- Fecha
- 22 de febrero de 2012
- Sala
- Apolo 2
- Ciudad
- Barcelona
- Público
- 300 personas
Milagro. Así podemos calificar el hecho de que los Iron Butterly, 1, sigan tocando, y 2, vengan a tu ciudad. Ni se me había ocurrido en la vida llegar a ver en directo a esta banda que tocó el cielo en 1968 con la pieza apoteósica y monumental “In A Gadda Da Vida”. Pero están de gira, aunque no es una gira muy habitual, pues las tres fechas hispanas incluyen las Islas Canarias y Barcelona. Para sorpresa de todos la entrada fue más que buena, similar a la que hubo con The Answer, así que parece que el nombre de Iron Butterfly sigue bastante vivo. Hay que decir de ellos que Los Simpson les han homenajeado en el capítulo que Bart cambia las canciones de la iglesia por su tema más emblemático, que Blind Guardian o Slayer les han versionado, o que con su segundo disco se creó el disco de platino, pues fueron la primera banda de la historia en alcanzar un millón de discos vendidos. No todo ha sido tan bonito en su larga trayectoria pues el grupo se peleó antes de tocar en Woodstock. Quizá las cosas hubieran sido mejores para ellos, pero está claro que tras “Ball” el éxito se esfumó.
Son uno de los grupos que ayudaron más a crear el concepto de metal. No hay que olvidar que su primer disco se tituló “Heavy”. De la formación clásica sólo quedan Lee Dorman al bajo y las voces (69 años) y Ron Bushy (67 años) a la batería. Pero las piezas claves de la banda son el teclista Martin Gerchwitz y el genial guitarrista Chas Marinkovich (espectacular voz). Entre todos tiran adelante esta leyenda de la música oscura, épica pesada y sobretodo… especial. Su sonido es único. Sí que hay rastros de los Doors especialmente en los teclados, riffs vigorosos a lo Black Sabbath, pero la psicodelia es la base, y se nota que son hijos de ese fin de década.
La mariposa de hierro empezó puntual, con una imagen dura. Lee entro apoyado en un roadie, haciendo el trenecito y con dificultades al andar. Lo sentaron y le colocaron su bajo, al más puro estilo Johnny Winter. Todo fue silencio y respeto. Demasiado… hasta que el propio Lee bromeó: “¿¡Silensio?! La gente estuvo receptiva y calmada en la larga intro instrumental y en “In the Time of Our Lives”. Esos coros alucinantes llenaron toda la sala. Lee situaba cada tema en el especio tiempo, y nos contaba las anécdotas de cuando surgieron los temas. Esta iba dedicada a un amigo que falleció en una curva cuando el grupo empezaba. Las voces principales se iban turnando, y tras la genial “Stone Believer” (hubo varios problemas de coordinación a la hora de empezar hicieron sonar la clásica “Flowers and Beads”. Un tema muy definitorio de ese momento, el fin de la era hippie y con mucho ácido bañando la canción. A partir de entonces todo funcionó y la gente se entregó de lo lindo.
Lee nos dijo, como preámbulo de “Easy Rider”, que España poseía grandes motoristas. Gran pedazo de historia. Cabe subrayar el gran sonido de la sala. No podemos decir lo mismo del merchandising, una única camiseta a un solo color. Enormes “Inconscious Power” y “Butterfly Blue”, que fue empalmada con un solazo de Chas. Este tipo es la clave en el grupo, canta como los ángeles. Para finalizar Lee nos contó lo que supuso para el grupo “In A Gadda Da Vida” y Martin tocó la Tocatta y fuga” de Bach como introducción al tema. Quedó claro que en su día el grupo se inspiró en ella para parir uno de los riffs más impresionantes de la historia de la música. Para un servidor este tema es el “O Fortuna” (Carl Orff) del rock. Evidentemente los 19 minutos fueron alargados con el solo de batería de rigor. Pero cuando volvía el tema y sonaba la parte clásica la sala se venía abajo. Es un momento de directo digno de ser vivido. Ese tema es realmente especial, y su intro a teclado es extraterrestre. Esperábamos le final con “Are You Happy” pero nos quedaríamos con las ganas. Hora y media de historia viva del rock y puro disfrute.
La mayoría de los presentes tenían claras dos cosas. Una, que posiblemente nunca más les vamos a volver a ver, y dos, que fue mucho mejor de lo que esperábamos. Hay que sacarse el sombrero ante la formación actual del grupo y reivindicarles, ya no como pioneros, sino como banda activa. Había que estar allí, y creo que todo aquél que asistió al menor de los Apolos salió con una amplia sonrisa, y llegó a casa tarareando el “In A Gadda Da Vida”. Nada más levantarme la volví a hacer sonar para ponerme de buen humor. Hay temas mágicos y especiales, y este es uno, pero no hay que dejar que ese corte tape a su legado, variado, duro, épico y psicodélico. ¡Gran noche de miércoles!
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Fotos: Sergi Ramos






