El grupo actuará en Bilbao el próximo 10 de Marzo en la sala Santana 27 y el 7 de Abril hará lo propio en la sala Razzmatazz 2 de Barcelona.

Ñu están en un buen momento. Puede que siempre hayan sido “la banda rara”, la que no terminaba de encajar en un país en el que los que llenaban pabellones eran Obús y Barón Rojo con su heavy metal clásico y sin flautas ni experimentos. Pero no cabe duda de que la tesón y la insistencia de un Jose Carlos Molina que nunca ha terminado de someterse a lo que se estilaba en este país al final está rindiendo dividendos, aunque sea tarde. Hace escasamente unas semanas, la banda llenó la madrileña sala La Riviera, con 1800 personas de capacidad, en un concierto histórico repleto de invitados que fue registrado para la posteridad.

“La gente siempre ha ido a vernos, nunca nos han fallado. Yo si que me esperaba el lleno de La Riviera, sino no lo hubiese hecho” explica Jose Carlos Molina, el líder de la histórica formación, con 43 años de carrera a sus espaldas.

La participación del grupo en grandes festivales recientes como el Rocktiembre de la plaza de toros de Las Ventas en 2016 o Rock Fest Barcelona en 2017 parecen haber generado un nuevo interés en la banda. Un interés que no siempre ha estado ahí. Por mucho que diga Molina, ha habido años de travesía en el desierto donde el público, efectivamente, ha fallado. En 43 años hay tiempo para éxitos, decepciones y fracasos de todo tipo. Pero Molina tampoco achaca el resurgir del interés en Ñu a un factor concreto porque, en sus palabras “si supiese por qué pasan las cosas, habría hecho otras cosas en la vida. Si supiese lo que la gente quiere en cada momento haría lo que quiere la gente en cada momento y en cierta época de mi vida habría dejado de hacer conciertos porque iba a ir menos gente.”

El grupo actuará en Bilbao el próximo 10 de Marzo en la sala Santana 27 y el 7 de Abril hará lo propio en la sala Razzmatazz 2 de Barcelona.

Ñu (Foto: Javier Bragado)

Una discografía variada y ¿libre de presiones?

En la discografía de Ñu cabe todo. Desde el heavy metal ochentero y macarrónico de “Vamos al Lío” al rock progresivo de aquel primer “Cuentos de Ayer y Hoy” pasando por el estilo más folk de “La Danza de las Mil Tierras”. Es un grupo que ha pasado por todos los estilos posibles y que sigue en pie para contarlo, pese a haber estado al margen de modas y corrientes.

“Puede que eso sea el secreto de nuestro éxito y puede que eso sea el secreto de nuestro gran fracaso” explica Molina en una extensa conversación telefónica con esta web.  “Quizá si yo no hubiese ido tan a contracorriente tendríamos muchos más seguidores y estaría montado en el dólar. Me moriré sin saberlo. El ser humano es muy difícil de comprender y a medida que tienes más años y sabes más, te das cuenta de que hay cosas que escapan a tu conocimiento. Es como intentar entender porqué en algún momento de tu vida funcionó una relación o dejó de funcionar. Piensas que puedes lograr entenderlo, pero no lo vas a conseguir.”

“La música es algo muy complicado” prosigue el músico. “Depende de factores sociales e incluso políticos. No hay un motivo por el que a la gente le guste una cosa o le guste otra. Lo bueno es que a la gente le guste la música, en global. No me gustaría que la gente olvide a Beethoven o Johan Sebastian Bach. Que a la gente le guste el rock de ahora está bien, pero que no se olviden de los Rolling, de Muddy Waters o de Emerson, Lake and Palmer. Lo último está bien, pero que la gente no se olvide de los orígenes. Lo suyo es que la música y el arte sea importante para los seres humanos, que juegue un papel en su vida. Más allá de eso, estamos en una tempestad en la que a veces te puedes agarrar a una tabla y a veces te ahogas. Eso sí, yo me ahogo cagándome en la hostia y los demás se ahogan callados (risas)”.

Hacer siempre lo que ha deseado como artista es lo que Molina ha intentado proyectar, cabe decirlo, con bastante éxito. La imagen del flautista rockero que ha sobrevivido a todo es la que permanece en el imaginario colectivo. Pero desde dentro y analizando con detalle la discografía de la banda, el músico difiere.

