- Fecha
- 10 de diciembre de 2005
Después de los shows de Bergara y Madrid de los dos últimos dias, Barcelona era la ciudad elegida por Opeth para cerrar los conciertos de la gira de presentación de su nuevo álbum “Ghost Reveries” en España.
Muchas eran las ganas de verles, tanto por gente que ya repetía show como por otra que asistía por primera vez a un cúmulo de sensaciones de estas magnitudes. Y es que Opeth no es un grupo de metal de corte típico, es un grupo donde emergen verdaderas pasiones, donde todo tiene cabida con la finalidad de sorprender, agradar y agradar a los paladares de los gourmets que tenemos la suerte de disfrutar de ellos.
Como bien decía, esta gira tenia la excusa del nuevo disco sacado al mercado a finales de Agosto que demuestra con creces el gran estado de salud y de inspiración por el que pasa y ha pasado la banda en toda su carrera, por lo tanto irles a ver era la gran oportunidad de tener el gusto de compartir con ellos su nuevo álbum y otras grandes canciones de su ya extensa discografía.
Empecemos por el principio. Opeth lleva en este recorrido europeo a sus amigos suecos Burst que empezaron el concierto a las ocho y media aproximadamente. El concierto duró unos cuarenta y cinco minutos más o menos y la banda nos brindó siete u ocho temas que fueron bien recibidos por el público. Me dieron muy buena impresión y aunque no gozaron de un sonido perfecto, estuvieron muy contundentes y ejecutaron una gran actuación. La banda mezcla sonidos nuevos venidos del metal alternativo junto con partes más propias del death melódico más famoso de Suecia, con temas bastante largos y elaborados, de seis o siete minutos en los que podemos encontrar algun tinte progresivo. Recorrieron nuevos temas como “The Immateria” o “Where the Wave Broke” del nuevo disco que presentaban ,“Origo”, editado por Relapse Record en este presente 2.005, y que es el cuarto disco de su carrera. Un grupo bastante destacable y que de buen seguro dará de que hablar en un futuro porque estan haciendo bien las cosas y este tour con una banda del calibre de Opeth es una buena muestra.
Continuando con el hilo de Opeth, salieron a escena cuando el reloj marcaba sobre las nueve y media y todo el público empezó a gritar de júbilo. Las primeras palabras que pronunció Mikael Akerfeldt fueron “Ghost of Perdition” , y es que sin darnos cuenta ya habían empezado a atronarnos los primeros compases del tema que abre “Ghost Reveries”. Tras una magnífica ejecución, Opeth nos ofrecieron todo un clásico de la banda venido de uno de los álbumes “antiguos”: “My arms, your hearse”, uno de mis favoritos. “When” fue la elegida y como no, el público respondió en buena manera.
Llegados a este punto todos nos habíamos percatado de varias cosas, primero: el desparpajo con el que Akerfeldt se desenvolvía detrás del micro, ofreciendonos bromas y comentarios de todo tipo que dejaron ensimismados a todos los allí presentes, el público muy activo aplaudia después de cada parte de los intrincados temas de estos dioses del nuevo progresivo y de ello bien se habian dado cuenta Opeth que iban a darlo todo por un público tan entregado. Preguntas sobre acordes de guitarras y demás ayudaron muchísimo a la interacción del público con la banda, Akerfeldt sabió ganarse de buena onda a toda la multitud.
Opeth salía a escena básicamente como les encontramos en el DVD Lamentations, con un telón de fondo con la O del símbolo de Opeth y con unos juegos luminosos minuciosos, que acompañaban perfectamente el sonido y la música de estos suecos. Otro tema a tener en cuenta fue el espacio elegido, el Teatro Apolo, a parte de estar aquello más lleno que un partido de Boca – River, el sitio era altamente adecuado, la escenografia propia del lugar parecía estar echa a medida para ellos.
Otro tema también era la no incorporación de esta gira del batería que lleva ya los últimos nueve años con la banda, Martín Lopez, que por problemas de salud ha tenido que dejar tanto el tour de USA como el de Europa a Gene Hoglan (durante los primeros conciertos en USA) y a Martin Axenrot (Finales de Usa y Europa) a la batería. Muchas eran las dudas que me surgían sobre como podía tocar alguien ajeno a Opeth sus canciones, debido a su extrema complejidad técnica, estructural y rítmica, pues bien decir que Martin Axenrot se había aprendido todos y cada uno de los fills, breaks, ritmos, cambios y partes de todos los temas en los que duró el set list, y era todo un placer verle tocar con ese gusto los temas de Opeth, se merece todo un gran reconocimiento porque hizo una labor inapelable, de diez. Martín Lopez se prevee que estará totalmente recuperado en Febrero.
