, Johnson sugirió cantar “Nutbush City Limits” de Ike & Tina Turner para probar, una elección novedosa para el resto de músicos. En cuanto Johnson cogió el micro con una mano y comenzó a cantar, el resto de la banda se vino arriba.

AC/DC

En la segunda audición, unos días después, la banda le presentó a Brian una idea en la que había estado trabajando, un riff al que habían decidido titular ‘Back In Black’. Brian cogió el micro y cantó las palabras “back in black” y añadió un “I hit the sack” de cosecha propia porque fue lo primero que le vino a la cabeza. Los hermanos Young dejaron sus guitarras y se sentaron a hablar con Johnson. Le pidieron que cantase “Highway To Hell”, pero nunca había oído la canción. Angus tuvo que escribirle la letra en un papel. Tras la prueba, Brian volvió a casa en Newcastle y sonó su teléfono. Era Malcolm preguntándole si le interesaba grabar el próximo disco de AC/DC en las Bahamas. Tan desconfiado era Johnson tras salir escaldado tras su paso por Geordie que le dijo a Malcolm que le llamase de nuevo en diez minutos para confirmar que no era una broma telefónica. La oferta era firme: seis meses de prueba con un salario de 170 libras por semana, además de todos los gastos pagados.

El 1 de abril de 1980, AC/DC oficializaban el fichaje de Brian Johnson como vocalista, apenas cinco semanas después de la muerte de Bon Scott. Algo que hoy en día parecería impensable y que generaría un rechazo enorme por parte del público pero que, en aquel momento, fue el movimiento más ágil e inteligente de la historia del rock.

Tras la entrada de Johnson, la banda se lanzó a ensayar durante dos semanas en Londres, con la visita ocasional de “Mutt” Lange al local para ver cómo iban las cosas. No solo acudía el productor: distintas personalidades del mundo del rock con un enorme respeto por Bon se acercaron a ver los progresos de la banda, como Ozzy Osbourne. Poco después un avión directo a las Bahamas llevó a la banda rumbo a la creación de un disco que cambiaría la historia del rock para siempre.

Un paraíso a medias

La decisión de ir por primera vez a los Compass Point de Nassau, en las Bahamas, respondía al deseo de la banda de trabajar en un ambiente algo más agradable que el Reino Unido -y a la imponente tasa de impuestos que el gobierno británico aplicaba en aquel entonces-. Johnson, mientras tanto, temblaba pensando que no sería capaz de llevar a buen puerto la labor que se le había puesto por delante. Con un presupuesto de grabación que todavía era modesto -las condiciones contractuales de AC/DC en aquel entonces no eran exactamente óptimas -la banda se jugaba mucho en muy poco tiempo-. Los primeros conciertos de la nueva gira estaban previstos para finales de junio de 1980.

Al llegar a Nassau, la banda se encontró con que el paradisíaco enclave estaba siendo asolado por las tormentas más viles. Además, los encargados de aduanas confiscaron todos sus instrumentos pese a sus protestas explicando que habían venido a la isla a trabajar. “Hubo que hacer un pequeño soborno y mágicamente volvieron las guitarras”, declaró Brian Johnson años después.

Al llegar a los estudios, AC/DC se encontraron con un lugar menos glamuroso de lo esperado, con habitaciones que parecían celdas y un ama de llaves que les explicó que se asegurasen de cerrar las puertas por las noches porque algunos delincuentes locales acudían a sitios como ese para robar a turistas ricos.

En el estudio, Tony Platt busco el lugar adecuado para el sonido de la caja y construyó lo demás alrededor. Dos cabinas para las guitarras, otro espacio separado para el bajo y todo situado del mismo modo en que AC/DC suelen estar sobre el escenario. “Así es como iba a estar situado todo en la mezcla”, explicó Platt. “Queríamos que sonase lo más cerca posible a como la banda suena en directo”. Brian, por su parte, trabajó por separado con “Mutt” Lange, cantando guías vocales en la sala de control mientras la banda tocaba en el estudio principal.