“Nunca haces todo lo que quieres como artista. Al final siempre terminas adaptándote de alguna manera a lo que el público persigue” explica. “Si yo hubiese hecho lo que he querido, no tendría los seguidores que tengo ahora, aunque la gente piense que siempre he hecho lo que he querido. Lo que pasa es que he hecho un abanico de música que toca muchos estilos dentro del rock y es difícil que de todo lo que hecho, algo no te llegue. Es como si haces muchas quinielas: al final en alguna te tocará algo”.

Ante el ejemplo de un disco tan víctima de los tiempos como el mencionado “Vamos al Lío” de 1988, con baterías llenas de reverb, solos virtuosos, riffs made in Los Angeles, Molina se abre a la autocrítica nuevamente puesto que, como indica, “He tenido que sobrevivir como artista, sobrevivir a las modas. Para ello he tenido que hacer música que no era exactamente la que quería”.

“Que no se piense la gente que yo siempre he hecho lo que me ha apetecido” confiesa. “Puedo haber dado esa imagen. Hay discos que, de no ser por salvar el culo en determinadas épocas, yo no los habría hecho. Vamos al ejemplo que has puesto de “Vamos al Lío”. En ese disco hay varios temas que yo no los habría hecho. En ‘Fuego’ pasa lo mismo. Hay canciones que no hubiese hecho.”

Ñu (Foto: Javier Bragado)

La cutrez del rock español a debate

Siempre se ha hablado de que el rock en español es, por definición, cutre y casposo. Musical y empresarialmente, el auge del género en nuestro país estuvo repleto de grandes bandas sonando como la más amateur de las internacionales, empresarios oportunistas que no siempre tuvieron en sus mejores intereses el bienestar de las bandas y una escena donde el público, culturalmente deficiente tras décadas de dictadura, tampoco tenía el mejor de los criterios. ¿Ve Molina desde dentro las cosas de ese mismo modo?

“Es verdad. Es cierto” afirma el músico sin dudarlo. “A mi, además, me da grima. Me da cosa, lo repelo. Pero la curiosidad me hace escucharlo y mover el pie cuando me tomo una cerveza mientras lo escucho. Pero es que me pasa lo mismo con las películas de Almodóvar. Me dan grima y repelús, pero las veo por curiosidad. Es algo muy de España, salen ambientes muy propios de nuestro país, de la península, porque vosotros (en referencia a Catalunya) estáis en otra cosa. Te hablo de la península incluyendo a Portugal y te diría que incluso parte de Italia. Tenemos una forma de hacer las cosas diferente a la del resto de Europa. Somos muy latinos, muy mediterráneos. Es otro rollo”.

“La realidad tan real de las películas de Almodóvar o las películas antiguas donde salía Tony LeBlanc y cosas así refleja lo que es este país. Es que lo que sale es lo que era la sociedad española en esa época, en ese momento en el tiempo. Con el rock cutre español pasa lo mismo porque la música era así, la vida era así, el sonido era así, los equipos eran así y la música cutre reflejaba la realidad de lo que había. Incluso la movida madrileña era totalmente cutre. En Inglaterra había tiendas que vendían cosas chulísimas pero aquí la gente se lo hacía todo a su rollo, en plan cutre. Es real que ha existido eso. Es real que, por mucho confetti que se tire en los conciertos y por muchas pantallas LED que se empleen, el rock español sigue siendo cutre. Tenemos un problema: que no somos extranjeros. Mientras en el pasaporte no ponga otra cosa, seguiremos siendo esto y es una putada, aunque nos duela.”

Ñu (Foto: Javier Bragado)

Las redes sociales, la polémica y la libertad de expresión

La reciente entrevista de Molina con Europa Press al hilo del concierto en la Riviera tuvo amplia difusión por unos comentarios en los que decía no entender como bandas “tan malas” como AC/DC o IRON MAIDEN llenaban estadios. Algo que, entendido desde la retranca con la que habla generalmente el músico, se puede entender sin problema, pero que en la frialdad de un texto es más complicado de contextualizar. Las collejas y la lapidación en redes sociales ha sido -como era de esperar- apabullante. A Molina le da igual, o casi.

“Todo el mundo necesita odiar a alguien para sentirse vivo” ríe. “Todo el mundo necesita frustrar sus emociones contra algo o alguien. El ser humano es así. Da igual quien sea. El malo ahora es Puigdemont. Otro día soy yo. Otro día es vete a saber quién. Tiene que ser así porque somos así”.

