Es probable que, a lo largo de las últimas semanas, el huracán Rosalía haya pasado por delante de tu casa. Es probable que, incluso, te hayas parado a escucharla. Por Dios, es probable que incluso la hayas escuchado sin querer.

Personalmente, me había mantenido absolutamente al margen. Tenía demasiados discos de Stratovarius y Primal Fear sobre mi mesa como para pensar en escuchar música carente de doble bombo de manera voluntaria. La grandeza de trabajar en una web de metal.

Pero finalmente, ante la insistencia del cosmos, decidí ponerme a ello. Vamos a escuchar a la maldita Rosalía. Quizá fue un Instagram stories de los trabajadores de la promotora Madness Live escuchándola en su oficina. Quizá fue mi pareja insistiendo en que le diese una escucha. Daba igual lo que hiciese: podría haber estado yendo en camello por el desierto. Alguien me habría propuesto escuchar a Rosalía.

No solo es la maquinaria publicitaria

Más allá de lo evidente -que Sony Music está poniendo toda su maquinaria publicitaria en marcha para hacer que la artista alcance cotas de diva que trasciende géneros y estilos- la sorpresa de Rosalía no reside tanto en la maquinaria mediática que se ha construido a su alrededor sino en la manera en que ha sido capaz de unir géneros tan peleados como el trap, el pop comercial y el flamenco. Una mezcla hipnótica en su planteamiento que, por la propia construcción musical y rítmica del flamenco, se torna tan difícil de seguir que no puedes dejar de prestar atención para intentar adivinar por dónde va a continuar la canción que estás escuchando.

“El Mal Querer”, la obra magna de la artista catalana, es un compendio de inesperados giros que siempre consiguen sustentarse sobre una firme melodía que te trepana. La estética de sus videos y el trabajado storyline que siguen son igual de espectaculares. Una vez le dedicas cinco minutos, te atrapa, ni que sea por la magistral construcción de cada una de las canciones, donde la artista ha colaborado mano a mano con el reputado productor El Guincho.

Capturando la atención de todos

Lo realmente innovador es la manera en que este disco y el apasionado proceso de su concepción por parte de Rosalía han conseguido capturar la atención de todo el mundo. Más allá de la maquinaria publicitaria, estamos hablando de un trabajo musicalmente vanguardista que se adentra en territorios prácticamente desconocidos. Lo cual me lleva a pensar en cuanto tiempo hace que el metal o el rock duro, como géneros, no consiguen un efecto mediático ni popular ni remotamente similar.

Anclados en la complacencia de reiterar el pasado o de llevarlo a los extremos sin tener en cuenta la sensibilidad pop que hace que la música llegue a todo tipo de oídos con facilidad, el rock duro y el heavy metal se encuentran en un impasse compositivo desde hace muchos años donde la mayoría de las bandas sagradas son requeridas por los fans para revivir su pasado y las bandas nuevas no consiguen tirón mediático. Incluso un grupo como Ghost, tan cacareado en el último año, está consiguiendo llegar a la gente con un batiburrillo de géneros ya maduros -sea el hard rock ochentero o el occult rock setentero- a los que se le ha aportado una estética e historia interesantes. Tan solo el metal progresivo contiene elementos de vanguardia suficientes (ahí están Haken, Between the Buried And Me, Ulver o Textures entre otros) pero falla miserablemente a la hora de conectar con el gran público.

Rosalía Slipknot

Escuchar un disco de Rosalía no es fácil: es musicalmente denso y estructuralmente truculento, pero conecta emocionalmente a gran escala con personas de gustos muy distintos. ¿Cuando fue la última vez que eso pasó en el metal? ¿Evanescence? ¿Linkin Park? ¿Rammstein? ¿System O A Down? Es decir, las bandas que ahora celebramos como revival generacional en un Download Festival veinte años después de su aparición como síntoma de progreso y renovación porque, claro, las bandas que llevan cuarenta años de trayectoria son muy antiguas y deben dejar paso a los ‘nuevos’.

Es hora de pensar en un cambio

El metal y el rock duro son géneros tan teóricamente libres de ataduras, según su planteamiento y actitud rebeldes, que sorprende el apoltronamiento que sufren la mayoría de sus artistas -tanto los nuevos como las vacas sagradas. Si Rosalía ha sido capaz de revolucionar un mundo tan intrínsecamente estático y tradicional como el de flamenco dotándolo de cruces estilísticos impensables hasta la fecha, quizá los grupos que están ahora en el local de ensayo deberían comenzar a pensar que no sirve copiar a Lamb of God, a Meshuggah, a Pantera, a Dream Theater ni a Judas Priest. Es momento de un progreso musical real por parte de géneros que tienen a algunos de los mejores compositores e instrumentistas de la música moderna. O una vez desaparezcan los grandes monstruos mediáticos que llenan festivales y grandes recintos la pervivencia del estilo queda en entredicho.

Sergi Ramos