Tras unos años muy duros en materia de estudio y de directo (finales de los 90 y principios de los 2000) con una banda resquebrajada, quemada, con problemas internos de formación y una falta evidente de ideas musicales, WASP están viviendo una segunda juventud.

Asiduos de los escenarios y los festivales peninsulares, sorprende que una banda como WASP no solo conserve el poder de convocatoria intacto sino que lo aumente en pleno 2017 -3 décadas después de sus días de gloria- doblando la asistencia de público respecto a cualquiera de sus anteriores 5 o 6 visitas. Ni siquiera la excusa del 25 aniversario de su famoso “The Crimson Idol” debería servir para justificarlo; Ya se llevaron a cabo celebraciones similares para el 15 y el 20 aniversario si mal no recuerdo congregando a menos de la mitad de la gente de la que había este pasado sábado en el Razzmatazz 1. Bordeando el sold out, WASP se presentaban de nuevo en Barcelona sin teloneros -una vez más- y con el clásico y eterno murmullo de que hacen playback, algo que nada tiene que ver con la realidad. En esta ocasión teloneros había, pero por motivos que se me escapan los finlandeses BEAST IN BLACK se apearon de la gira pocos días antes. Se habla de que fueron echados por el propio Blackie, algo que cuesta creer habiendo contratos y papeleo de por medio y a sabiendas de lo mucho que gusta el líder de WASP del vil metal. No menos turbio era el sentimiento generalizado de que “WASP hacen playback”. WASP no hacen playback señores, quítenselo de la cabeza. Otra cosa es que tiren de samples pre-grabados en los coros, táctica utilizada por la inmensa mayoría de bandas con estribillos de similar naturaleza donde suenan conjuntamente un montón de coros y armonías, difícilmente reproducibles por 3 tipos en un escenario. Si gracias a ello Blackie dosifica sus fuerzas y puede tomar un poco de aire, bienvenido sea, mejor eso que vivir una situación bochornosa del tipo Don Dokken. Blackie puede ausentar su voz en los estribillos, pero ataca el resto de partes de las canciones con una finura y delicadez vocal increíbles en nada propios de alguien de 60 y pico años que a estas alturas de la película debería estar echo trizas (a sus muchos compañeros de quinta me remito).

Puntuales sobre la hora establecida, arranca el show a ritmo de “The Titanic Overture” mostrando una escenografía efectiva que consistía en 3 pantallas donde se proyectaba la película que se rodó paralelamente al disco y que estuvo guardada en un cajón de alguna oficina de Capitol Records durante décadas. Con un sonido atronador y cristalino y una banda entregadísima (incluso el propio Blackie, quién recordemos hace no tanto se tiraba todo el show sentado en su araña/alien/trono para poder suplir las carencias de su sobrepeso), empiezan a caer uno a uno los míticos cortes del “The Crimson Idol” como “The Invisible Boy”, “Arena of Pleasures” o “Chainsaw Charlie (Murders in the New Morgue)” desatando -sobre todo esta última- la catarsis colectiva. Blackie no para quieto y tanto Mike Duda como Doug Blair -2 tipos cuyos méritos trascienden lo estrictamente musical (soportar a Blackie durante 20 y 10 años respectivamente solo está al alcance de los elegidos)- corren, saltan, interactúan con la audiencia y a fin de cuentas entretienen y aportan dinamismo al show.

Llegados a la emotiva “The Gypsy Meets the Boy”, descienden las revoluciones del concierto y bajo el tono intimista y épico del tema Blackie Lawless nos deleita con una interpretación vocal espectacular de esas que ponen los pelos de punta. Rozábamos el tramo medio del show y Blackie no había pronunciado palabra alguna a la audiencia todavía, gesto que podría interpretarse como soberbia, falta de educación o grosería y que sin embargo se enmarca dentro del concepto de performance o incluso obra teatral que WASP imprimen a la ejecución de este disco, tocándolo de cabo a rabo de forma ininterrumpida e intentando ser lo más fieles posible al disco sin corte alguno. De este modo, el concierto levanta el vuelo de nuevo con temas enérgicos como “Doctor Rockter” y “I Am One” para sumirse una vez más en el intimismo más desgarrador de la mano de “The Idol” (el “Sleeping in the Fire” de los 90) y sobre todo “Hold on to my Heart”, coreada a pleno pulmón por toda la sala. Este primer tramo del concierto finaliza con la extensa y épica “The Great Misconceptions of Me”, una monstruosidad musical que marca el fin de los casi 60 minutos que dura la experiencia “The Crimson Idol”.

Tras un parón excesivo de unos casi 10 minutos entre créditos de la película (¿Era necesario?) y la mítica intro de WASP donde suenan extractos de muchos de sus mayores hits, la banda norteamericana vuelve a escena para deleitarnos con 4 temas más, “L.O.V.E. Machine”, “Wild Child”, la más reciente (aunque ya clásica, menudo temón) “Golgotha” y como no “I Wanna be Somebody” que como era de esperar, reventó la sala y la puso patas arriba. Por razones obvias, quedaron fuera “Animal (Fuck Like a Beast)” y “Blind in Texas”, temas que dudo mucho ya nunca más se vuelvan a ver en directo dado el renacimiento religioso del señor Lawless.

Tras unos años muy duros en materia de estudio y de directo (finales de los 90 y principios de los 2000) con una banda resquebrajada, quemada, con problemas internos de formación y una falta evidente de ideas musicales, WASP están viviendo una segunda juventud. No solo sus bolos vuelven a ser incendiarios (aunque cortos, las cosas como son), sino que sus entregas discográficas más recientes (“Babylon” y “Golgotha”) son de lo mejorcito que la banda ha puesto en circulación desde precisamente la época de “The Crimson Idol”. Celebrar cada 5 años el nacimiento del que debía ser el primer disco en solitario (autobiográfico) de Blackie Lawless está muy bien y siempre será bien recibido, pero creo que ya toca cerrar esa tradición y recuperar los shows clásicos de WASP con extractos de todo su amplio catálogo, desde luego no será por hits de lo que van sobrados.

Sergi Ramos

Promotor:Madness Live

Día:04-11-2017

Hora:21:00

Sala:Razzmatazz

Ciudad:Barcelona

Puntuación:9