- Fecha
- 12 de febrero de 2005
Han tenido que pasar tres años desde que J.C.Molina visitase por última vez Barcelona en la “presentación” de su último disco por aquel entonces titulado Réquiem. Lo de las comillas viene a cuento de que no tocaron absolutamente ningún tema de ese álbum ya que según Molina “no quiero que se me quede cara de gilipollas como a otros que salen por TV”, en fin, este Molina es mucho Molina.
Ironías aparte lo cierto es que Ñu ni muchísimo menos está pasando por el mejor momento de su carrera a nivel de popularidad y la verdad que congregar a unas 250 personas en una ciudad como Barcelona no es motivo de satisfacción… ¿o si?, depende del prisma con el que se mire.
La sala Metal Zone esa noche dio asilo a un público compuesto por tres generaciones de seguidores, aunque la balanza se decantase claramente por una media ya veterana. ¿Gente joven? Por supuesto que también había, pero en bastante menor medida, y en cierta manera es toda una lástima que muchos iniciados en el rock de este país no se atrevan a indagar en una de las bandas más importantes que ha dado nuestro rock. Me pregunto yo ¿Dónde están los seguidores de Avalanch, Saratoga, Mägo de Oz, Warcry y demás cuando estos si llenan salas? Aunque pensándolo bien no creo que haya que dramatizar tanto puesto que yo tampoco veo a esos veteranos en conciertos de nuevas bandas, así que lo dejaremos en un empate y llegaremos a la conclusión de que cada cosa tiene su momento.
Después de esta introducción que espero que invite a reflexionar tanto a unos como a otros es hora de ir al grano y contar lo que presenciamos en una noche bien cargadita de buen rock.
Pasadas las 00:30 de la noche salían a escena Ñu con una formación un tanto diferente a su última visita. La ausencia más destacable era no ver a Jorge Calvo en las filas de Ñu, y a un clásico como Manuel Arias encargarse de las guitarras en un trabajo espléndido el suyo durante toda la noche. Gorka Alegre y Javier Arnaiz se encargan de construir toda la base rítmica del grupo y al frente nuestro querido Molina tocándolo todo y más, incluyendo guitarra, flauta, mandolina y teclado, para no aburrirse.
El estado de forma actual de Ñu es envidiable y el buen hacer de cada uno de sus músicos para quitarse el sombrero, construyendo una actuación que además gozó del mejor sonido que nunca haya tenido Metal Zone (con diferencia además) y que hizo que temas como Animales Sueltos, Manicomio o cortes de su último álbum representado por Te Seguiré, Mono, Tormenta de pasión y Títeres sonasen casi casi de verdadero lujo.
Un Molina sorprendentemente callado entre tema y tema y muy concentrado en ejecutar a la perfección sus labores de multiinstrumentista hizo que temas como No hay ningún loco, El juglar y La granja del loco cerrasen un inicio fantástico.
Y es que no debe de ser nada fácil componer un setlist en el cual uno no se deje temas tan importantes en una carrera de discos sobresalientes. Tocaba Correr hizo que la sala entera se pusiera a acompañar a las voces a la banda, Pícaro sirvió para que la comunicación entre Molina y el público llegase a un buen clímax, Cuatro Gatos y Robin Hood siguieron con un recital que no tuvo representación alguna del álbum Réquiem (¿para que se grabó este disco?) y con Ella y El Tren Azul pusieron en pie al respetable. No faltaron temas como Destierro ni El flautista, el cual nos llevó al bis de la noche con Más duro que nunca, después de algún guiño del señor Arias a unos australianos familiares para todos.
En conclusión, un conciertazo en toda regla que lástima no alargasen unos tres o cuatro temas más, pero que se les perdonará si no tardan otros 3 años en volver a Barcelona. Por cierto, se está preparando un DVD y un nuevo disco de la banda, aunque J.C.Molina aún no sabe con que discográfica editará todo este nuevo material, pero todo esto nos alegra porque sabemos que aún nos queda Ñu para unos cuantos años más.
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Fotos: Marruan Anaboussi

