Después de este pequeño paréntesis literario retomamos el concierto desde el punto desde donde lo habíamos dejado, “When”, después de deleitarnos con este corte, Opeth volvia con un tema del álbum que dio paso a “My arms, your hearse”, “Still Life”, y nos sorprendieron con “White Cluster”. El grupo estaba soberbio, y el sonido estaba ya en un punto tan sublime de perfección que si cerrabas los ojos te encontrabas escuchandolos desde el mismisimo paraíso, los pequeños problemas de ecualización de volumenes que habían sufrido en pequeñas dosis en “Ghost of Perdition” se habian solventado plenamente y se podía disfrutar y degustar todo este conjunto de sensaciones en su máxima plenitud.
Cada nota, cada golpe conjugado con ese altísimo gusto, cada redoble, cada nota armoniosa y bellamente coordinada, esa precisa y preciosa voz de Akerfeldt que parecía no tener límites a la hora de cantar mostrandonos su amplísimo rango de matices y tonalidades con la bella voz melódica y la endiablada gutural, nos hacían merecedores de las dos orejas que el destino sabiamente nos había dado.
Todo era perfecto, mucho más de lo que se podía esperar y el público estaba disfrutando al máximo y es que era para hacerlo, todo iba como la seda, como debe sonar el grupo que ha redefinido tanto al metal extremo como al progresivo.
Sin apenas poder dejar de sorprendernos, Opeth volvió con algo bastante nuevo, de su penúltimo álbum “Damnation”, con el tema con raíces muy latin “Closure” en el qual introdujeron en mitad del tema una parte totalmente Pink Floyd que emocionó a la concurrencia. Sin parar la enlazaron con el grandisimo “Bleak”, uno de mis temas favoritos sin duda de toda su amplísima colección de obras maestras. El sonido, la calidad y la originalidad iban reinando nuestras mentes que sólo podían parar para sonreir entre canción y canción con el carisma inusitado de un genio, del genio Mikael Akerfeldt.
Llevabamos cerca de una hora que se habia pasado como medio segundo en un tiempo que habiamos “perdido” para estar en el nirvana, “The Grand Conjuration” le sucedió para recordarnos que a día de hoy son la banda más en forma del panorama metálico y que son capaces de hacer enormes y grandilocuentes canciones.
Opeth es un grupo de aquellos en que o te gustan todos los temas o realmente no te gustan ninguno y su guiño al primer disco “Orchid” con “Under the Weeping Moon” fue bestial y hizo las delicias de los más románticos. Volvieron con la última obra de su nuevo disco que tocarian esa noche, “The Baying of The Hounds” que no hacía nada más que recorrernos en el cuerpo con esas brutales y extremas melodias para pesar a bellos trozos progresivos.
“A Fair Judgement” el tema totalmente melódico de “Deliverance” cayó manteniendonos en el nirvana en el que estabamos immersos con esas partes progresivas a lo Camel, Genesis y demás y un final muy en onda doom gótica genial.
El grupo se despidió de la muchedumbre para volver con el bis “Deliverance” no sin antes hacernos tres preguntas, como la esfinge, para obtener la canción extra. Una vez acabado el concierto hablando con un amigo entendí la verdadera e inteligente artimaña que había desarrollado el genio. Akerfeldt hizo 3 preguntas relacionadas con Judas Priest, la primera fue el nombre del mítico cantante de la banda, cosa que sólo era para animar al público a contestar, para preguntar después dos preguntas sobre si nos parecían buenos o malos dos videoclips de la banda, “Breaking the Law” era uno de ellos, a lo que él mismo respondió que eran una completa basura y añadió inteligentemente “But we Still love Them” (pero aún les continuamos queriendo).
Pues bien, yendo más allá en la cuestión y pensando, muchas han sido las críticas vertidas contra el videoclip de “The Grand Conjuration”, ahora ya os podeis imaginar por donde iban los tiros de las tres preguntas.
Volviendo con “Deliverance” que fue el tema que nos devolvió a la realidad del mundanal ruido, dejandonos caer del cielo, el grupo estubo soberbio acabando totalmente clavados en el magnífico y progresivo riff final.
En otros shows de la gira europea habian interpretado antes de “Deliverance” el tema “Demon of the Fall” que no se interpretó en Barcelona, pero eso ya era lo de menos, la dosis de Opeth en estado lleno ya había sido inyectada en nuestros cuerpos de una forma sensacional.
A algunos no les gustó demasiado el set list, a lo que yo les añado, para mi todos los temas de Opeth son geniales, hubiesen tocado lo que hubiesen tocado, yo hubiese disfrutado de la misma manera.
Todo un espectáculo para los sentidos que se quedará grabado en la mente de todos los que asistimos durante mucho y mucho tiempo. Un rotundo diez.
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Fotos: Sergi Ramos













