Con el cese de Anathema, se cae uno de esos grupos que no solo supieron crear un género junto a bandas como Paradise Lost o My Dying Bride, también se cae uno de los grupos que mejor sabían llevar las emociones al escenario.

Anathema cesan su actividad hasta nueva orden. La noticia que a muchos les ha podido resultar dolorosa ya venía preavisada desde que, unos meses atrás, dieron a conocer su estatus económico actual y, como es común en muchas bandas, no era muy positivo que digamos. Ya entonces podíamos intuir que el destino estaba barajando sus cartas y el del cese de actividad estaba varias veces en la baraja.

Los últimos diez años de Anathema han sido un ir y venir de emociones, con oyentes apoyando su nueva etapa creativa y con otros renegando de la misma como ellos renegaron de sus anteriores sonidos. En sus seguidores se han encontrado siempre aquellos que adoran incondicionalmente trabajos como ‘The Silent Enigma’, ‘Eternity’ o una de sus obras más aplaudidas, el fantástico disco 1998 titulado ‘Alternative 4’ a aquellos que se iniciaron en esta nueva etapa. Discos como ‘We’re Here Because We’re Here’ que iba a servir como excusa de aniversario para tocarlo entero u otro como ‘Weather Systems’ hicieron que, mientras mucha gente se enfadaba, otro público comenzaba a seguirles, aquellos más afincados a un rock progresivo de composiciones muy emotivas.

 

Pero lo cierto es que si algo han dejado Anathema por el momento, han sido varios valores como la honestidad y la valentía de romper con su pasado oscuro y de tanta importancia y, por supuesto, romper las reglas y que muchos seguidores de antes continuasen con ellos hasta el día de hoy y más allá.

La emoción como estandarte

Anathema han sido culpables de demostrar que la música consiste en la emoción, en la capacidad que tienes de generar sentimientos distintos en la gente y, a pesar de que su etapa oscura quedase renegada, en ellos aún cabía la emoción, el simple riff de una guitarra que te atrapa o la voz de Lee Douglas o Vincent Cavanagh que te emociona. Los conciertos de Anathema siempre fueron un festival de emociones a flor de piel donde solo unos pocos se mantenían a un nivel de insensibilidad que estaban destinados a ver a un grupo más, porque el sesenta por ciento de Anathema jugaba en esa categoría.

Los de Liverpool han sido una banda más de las afectadas por toda la situación creada en torno a la pandemia y con ellos se apaga por el momento la firmeza de unos valores donde privó siempre el querer hacer lo que quisieran; da igual si se llamaba “Alone”, no importaba si era una canción como “Fragile Dreams” o “A Simple Mistake”. Cuando una canción está hecha desde el fondo de un artista, cuando en cada canción se sigue palpando el alma por encima de cualquier cliché de géneros o por el dinero que tanto corrompe a muchos, lo demás es secundario y está reservado a no saber valorar la libertad de un artista o , en este caso, de varios.

Con el parón de Anathema se produce una de las caídas de aquellos que sabían hacer de un concierto un cómputo de fiesta, buena música, emoción y valor a lo invisible, a los sentimientos, a lo que hay detrás de una fachada o de una nota. Puede que a muchos no se lo parezca, pero hemos perdido a una gran banda y, esperemos, que solo sea momentáneo.

Juanma García