- Fecha
- 19 de mayo de 2005
Desde luego la historia de estos chicos no es nada común. Todavía recuerdo el día en el que vi aparecer aquel “Plays Metallica by Four Cellos”. Aunque aquello me pareció una buena idea para los curiosos y los sibaritas lo cierto es que no logró llamar especialmente mi atención. Una propuesta algo vacía y carente de interés más allá de la anécdota para alguien que ama el rock duro. A partir de ahí fueron cayendo nuevas obras de estudio de impecable factura pero de discutible pegada, donde las versiones todavía tenían cabida, pero a título personal no fue hasta “Reflections” que volvieron a interesarme como banda. Composiciones ya algo musculosas, en gran parte gracias a la inclusión de partes de batería por cortesía de Dave Lombardo de SLAYER, nos mostraron a unos APOCALYPTICA que no querían conformarse con lo que ya tenían y que comenzaban a levantar el vuelo como banda de heavy metal a golpe de cello. De hecho, si he de sincerarme, no ha sido hasta su última obra de estudio cuando he podido pensar “ahora sí”. Es en “Apocalyptica” donde podemos encontrarnos ya a un grupo con pegada y con composiciones que por fin enganchan, dentro de las premisas que maneja el grupo, por supuesto, pues, sin ir más lejos, una formación que no cuente con un cantante entre sus filas nunca se podrá tachar de comercial. Qué mejor ocasión que la presentación de este disco como excusa para acercarse a la poco aprovechada sala Apolo de Barcelona a pegarse un baño de refinada caña.
Con algo más de tiempo y en mejores condiciones de las que los pudimos ver en el festival Metal Manía ahora hará dos años, los finlandeses llegaban a Barcelona sin COILBOX, telonero anunciado que finalmente sólo abrió para la banda en la actuación en Madrid. Con una sala que para mí sorpresa se encontraba llena a reventar salieron los señores y sus cellos a escena para golpearnos de entrada con un “Path” que sirvió para que todos nos pusiéramos el chip y mediante un inicio devastador no echáramos en falta la voz de Sandra Nassic (GUANO APES), la cual prestara en el pasado sus cuerdas vocales para la grabación de una segunda versión de este tema que abría el “Cult”.
A diferencia del concierto de Madrid en esta misma gira, tan sólo Paavo Lotjonen y Antero Manninen aparecieron sentados en sendas estructuras metálicas a modo de tronos, con una calavera semblante a la de la portada del “Cult” trazada en el respaldo, siendo ellos las dos personas que cerraban el semicírculo sobre el escenario. Aunque la formación actual está compuesta de tres miembros como ya he puntualizado antes para las giras se siguen haciendo acompañar del señor Antero, que formó parte del grupo durante los dos primeros discos. Y, para acallar posibles rumores, ya os comento que a pesar de las gafas de sol, los movimientos extraños y del hecho que sea el único que no se mueve de su asiento en toda la actuación NO es ciego. En las giras el susodicho cumple el papel opuesto al que cumpliría Eicca Toppinen: serenidad, seriedad y conservación de las formalidades de corte más clásico que se les podrían suponer a una banda que tiene entre manos nada más que unos cellos.
Con el segundo tema, “Master Of Puppets” se pudo comprobar lo inevitable: a los fineses todavía les quedan editar unos cuantos discos magistrales con composiciones propias para que las versiones de los de San Francisco no sean las más coreadas de la noche con diferencia. Lo de “grupo de versiones de METALLICA con violines” es un sambenito del que ya nunca se podrán librar, y a buen seguro que Eicca y compañía son conscientes de ello, pues la sombra de Hetfield y compañía es alargada… y mastodóntica. Versiones a las que, por cierto, han acertado en dar un nuevo punto de vista con la aportación de las líneas de batería, que ayudan a dotar a las composiciones del ritmo trepidante del que adolecían en el pasado. Evidentemente estas nuevas percusiones no son omnipresentes y tan sólo son aportadas a los temas que más lo reclaman, a los temas con más garra, dejando que en el resto sea el sonido de las cuerdas el que se lleve el total protagonismo. Asimismo, cabe reconocer la certera pegada del batería del que se hacen acompañar, Mikko Siren, que si bien no es Dave Lombardo reinterpreta sus partes con una técnica fuera de toda duda.
