Muse da luz a Santander
Dos horas de puro Muse, volviendo al sonido más característico de sus orígenes pusieron «patas arriba» a la ciudad de Santander, la cuál presenció la única parada en España del grupo británico.
Dos horas de puro Muse, volviendo al sonido más característico de sus orígenes pusieron «patas arriba» a la ciudad de Santander, la cuál presenció la única parada en España del grupo británico.
Dicen que un primer amor nunca se olvida como tampoco se olvidará la primera visita a Barcelona de unos One Ok Rock que arrasaron a su paso, colgando el cartel de entradas agotadas a los pocos días de salir a la venta y firmando un concierto para el recuerdo de todos los que allí se dieron cita.
La última jornada del festival gallego no fue menos espectacular que las demás, y es que el sábado estuvo a la altura del mejor día con shows de primer nivel a lo largo de toda la jornada.
El día clave de esta edición del festival gallego tuvo como grandes protagonistas a la banda más ansiada en el festival a lo largo de los años. Pero no solo ellos hicieron un gran espectáculo.
Al término de esta segunda jornada de Resurrection Fest el festival ha llegado a la mitad de su edición de este año y el jueves tuvo a grandes bandas dentro de su cartel donde pasó de todo.
Sin fiesta de bienvenida (la conocida como Warm-Up Party), con un día completo al igual que los demás con toda la maquinaria activa, el evento gallego empezó la edición con el cartel más imponente de su trayectoria.
La jornada final de Rock Imperium estaba destinada a ser la más multitudinaria y espectacular principalmente por traer el que, en principio, sería el último concierto de Kiss en España, quienes son siempre un sinónimo de una producción escénica sin igual.
Una noche de ensueño para los fans del hard rock y un recuerdo de que los tiempos, ahora, son muy distintos.
Si en el primer día el gran protagonista fueron las bandas de power metal, en la segunda hubo un monumento al sonido más clásico y primigenio. Se sentía como el día en el que empezaban conciertos con un nuevo nivel de convocatoria levemente superior al día anterior.
Una noche absolutamente exagerada: desde el retraso de la banda a lo excesivo de un show escénico que trasciende lo musical. Ha sido una lenta travesía la de convertir a Rammstein, una banda de metal industrial con un alcance comercial más limitado que -pongamos- Rosalía en una banda banda de estadios global.