Rock y metal en español · desde 2002
The Metal Circus
Live

JETHRO TULL

9
Fecha
11 de mayo de 2006

Primera aventura en la sala anexa del Palau Sant Jordi. Parece mentira que semejante espacio haya sido guardado casi “en secreto” durante los últimos años, cuando resulta ser un lugar excelente para ver conciertos (que no para organizarlos, me temo…). Se trata de una polivalente sala del tamaño de un par de canchas de basket (al estilo de un Palau de la Vall d’Hebró algo más reducido) donde cabe un escenario de dimensiones considerables y alrededor de cuatro mil personas de pie (siempre y cuando nos fiemos de la interpretación del espacio que puede hacer quien escribe). El sonido es excelente, mucho mejor que el de la Vall d’Hebró y la existencia de unas gradas en la parte izquierda de la sala hace el asunto bastante más relajado de lo habitual. También es cierto que se trataba de un concierto en el cual uno no espera ver demasiados puños en alto, ni alaridos gigantescos…nisiquiera Harleys sobre el escenario. La gente que asistió a ver el show de JETHRO TULL fue extremadamente civilizada, aunque cuando llegó el momento del final del show, todo el mundo perdió los estribos.

Con la ya comentada genial acústica, los ‘TULL salieron a escena alrededor de las 21.30 ante un aplauso generalizado por parte de los asistentes. Estaba claro que el show iba a ser más un “grandes exitos” que una muestra de experimentalismo. Doane Perry y Jonathan Noyce (batería y bajista) fueron los primeros en aparecer. Los más mayores del lugar, llamese Martin Barre y Andrew Giddings (guitarra y teclados) salieron poco después. Cuando Ian Anderson y su flauta hicieron acto de presencia, el júbilo de los asistentes era plenamente palpable.

El show dio comienzo con “Life’s a Long Song” y “Skating Away…”, antes de que “Living In The Past” y “Serenade to a Cuckoo” terminaran de poner a todo el mundo en su lugar. A esas alturas, Anderson ya había hecho uso de su mítica flauta en varias ocasiones, mostrando su juventud con una buena dosis de sus posturitas clásicas mientras toca dicho instrumento. Hasta algún salto pegó! Quienes esperaban ver a una pandilla de abuelos arrastrandose por el escenario con sus andadores se llevaron un buen chasco.

Con banda y público ya entrados en calor, sonaron multitud de clásicos que fueron recibidos como si de música celestial se tratara. Es extraño ver como un buen puñado de heavies flipaban con “Cross Eyed Mary”, un tema que más de uno aún creía que era propiedad de Iron Maiden. De todos modos, predominaba el público de treinta y muchos o cuarenta y tantos, aderezado con unos cuantos jovenzuelos que vivían su primera experiencia ‘Tull en condiciones.

Es notorio que, tras las reediciones y discos conmemorativos de pasados años, la cantidad de gente que se muestra devota de la flauta de Anderson ha aumentado considerablemente. En el concierto te podías encontrar a la clase de gente de la que uno piensa ‘¿qué demonios hace este tipo en un concierto de Jethro Tull?’. Curiosa experiencia la de ver a toda una família al completo disfrutando de canciones como “Aqualung”, “Cheerio” o el medley de piezas clásicas que la banda realizó al borde de la recta final del concierto.

De cara a los bises, el público se levantó de sus asientos y se encaminó hacia el escenario, mientras los miembros del equipo de seguridad intentaban frenar a todo el mundo de acercarse y hacer fotos. En el recinto no había una valla de contención de las que son típicas en cualquier concierto, dado que no era un show de metal pesado con cierto riesgo de que algún individuo decida trepar y subirse al escenario. Pero, cuando sono “Locomotive Breath” no hubo manera de frenar a la marea humana que, entregada a la pasión guitarrera de Martin Barre y la genialidad de Ian Anderson, decidió intentar conseguir una púa, una foto o simplemente contemplar de cerca una de las bandas más míticas de la historia del rock, del progresivo, o de cualquier género en el que se les quiera encasillar. Todos son igual de validos.