

Stratovarius siempre ha sido una banda seria, de ideas claras y conciertos impecables. Quizá siempre han sido tachados de fríos pero un servidor nunca les ha visto un mal concierto y eso que ya estoy más que harto de verles, doce veces cansan hasta el más pintado. Ese ha sido uno de los problemas que ha terminado por dinamitar al grupo: si hasta un fan es capaz de cansarse de una de sus bandas favoritas es que realmente algo falla. Stratovarius han estado en todo festival posible, han llegado a grabar discos año tras año hasta que decidieron darse un descanso de algo más de un año. Lo que debía ser un año sabático y un cambio de mentalidad terminó siendo un tiro por la culata: durante ese tiempo se gestaron los Elements, dos discos grabados en unas mismas sesiones de grabación. Si Elements Part I ya fue tildado de repetitivo, simplón y previsible, ¿que podíamos 
Si en la gira del 96 se veía a un grupo que en poco tiempo se iba a comer el mundo, en sus últimos conciertos se veía a un grupo tan hastiado como sus propios fans. Repetir una misma fórmula y que funcione le puede servir a AC/DC, Iron Maiden, Running Wild, Axel Rudi Pell, pero no a Stratovarius. Estaba claro que se necesitaba un cambio de rumbo de inmediato o bien el barco se iba a pique. Timo Tolkki como capitán cogió el timón de su nave y dio un giro tal que todavía no se han recuperado ni fans, ni prensa ni –lo peor- él mismo.
La decisión que tomó Timo en primera instancia es más que acertada siempre que su objetivo fuera cambiar la sonoridad y estilo del grupo. Sacar a Kotipelto de las voces y a la martilleante batería de Michael es dejar al grupo sin parte de su personalidad que siempre los ha caracterizado. Mantener a Jens Johansson es una sabia decisión pues muchos ven en él al auténtico crack de la banda. Hasta aquí todo parece lógico y comprensible, incluso la inclusión de la enigmática Miss K y de 
Pero a partir de entonces las cosas se han empezado a torcer e incluso a tomar dimensiones grotescas que bordean el surrealismo. La prensa se volcó con Stratovarius con la oferta de 3’5 millones de € y con el fichaje de Miss K. Esto reportó incontables visitas a su página web y una publicidad adicional que poco a poco ha hecho que el culebrón Stratovarius sea una de las sensaciones de la temporada. A partir de entonces Tolkki no ha parado de proporcionar carnaza a base comunicados que desde un punto de vista racional deberían haberse quedado entre los propios músicos. Ha destapado las peleas entre Michael y Kotipelto, que Miss K ha recibido una defecación de un fan vía postal, que se emborracha y vomita y la última la mejor de todas: que Jesucristo le pide que pose embadurnado en sangre para su deleite.


Esperamos que Tolkki solucione sus problemas mentales sin que la escena tenga que sufrir día tras día comunicados surrealistas, fichajes “bluff” o correspondencia fecal. El finlandés ha convertido a una de las más grandes bandas de Finlandia en una secuela de The Osbournes vía internet. Su entorno debería tomar cartas en el asunto y actuar de una vez por todas pues parece que esta “Salsa Rosa” reporta más beneficios que disgustos. Si realmente Tolkki está mal de la azotea el tema debería tratarse de una forma más seria por parte de sus teóricos amigos, $ino el tema huele a lo de $iempre…





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