Los festivales de verano en este país no son precisamente una maravilla. Pocas veces tienen continuidad y la mayoría de veces suelen construirse a base de grandes nombres rutilantes antes de cuidar aspectos básicos como accesos, sanitarios, servicios… Quienes hayan ido más allá de los Pirineos y hayan disfrutado de Wackens, Graspops, Hellfests o Sweden Rocks saben perfectamente de lo que estoy hablando. A pesar de todo, las cosas han ido mejorando, pero todavía, estamos muy lejos de los niveles europeos.
Como cada año florecerán muchos festivales dentro de nuestras fronteras, unos mejores que otros, con diferentes carteles y atractivos que tocan en lo personal, pero… Hay uno que es, para todos los que acudimos allí, el más especial: el Azkena Rock de Vitoria-Gasteiz. Ante todo, aviso y insisto, nadie me paga para escribir estas líneas, es sencillamente una opinión formada por los muchos veranos dedicados a la ruta de festivales. Posiblemente para el fan metálico el cartel del Azkena será muy poco atractivo, pero si a uno lo que le va es el rock en todas y cada una de sus vertientes: punk, heavy, rock and roll, rock sureño, blues… este festival es el paraíso.
Si llevan ya 10 años ininterrumpidos de trayectoria es porque las cosas funcionan tanto por parte de organización como de público. El gran secreto del festival es que la ciudad es pequeña y uno puede respirar por cada esquina de las calles de Vitoria que toda la urbe sabe que hay un festival, y toda la ciudad se vuelca en ello. En ciudades como Barcelona y Madrid apenas ves por sus calles a los rockeros vestidos para la ocasión. En Vitoria ese ambiente de festival es palpable en todo momento y hasta uno puede encontrarse a los músicos en los bares y charlar con ellos. Otro de los grandes puntos positivos es la proximidad del festival con el centro, y el poder comer la comida basca sin necesidad de pasar por el aro de los típicos bocadillos-chicle y frankfurts minimalistas que suelen copar la escasa oferta de los festivales.
Finalmente creo que otro de sus grandes logros es el de arriesgarse a traer bandas a las que pocas veces hemos visto por aquí. Rob Zombie, Cheap Trick, Gregg Allman, The Cult, Danzig o Brian Setzer cumplen para muchos el sueño de verles por vez primera. Seamos claros: la mayoría de festivales juegan al sota-caballo y rey, y a pesar de que es una fórmula perfecta y válida, si a uno le gusta ver bandas que pocas veces puede ver, no hace falta emigrar hacia Europa. En Gasteiz hay un festival excepcional que es para muchos, evidentemente me incluyo, una cita obligada.

