Lo que en un principio parecía un proyecto paralelo a Tool de su frontman Maynard James Keenan, terminó siendo una de las bandas más innovadoras dentro del mundo progresivo. Publicado el 23 de mayo de 2000, 'Mer De Noms' fue toda una sorpresa que se tradujo en un alto nivel de ventas inesperado.

El nacimiento de A Perfect Circle en su día se antojó como algo de poca relevancia, como una suerte de experimento de Maynard James Keenan para hacer un proyecto paralelo a Tool sin ir por solitario y que solo iba a tener tracción por la fama de otros grupos, pero ‘Mer De Noms’ no solo demostró lo equivocados que estaban, sino que aún había mucho que innovar en el viejo armario del rock progresivo.

La combinación Howerdel/Keenan demostró ser tan solvente como la del ron y la coca cola, consiguiendo engendrar un sonido que si bien sonaba más arraigado al rock alternativo de los ‘90 que al metal progresivo que puso a Tool en el mapa, logró su agresividad a través de unas letras directas y sin pelos en la lengua, sin sacrificar tampoco la composición espesa y elaborada que habría de poner a A Perfect Circle en lo más alto del progresivo.

Canciones como “Magdalena” o “The Hollow” pillaron a todo el mundo por sorpresa, siendo capaces de ser composiciones complejas y rompedoras a pesar de su brevedad, y clamando a los cuatro vientos que el grupo no era un mero proyecto paralelo, sino toda una fuerza en sí misma que habría de generar una horda de nuevos seguidores. Aunque su sonido parece tiste y roto como el de un lamento, el trabajo en ningún momento pierde empuje, logrando una fuerza que señala y acusa en vez de hacerse un ovillo y romper a llorar.

Este trabajo supuso la entrada en la partida de otra gran banda de progresivo, y es que si bien había de compartir oxígeno con todo un mastodonte como Tool, ‘Mer De Noms’ logró que tuviera una señal con nombre propio en el mapa, atreviéndose a lanzar un sonido que cualquier discográfica podría haber considerado como pasado de moda. Canciones como “Rose” o “Judith”  suponen una ventana hacia una dimensión de melancolía y oscuro nihilismo que muchos relacionan con los noventa, pese a que la banda se engendró en los dos mil, siendo así un testimonio de que lo habían conseguido con su primer trabajo era todo un monumento a la atemporalidad.

Marc Fernández