La banda comenzó trabajando en una idea parcialmente incompleta que se había titulado “You Shook Me All Night Long” y que Brian asegura haber compuesto con dobles significados motivados por su amor por los coches. Pero la experiencia en sí tuvo un componente más místico para el vocalista. En una historia que ha sido repetida hasta la saciedad, Johnson aseguró que al ponerse a trabajar en la letra de la canción “algo pasó en esa habitación”.

“Algo pasó por allí y me sentí muy bien tras ello. No me importa si la gente me cree o no pero algo me sucedió y sentí como si dijese ‘está bien, todo estará bien’, lo que me dio una enorme calma. Quiero pensar que fue Bon pero no puedo porque soy muy cínico y no quiero que la gente crea cosas extrañas. Pero algo sucedió y tras eso compuse la letra de la canción”, declaró en una entrevista posterior el vocalista.

La teoría de la conspiración

Algo que ha sido refutado años después por el autor Jesse Fink, autor de los libros “The Youngs: The Brothers Who Built AC/DC” y “Bon: The Last Highway”. En ambos volúmenes, Fink plantea la teoría de que la banda habría estado aprovechando letras ya compuestas por Bon Scott y que constarían en las libretas que desaparecieron de su piso en los días posteriores a su muerte. Algo que intenta confirmar con un análisis minucioso.

“Ciertamente, las mejores frases de ‘Back In Black’ tienen el punch y los puntos destacados del trabajo de Scott y es muy tentador basarse únicamente en eso”, afirma el autor.

“En primer lugar, Angus y Malcolm han confesado que antes de la muerte de Bon ya estaban trabajando en algunas ideas, ideas que eran algo más que títulos y que encontraron lugar en ‘Back In Black’ y en las que Scott había tocado como batería en los ensayos”, dice el autor en referencia a “Have A Drink On Me” y “Let Me Put My Love Into You”.

“Por otra parte”, prosigue, “están los trozos de papel o libretas con ideas para canciones que presuntamente aparecen en ‘Back In Black’. Dependiendo de qué versión prefieras creerte, fueron encontradas en el piso de Scott por Ian Jeffery y el jefe de producción Jake Berry”. El autor asegura que le ha preguntado a Jeffery dónde están dichas libretas ahora. Jeffery asegura que “las debo tener por ahí guardadas”. En entrevistas con la revista Classic Rock referenciadas en el primer libro de Fink Malcolm admitió haber recibido de Jeffery una libreta con “algunos garabatos de Bon y un par de pequeñas letras pero nada que te diese una idea de nada”. Angus, en una subsiguiente entrevista explicó que “muchas de las ideas, estribillos, títulos y fragmentos de letras ya estaban hechos antes de la llegada de Brian”, contradiciendo a su propio hermano. Eso sí, aseguró que “no había nada de la libreta de Bon en el disco”.

“Todo ese material fue directo a su madre y a su familia. Eran cosas personales -cartas y cosas. No habría estado bien quedárnoslo. No era nuestro”, aseguraba Angus.

Según las teorías de Fink, la deriva alcohólica y el desencanto de Bon Scott con la vida en la carretera estaban condicionando la existencia del vocalista. Su mal estado de forma en la gira americana de 1979 y su ruptura con Silver Smith terminaron de hundirle.

“Una lectura de las letras de ‘Back In Black’ no da a entender que se tratase de un homenaje a Bon sino un himno al dinero, un tema favorito de las letras de Scott e incluso hace referencias a un Cadillac. El coche americano está referenciado por primera vez en el tema ‘Rocker’ de ‘TNT’ pero más significativamente en ‘Down Payment Blues’ de ‘Powerage’, una canción que trata sobre ser pobre. ‘Back In Black’ es la secuela lógica: una canción sobre ser rico, de fortunas que se dan la vuelta”.

La madre de Scott, Isa, le explicó a Vince Lovegrove en el año 2006, según una entrevista referenciada por Fink en su libro, que “Scott siempre decía que sería un millonario. Ojalá hubiese seguido vivo para verlo y disfrutarlo (…) La última vez que vi a Bon fue en las navidades de 1979, dos meses antes de morir. Ron (su nombre real, Ronald) me dijo que estaba trabajando en el disco ‘Back in Black’ y que ese iba a ser el disco definitivo, que iba a ser un millonario. Yo le dije ‘claro que si, Ron”.