Y es que hay que tener pelotas para enfrentarse de esta guisa a trabucazos como “Fight Fire With Fire” (posiblemente el tema más cañero de METALLICA) y transmitir la potencia y rabia suficiente como para que todo el público de la parte delantera estalle en una eclosión de headbanging que no sólo venga motivada por la evocación de dicho tema sino por la fuerza escénica que logran plasmar estos chicos. “Somewhere About Nothing” es una de esas canciones que si suenan como han de sonar transmiten una carga de emotividad de lo más válida… Afortunadamente el sonido de la sala, sin ser impoluto, estaba acompañando, hecho que nos permitió disfrutar de composiciones como esta en gran parte de su plenitud. Tras la triste y sosegada “Farewell” a modo de tremenda balada, llegaría el turno de la acertadísima “Quutamo”. Lo cierto es que me encantó la versión de esta misma canción que la banda incluyó a modo de “hidden track” en su último disco cantada en francés por Manu de DOLLY, pues más allá de la calidad del tema esta colaboración le daba un enfoque totalmente romántico y sensual que consiguió cautivarme, por lo cual no puedo negar que eché un poco de menos dichas partes vocales en su ejecución en directo, muy a pesar de que la canción original es tal y cómo la interpretaron.
En cambio, no eché tanto de menos las voces de Valo de HIM y de Lauri de THE RASMUS cuando llegó el momento de “Bittersweet”, pues aunque reconozco que ambos introducen matices bastante interesantes en el disco, me quedo antes con la colaboración más cañera que hace Lauri solo en el primer tema del álbum, “Life Burns”, canción cuyas líneas vocales, si no recuerdo mal, fueron reproducidas en mayor o menos medida por unos de los cellos, aspecto a señalar y que resultó vital para que no quedara tan vacía.
Respecto al resto de temas, destacar un “Nothing Else Matters” cantado por el público, aunque de forma no tan impactante cómo hemos podido ver en otras ocasiones, y un “Betrayal” salvaje (la canción más trallera de APOCALYPTICA), en la cual pocos pudimos dar crédito a la que estaban liando esta gente, muy bien comandados en esta ocasión por Mikko desde su kit de batería. Asimismo también impactó sobremanera la fidedigna reproducción del solo del “Seek&Destroy”, con un baile de cuerdas digno de cualquier virtuoso de la guitarra. Por si no fuera poco, no tardaron mucho en aparecer los ya míticos paseos de Eicca por el escenario violonchelo en mano, que no dudó en acercarse más de una vez al público para animar o bien tocar desde cualquier sitio del escenario que fuera propicio para ello. De hecho, en uno de los temas decidió dejar su instrumento de lado para subirse a la tarima y acabar golpeando los platos de la batería de Mikkolápiz (lo siento, no me he podido aguantar, es que encímale chaval es delgadito…).
Paavo también se encargó de gritar a la concurrencia y animar a dar palmas siempre que tenía la oportunidad de separar las manos con su instrumento, pero son Eicca y Perttu los que se encargan de cargar algo más con la batuta y de dar la cara a la hora de dirigirse al público entre tema y tema.
Tras la interpretación de otros tantos cortes entre los que se encontraban el “Refuse/Resist” de SEPULTURA (con la voz de Max volviendo a ser insinuada con algunas líneas de cello), “Inquisition Symphony” o un vitoreado “Enter Sandman”, los finlandeses pondrían el broche de oro al show con el tema “Hall of the Mountain King”, tema del compositor noruego Edward Grieg, la primera pieza estrictamente clásica en pasar por las manos de la banda, perteneciente al disco “Cult”, que se encargaron de ir acelerando hasta desembocar en una greguería sónica tan notable como increíble.
Tras agradecer con sinceridad y entusiasmo el gran apoyo prestado por el público en todo momento, los componentes se despedirían por la puerta grande. Quién lo iba a decir quince años atrás: cuatro tíos con violonchelos desapareciendo del escenario entre los vítores de una masa de peludos enfervorecida tras haber perpetrado una descarga de heavy metal…
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Fotos: Penumbra












