Desde hace un tiempo, los shows de Barón Rojo se han convertido en una experiencia que no es, digamos, muy excitante. Hay una premisa básica que los barones deberían saber ya: hay que dejar al público con ganas de más. Cuando uno sale de un show de Barón Rojo tiene la sensación de que con cinco o seis canciones menos la cosa habría sido mucho más compacta y entretenida. Ya sucedió en su poco estelar show de reunión en el Metalway de Zaragoza del 2009: tocaron tanto que hasta que no vino la Policía pidiendo que se acabase el concierto porque era demasiado tarde, no pararon. Llevaban casi tres horas en marcha. La ocasión lo merecía, si, pero quizá era un poco demasiado…

Desde hace un tiempo, los shows de Barón Rojo se han convertido en una experiencia que no es, digamos, muy excitante. Hay una premisa básica que los barones deberían saber ya: hay que dejar al público con ganas de más. Cuando uno sale de un show de Barón Rojo tiene la sensación de que con cinco o seis canciones menos la cosa habría sido mucho más compacta y entretenida. Ya sucedió en su poco estelar show de reunión en el Metalway de Zaragoza del 2009: tocaron tanto que hasta que no vino la Policía pidiendo que se acabase el concierto porque era demasiado tarde, no pararon. Llevaban casi tres horas en marcha. La ocasión lo merecía, si, pero quizá era un poco demasiado…

En su presentación en Barcelona, una ciudad que visitan con frecuencia habitual, la banda optó por hacer un show de más de dos horas, cosa que en una abarrotada sala no termina de ser una experiencia óptima. Teniendo en cuenta que la voz de Carlos de Castro no aguanta demasiado bien las embestidas del tiempo y que los barones tampoco son unos magos del juego escénico, al final uno lo único que puede hacer es beber cerveza y dejarse llevar por la magia de los himnos de antaño. Es ahí donde reside el verdadero valor de Barón Rojo: tienen una catálogo de canciones envidiables, pero creo que todos sabemos que no es necesario explotar todas y cada una de ellas en los directos. En un concierto de rock, todo lo que pase de hora y media minutos es pura indulgencia. Salvo para Pink Floyd, a los cuales se les permite.

Al final, lo que es innegable es que la lírica de los Barones es su punto fuerte. Que Carlos cante justito y que no empleen demasiados ánimos sobre las tablas, excepto un currante Armando de Castro que nunca para quieto, no ayuda a meterse en el bolo. Al final el concierto lo sostienen siempre los estribillos míticos, que hubo muchos. El inicio de “El Pedal / Al Final Perderán” fue perfecto, así como el primer tramo con “Incomunicación”, “Anda Suelto Satanás”, “Las Flores del Mal” o “Larga Vida al Rock N Roll”. Pero cuando se van a por material menos habitual como “La Voz de Su Amo” se resiente un poco la reacción del público. Habiendo tenido a sus míticos rivales de los ’80 OBÚS en esa misma sala semanas antes, era fácil establecer comparaciones. La entrega del público en uno y otro concierto fue muy distinta, y eso que los barones metieron a bastante más gente, unas 450 personas, agotando entradas días antes del show. Pero el nivel de energía fue muy inconstante.

Otra cosa que está clara es que “Volumen Brutal” sigue siendo la columna vertebral de cualquier show de la banda, como no puede ser de otra manera, con un montón de temas infaltables recordándonos la época más gloriosa de la banda. Pero nunca se resisten a explorar su época menos mediática, explorando temas como “El Enemigo a Abatir” o “Hijos del Blues” del “Desafío”.

Como decía, las canciones son míticas, musicalmente la banda suena bien ensayada…pero el nivel energía que viene del escenario es escaso. Transmiten poco y aunque pueden seguir viviendo de las rentas, uno tiene la sensación de que se están disolviendo sobre el escenario. Eso si, cuando sonó “Resistiré”, la sala se vino abajo.

Sergi Ramos

Promotor:Thruman Producciones

Día:2014-02-22

Hora:21:30

Sala:Bóveda

Ciudad:Barcelona

Puntuación:5