Lo que está claro es que, en ‘Back In Black’ todos los créditos de las canciones pertenecen a “Young, Young y Johnson”. Sin embargo, un análisis detallado de “You Shook Me All Night Long” saca a relucir frases sobre “american thighs” (muslos americanos) por parte de un vocalista que jamás había estado en Estados Unidos. Johnson se defendió en una entrevista diciendo que “en las Bahamas vi a un par de chicas americanas y eran preciosas, así que la canción era sobre lo que habría hecho si hubiese podido. Pero Bon ya lo había hecho todo”. Posteriormente, en una entrevista para el “Ultimate Albums” de la cadena VH1, Johnson explicó la historia arriba mencionada sobre el espíritu que le poseyó antes de escribir esa canción a solas en los Compass Point Studios.

Un biógrafo británico de la banda, el periodista Malcolm Dome, escribió en Classic Rock en el año 2005 que “personalmente puedo confirmar que Bon compuso algunas letras para el disco, habiendo visto yo mismo algunas de estas hojas con letras. Esto sucedió un par de días antes de su muerte, en lugar llamado Music Machine en Camden, al norte de Londres… y una frase que siempre he recordado es ‘she told me to come but I was already there’”.

“Puedes jugarte la vida a que Bon Scott compuso la letra de ‘You Shook Me All Night Long’”, asegura Doug Thaler, uno de los agentes de contratación de la banda en la época. “Cuando llegas a ‘For Those About To Rock’ y en adelante, las letras ya no eran tan inteligentes. Bon tenía un estilo y Brian no podía imitarlo. Llegada la época de ‘The Razor’s Edge’ Brian ya no formaba parte del equipo de composición”, recuerda.

Por último, un apunte hecho por Mark Gable, vocalista de la banda australiana Choirboys en una entrevista radiofónica: Scott compuso las letras de “todo el disco”. En declaraciones a Jesse Fink para su primer libro, el músico asegura que “es algo que me ha llegado desde dentro” y que “según sé por varias personas que trabajaban en Alberts en la época en que sucedió todo esto, la realidad es que aunque Brian recibe crédito por haber compuesto las letras, los herederos de Bon Scott reciben una tercera parte de los royalties editoriales del disco”.

Según Tony Platt “todos los que estábamos en el estudio colaboramos” en las letras. “Brian trabajó en el núcleo de las letras pero siempre faltaba algo o una parte no encajaba con la rima o la métrica así que se tuvo que hacer algún cambio. Recuerdo específicamente como en “You Shook Me All Night Long” todo el mundo estaba añadiendo ideas. ‘Double time on the seduction line’, ese verso, fue cosa mía, siempre lo reclamaré’”.

Sin embargo, Ian Jeffery asegura que muchas de las letras del disco fueron obra de “Mutt” Lange. Y que, sin asegurar que existiese ninguna libreta implicadas en el proceso, había algunos versos en las letras del disco.

Un salto cualitativo

Más allá de la controversia sobre la implicación o no de Bon Scott en las letras del disco, lo cierto es que musicalmente ‘Back In Black’ fue un salto cualitativo para la banda -algo que ya se vislumbró en ‘Highway To Hell’, que se aceleró con ‘Back In Black’ y que, lamentablemente, se echaría en falta en el subsiguiente ‘For Those About To Rock’. El inicio del disco con “Hell’s Bells” suponía un tributo para Bon con esos sombríos tañidos de campana ocupando todo el espacio sónico. Ante la odiosa idea de usar sonidos pregrabados, “Mutt” Lange envió a Tony Platt a buscar campanas de iglesia en Inglaterra. Eventualmente encontró una en Midlands y la grabó con visos a usar el sonido en la apertura del disco. Una respetuosa manera de empezar el trabajo que cambiaría para siempre la carrera de AC/DC.

Tras la vuelta e la banda a Inglaterra, el grupo se puso a ensayar duramente durante un periodo de seis semanas en los EZ Hire de Londres. El mismo tiempo que habían tardado en grabar el disco, esencialmente. Los managers confirmaron que la banda podría estar en la carretera a finales de junio. Según Jeffery, él no había escuchado el disco todavía en ese momento.

