El líder de Extremoduro abandona el escenario por última vez.
La madrugada de este martes se ha llevado a una de las figuras más esenciales del rock en español. Roberto Iniesta Ojea, conocido artísticamente como Robe, ha fallecido a los 63 años, según confirmó su equipo en un comunicado oficial: “Hoy día 10 de diciembre de 2025, nos toca escribir la nota de prensa más triste de nuestra vida”.
La noticia ha provocado una oleada de reacciones en el mundo de la música, la cultura y la política, mientras se multiplican los homenajes espontáneos en Plasencia, su ciudad natal.
Aún no se ha hecho pública la causa de la muerte, aunque Robe canceló su gira en 2024 tras sufrir un tromboembolismo pulmonar. Su salud, desde entonces, le había mantenido en un segundo plano.
De las calles de Plasencia al Olimpo del rock
Robe nació en 1962 y como tantos otros artistas de barrio, empezó desde abajo. Tras dejar los estudios, trabajó con su padre y vendió chucherías antes de encontrar en la música su camino. A los veinte años comenzó a escribir canciones y fundó su primer grupo, Dosis Letal.
Pero fue en 1987 cuando su vida cambió al crear Extremoduro, una banda que revolucionó el rock estatal con su estilo crudo, directo, poético y rabiosamente honesto. Grabaron su primera maqueta gracias a un sistema de preventa pionero, vendiendo boletos a mil pesetas por una copia que aún no existía.
El resultado fue Rock Transgresivo, una declaración de intenciones que marcó el rumbo de toda una generación. Años más tarde, llegarían álbumes clave como Agíla (1996), con el que alcanzaron la fama masiva.
Una vida al margen de las reglas
A lo largo de su carrera, Robe hizo de la independencia su bandera. Rechazó las fórmulas de la industria y se entregó por completo a su arte. En 2009 publicó su primera novela, El viaje íntimo de la locura, demostrando que su talento no tenía fronteras.
En 2015 emprendió una etapa en solitario con el disco Lo que aletea en nuestras cabezas, al que siguieron trabajos como Destrozares o Mayéutica. Su último álbum, Se nos lleva el aire, se publicó en diciembre de 2023 y fue acompañado por una gira en 2024 titulada Ni santos ni inocentes.
Durante estos últimos años, Robe fue también objeto de reconocimiento institucional. En 2024 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, fue declarado hijo predilecto de Plasencia y su música acompañó una campaña del Museo del Prado.
“Como buen filósofo nos has enseñado a pensar. Como jefe, el más exigente… pero siempre justo y generoso con quien es leal”, escribió su equipo esta mañana.

El poeta de la calle que conectó con millones
A diferencia de muchas estrellas del rock, Robe nunca se distanció de la calle. Sus letras abordaban el dolor, la locura, la rebeldía y la ternura con una mezcla de crudeza y lirismo que descolocó a la crítica y enamoró al público.
Canciones como Ama, ama, ama y ensancha el alma, Jesucristo García o La vereda de la puerta de atrás son ya parte del ADN cultural de varias generaciones.
Más allá de su música, Robe fue un referente social. Promovió causas ecológicas, defendió la educación pública y apoyó a ONG. En sus últimas entrevistas, incluso se llegó a plantear su candidatura al Premio Cervantes, por su “poesía transgresiva y su espíritu dionisíaco”.
El comunicado que ha anunciado su muerte no es solo una nota informativa. Es, prácticaente, una carta de amor:
“El público le dio la vida y él se la dio a ellos. Gracias Robe, gracias maestro. Seguiremos siempre por el camino que nos has enseñado. ¡Al camino recto por el más torcido! ¡Vuela alto, hombre pájaro!”
En los próximos días, se celebrará un homenaje público en Plasencia. Allí, su gente —la que siempre lo acompañó— podrá decirle adiós con las guitarras encendidas y las letras en la garganta.