“Lo que dije de AC/DC e IRON MAIDEN, lo de que eran malas bandas, era una broma” insiste. “No es algo que yo me crea. Son bandas que ensayan mucho, que tienen una experiencia brutal. Son bandas que llevan gira tras gira sonando perfectos en escenarios grandes. Naturalmente que son buenas bandas. Lo que quería decir es que ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Hay gente que es muy buena pero que no tiene la suerte de tocar ante tanta gente. Quien quiso leer entre lineas supo lo que quería decir. Pero quien tiene ganas de odiar, por lo que sea, lo va a hacer. Hay gente que me odia, pues no se, porque no soy Rosendo, por decir algo (risas). Es que toco la flauta. No puedo ser Rosendo” se ríe.

“A la gente le gustaría que no dijese esas cosas” elabora. “Pero es que entonces no sería yo, entonces sería todo muy aburrido. La gente que quería odiarme ya tiene un motivo. Yo lo único que les digo es que lo siento mucho y que vayan a vernos en directo de todas formas, porque necesitamos mucho del público de esas bandas que mencioné para seguir adelante. Necesitamos que nos odien menos y que vayan más a nuestros conciertos. Aunque solo vengan para odiarnos, pero que vengan. Odiar también cuesta dinero. Quiero que la gente venga a los conciertos y diga ‘mira, con todo lo que habla de los demás, el ha desafinado en esa nota’. Al menos, que vengan a ver lo malo que soy (Risas) . La gente se ha vuelto muy seria y no entiende las bromas.”

En otro momento de la entrevista el músico hacía mención a como la música dura sirve para canalizar el malestar social pero lo cierto es que la juventud hace tiempo que dejó de escuchar heavy metal para expresar su angustia adolescente. El rap, el trap, el reggaeton incluso, son estilos mucho más en consonancia con la calle hoy en día. El heavy metal se ha vuelto parte de la cultura pop. Iron Maiden los escuchan abuelos, padres e hijos. Cuando Gene Simmons de Kiss vomita sangre no da miedo, da buen rollo. Como ver a Superman volando. Así que la pregunta es inevitable: ¿se ha vuelto el heavy metal una música cómoda y estandarizada para las masas lejos de ser útil para la crítica social de ningún tipo?

“Ya pasó eso en Estados Unidos hace tiempo. Cuando se comenzaron a hacer muñequitos con los Kiss es que algo se estaba volviendo comercial” explica.

Rápidamente sale a colación el caso de Valtonyc y Pablo Hasel, dos raperos recientemente encausados y condenados por el contenido de sus letras.

“El problema es que hoy en día se graba todo y todo está pillado. Si cuando yo decía las cosas que decía por mi boca hubiese habido los medios que hay ahora, yo no habría salido de la cárcel nunca” ríe Molina.

“Ahora que tengo un poco más de sentido común se que tampoco puede llamar ‘hijoputa’ a cualquiera” cuenta el músico. “Ya sabemos como son los que roban y los que gobiernan, pero hay muchas maneras de dar caña sin insultar. No mola que cualquier usuario de Facebook que se ha inventado un grupo y canta rap porque es lo único que sabe cantar diga lo que quiera…pues ese arte me lo paso yo por los huevos” puntualiza.

“Si alguien que es interesante dice cosas y en un momento determinado insulta a alguien con elegancia dices ‘mira, me lo trago porque está hecho con arte’. No puede cualquiera decir lo que quiera de una manera directa y gratuita”.

“La libertad de expresión está muy bien pero tienes que asumir lo que te pueda pasar” resume a modo de conclusión. “No puedes ir llamando hijo de puta a todo el mundo. Tienes que saber donde está el perro grande que te va a morder cuando le haces algo. No se puede hacer todo lo que nos salga de los cojones. Se pueden decir las cosas con gracia, pero dicho a la cara y de golpe no tiene sentido. Es mejor intuir las cosas que que te las digan directamente. Esto de las canciones en las que la gente habla como quiere y dice todo como quiere bajo la premisa de que ‘habla claro’…bueno, es que puede hablar así cualquiera. Pero no todo el mundo puede hacer arte o poesía. Es mi opinión del asunto a día de hoy. Quizá mañana tengo otra”.

Sergi Ramos