Rock y metal en español · desde 2002
The Metal Circus
Live

MARILLION

7
Fecha
20 de noviembre de 2004

Mi querido y bienamado Javi Metal ya ha tenido suficiente ración de MARILLION este año. Para los que no lo recordéis nos marcamos un acústico de esos que a uno se le escapa el pipí en nuestro programa de radio, Electric Circus, con los señores de MARILLION y por ende, se han convertido, como PRIDE OF LIONS, en una banda por la que tengo una especial simpatía, ya que los he visto como ensayan, como se entregan y como lo dan todo a escasos centímetros de distancia. En las distancias cortas es donde una gran banda se la juega…Y MARILLION siempre han salido victoriosos ante mis ojos. He tenido posibilidad de entrevistarles cuatro veces en este pasado año, y de verles en directo un par de veces y solo me resta decir que son la profesionalidad personificada. Todo a tiempo, bien hecho, con ganas, y sin un solo error.

Entiendo que la legión de seguidores que adoran a MARILLION sea tan numerosa y dedicada. Son una de esas bandas que realmente agradece el trato con los fans y que se acercan a ellos sin miedo para que lo que les transmiten con su música cobre un significado aún mayor en sus vidas. Sin embargo, en ésta última ocasión note a una banda algo cansada y un poco hartos unos de otros. Recién llegados de una extenuante gira americana, es más que comprensible que Steve Hogarth, Steve Rothery y Pete Trewavas deseen no verse en un par de meses. Además, Steve Hogarth parecía encontrarse bajo la influencia de alguna sustancia, aunque simplemente fue mi impresión (no lo estoy acusando de absolutamente nada). Trewavas y Rothery se miraban cuando Hogarth comenzaba sus largos discursos sobre su infancia, la poesía o el precio de los tomates, casi compadeciendose con la mirada de las parrafadas que estaba soltando el vocalista a un público que hacia esfuerzos por entenderle y reirle alguna que otra gracia. Sin embargo, sigo creyendo que una aparición repentina del Señor Mojón para secuestrar a Hogarth podria haber sido lo mejor que hubiera sucedido esa noche.

Pues si, me dejaron frio. Y fue culpa de Hogarth, que lo noté raro. Hasta mi buen amigo Rolo admitía que estaba algo raro el vocalista, pero diantres, peguense ustedes giras de muchos meses y a ver si mantienen el carácter igual de pomposo y felizón. Aceptamos barco, va…

El susodicho fue el primero que apareció en escena para interpretar solito con su teclado “Cover My Eyes” de manera muy emotiva. La expresividad facial de H cuando canta es algo digno de estudio. Si fuera David Coverdale el que hiciera esos gestos, estaríamos hablando de liftings saltando a diestro y siniestro por la sala, pero como es Hogarth pues nada, queda bien y todo. La verdad es que los primeros temas fueron increíbles, siguiendo con “Marbles I” y mi favorito de su nuevo disco: “Don’t Hurt Yourself”. Fue a partir de ahí que Hogarth comenzó a alargarse hasta el punto de darse cuenta el solo y mandarse callar a sí mismo para poder empezar un tema. Hubo momentos de complicidad, como cuando miró a Pete y dijo “y ahora Pete os va a explicar un chiste” ante lo cual Trewavas se quedó con cara de pánico escenico y se negó a explicar ningún chiste.

“This Is The 21st Century” y el también nuevo “You’re Gone” dieron paso a una encantadora versión del “Hollow Man” con Hogarth solito con su piano sobre el escenario. Tras “Answering Machine”, el concierto recobró el ritmo con “Easter”, “80 Days”, y desde el “Season’s End”, “King of Sunset Town”. El final llegó con “Sugar Mice”, el cual fue reclamado casi por decreto por parte de un público deseoso de recuperar piezas de la historia más antigua de MARILLION.

Para el bis aparecieron Aziz y Dal, el guitarra y el percusionista que suelen acompañar a Hogarth en sus aventuras en solitario. Con ellos interpretaron un insultantemente bueno “Man of a Thousand Faces” y tras una interminable ronda de aplausos que tuvo su punto álgido con el regalo de una botella de champagne al presidente de su club de fans –Ivan Frauca-, sonó “Sugar Mice”, cerrando definitvamente la noche.

Bravo por los británicos, los cuales demostraron una vez más que valen su peso en oro y que no tienen rivales en lo que a feeling se refiere sobre el escenario. Sin embargo, ha sido un año demasiado intenso, y necesitan descansar una más que buena temporada.