“No fue hasta que estábamos metiendo la campana en el primer concierto, literalmente, que Malcolm vino Angus y me dieron la cinta y me dijeron que lo escuchase”, le explicó al biógrafo Mick Wall años atrás. “Una vez habías escuchado el disco varias veces, tenías las canciones en la cabeza. Lo siguiente era que estabas cantándolas sin darte cuenta. Todo el mundo en la crew estaba tarareando esos riffs. Nos daban escalofríos y nos hacían mover los pies sin poder parar. Y cuando les escuchabas tocar esas canciones… ¡la hostia!”.

Aunque a Atlantic Records no le gustaba demasiado el título por ser… “demasiado oscuro”, la banda pudo mantener su posición firme y el sello tuvo que permitirlo. Finalmente, el 25 de julio de 1980, el disco salió a la venta y se convirtió en un éxito instantáneo, entrando en el número 1 en el Reino Unido, Austria, Canada y Francia. En Australia logró el número dos. Pero en América apenas entró en el número 189, lo que provocó tensión con la discográfica. Pero tras girar inicialmente por Estados Unidos con Brian en arenas de tamaño mediano y teatros grandes, el disco fue cogiendo tracción. En febrero de 1981 el disco ya estaba en el puesto número 4 en Estados Unidos y se mantendría en el Top 10 durante medio año.

Apenas tres meses tras el comienzo de la gira, Peter Mensch, el manager de la banda se sentó con Brian y le ofreció un buen contrato con la banda que certificaba que ya era de la familia oficialmente. Pero no todo iba a ser tan simple para Brian.

Tras el primer concierto en Namur, Bélgica, Malcolm le recordó a Brian quién mandaba en la banda. Era el primer concierto de la banda tras la muerte de Bon Scott y la presión era inmensa. Ian Jeffery le recomendó a Brian antes del concierto que hiciese lo que hiciese “no hablase mucho”, porque Bon tampoco hablaba demasiado entre tema y tema. Pero Johnson se emocionó al ser su primer concierto con la banda y comenzó a agradecerle absolutamente todo a todo el mundo. Pero Malcolm se acercó a él tras la segunda canción y le recomendó que cerrase la boca. Tras el concierto, la cosa fue a más: “Cuando salgas ahí fuera dices hola, dices buenas noches y te callas la boca. Nada más”, le espetó Malcolm a Brian. Y así quedaron las cosas.

La banda giró por Bélgica y Holanda para dar a conocer a Johnson, saltando luego a Canadá y Estados Unidos y posteriormente al Reino Unido. Seguirían ya en 1981 dando el salto a Europa -recalando en España en enero de 1981- y tras algunos shows por Japón, la banda se marchó inmediatamente a Australia, donde estuvieron girando en febrero de 1981. Allí, en territorio Comanche para Brian, el vocalista pasó la prueba de fuego. Si bien Australia se había llenado de graffitis pro-Bon Scott en los meses anteriores, la banda celebró un enorme concierto ante 30.000 personas en Sydney que supuso la vuelta a casa oficial de la banda tras el trauma de los doce meses anteriores.

La edición de ‘Back In Black’ supuso la vuelta a las listas de ventas de varios discos anteriores de AC/DC como ‘Highway To Hell’, ‘Let There Be Rock’ o ‘If You Want Blood You’ve Got It’. Tal fue la reacción del público que Atlantic Records, reticente a editar el disco ‘Dirty Deeds Done Dirt Cheap’ en Estados Unidos hasta aquel punto lo editó en mayo de 1981, vendiendo más de tres millones de copias -e incluso superando a ‘Back In Black’ en las listas alcanzando el número tres-.

Con el paso de los años, ‘Back In Black’ se convertiría en el disco más vendido de la historia de la banda y posiblemente de la historia del rock duro. Con 22 millones de copias vendidas en Estados Unidos -al menos certificadas oficialmente- y un total de más de 50 millones de copias vendidas en todo el mundo, AC/DC marcaron un antes y un después en la historia del género. Y lo hicieron todo en los cinco meses que separaron la muerte de Bon Scott y la edición de ‘Back In Black’.

Sergi Ramos